Qué difícil es sostener las transformaciones culturales, cuando la estructura de dominación que se busca erradicar es el patriarcado. El “mayo feminista del 2018” y el movimiento internacional de mujeres frente al acoso y abuso sexual, nos hizo pensar que la credibilidad de los hombres que ejercían violencia de género contra las mujeres, que la acción de culpar a las víctimas y finalmente los contextos de complicidad e impunidad frente a la violencia machista, estaban en retirada.

Se había logrado establecer -por si a alguien le cabían dudas después de todas las convenciones y estándares del derecho internacional de los derechos humanos – que la violencia de género contra las mujeres era un problema social y político, y que las comunidades, las instituciones y los estados debían hacerse cargo.

Las jóvenes en Chile levantaron con fuerza una demanda histórica del movimiento feminista y de mujeres: educación no sexista para una sociedad cuyo estándar en materia de derechos humanos es la igualdad y la no discriminación, donde el deber del Estado es reconocer a las personas en toda su dignidad.

Sin embargo, el patriarcado se las arregla para que nada cambie.  El relato que ha acompañado la violencia de género contra las mujeres ejercida por sacerdotes, que hemos conocido públicamente durante estas últimas semanas, evidencia un problema que las feministas -particularmente comunicadoras feministas que hacen seguimiento a los medios de comunicación- hemos denunciado por años: las representaciones sociales que se construyen en torno al agresor y el carácter de la violencia refuerzan la naturalización y normalización de la violencia machista; principal dispositivo de control y reproducción del patriarcado.

Renato Poblete no era una bestia, no era un ser “picado de la araña”, no era un ser sin control, no era un ser “con debilidades”. La violencia que ejerció contra sus víctimas, generó un quiebre irreparable en ellas. Sin embargo algunos sacerdotes y ex sacerdotes de su institución (con mucha influencia para ser entrevistados por uno de los principales medios de comunicación del país) justifican, trivializan y minimizan algunas de estas manifestaciones.

Cada una de las violencias ejercidas por Renato Poblete dan cuenta de un hombre patriarcal, con plena conciencia de su poder y que lo ejerció para quebrar de manera sistemática la voluntad de sus víctimas. Renato Poblete fue un delincuente que actuó bajo el silencio y la acción cómplice de otros hombres que lo rodeaban. Fue un criminal que contó con un contexto ideal, con una institución que no dio credibilidad a la voz de la víctimas y que no quiso ver la gravedad de la violencia oportunamente.

Cuánta indignación nos genera una sociedad que a través del uso de ciertas representaciones sociales busca que sigamos tolerando la violencia de género contra las mujeres. ¿Son conscientes del daño que causan sus “reflexiones” en las víctimas de Poblete, en aquellas que aún no denuncian y en todas las mujeres que podemos ser víctimas de la violencia machista? ¿Cómo construir otro sentido común en una institución patriarcal como la Iglesia Católica, si insisten en decir “no vi nada”, “tenía algunas debilidades” “debió haberse controlado más”, “si hubiesemos sabido de los abortos… (forzados)”, como si las otras manifestaciones no importaran?. Cuánto daño hacen a las víctimas y a toda la reflexión que se ha logrado levantar por décadas sobre la violencia de género contra las mujeres como un continuo. Cuánto daño hacen a los hombres que hoy están siendo educados sobre la relevancia del consentimiento y lo fundamental que es ver a las mujeres en toda su dignidad, como personas con voluntad que ellos no deben quebrantar.

No cabe duda que han dejado caer a la figura de Renato Poblete. Sin embargo, las ideas que circulan en torno a la violencia que él ejerció, no permiten erradicar el patriarcado que está ferozmente enquistado en los imaginarios que se producen y reproducen desde el poder de la iglesia.  Como siempre, estaremos atentas y vigilantes para seguir denunciando al patriarcado y a sus cómplices.  Señores, si no son capaces de decir públicamente algo que fortalezca la voz de quienes sobreviven y fragilice en algo al patriarcado, guarden silencio y paren de normalizar y naturalizar la violencia machista.


Socióloga feminista