En el marco del proyecto regional “Fes-minismos – ¡El futuro es feminista!”, de la Fundación Friedrich Ebert (FES), un amplio grupo de mujeres activistas de América Latina y El Caribe se reunieron en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) para participar de un taller que tiene por objetivo pensar la economía feminista, formulando alternativas ante el actual sistema capitalista de acuerdo a sus necesidades y reflexiones.

Activistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Venezuela, República Dominicana, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Bolivia, iniciaron el evento realizando un diagnóstico sobre temas de preocupación prioritaria: resistencia al extractivismo, autonomía física de las mujeres, trabajo y reformas, política fiscal desde la economía feminista, así como las tareas del cuidado y procesos de reproducción social, son algunos de los tópicos abordados por las mujeres en sus grupos de trabajo, que fueron conformados en noviembre del año pasado, en el primer taller del futuro realizado en Santiago de Chile.

“Actualmente, en toda la región hay impuestos sexistas para algunos productos como las toallas sanitarias, también los impuestos rosas, que es una diferenciación en el precio de algunas cosas que son sólo para chicas”, señaló Aris Balbuena, académica e investigadora de República Dominicana.

En este escenario, las mujeres se han propuesto generar insumos y herramientas para hacer propuestas que apunten a una política fiscal justa desde la economía feminista, considerando la transversalidad del diagnóstico: “En todos los países hay IVA pleno a los tampones y toallas, a excepción de Colombia, por la movilización que hicimos”, contó la joven economista Natalia Moreno, quien fue una de las promotoras de la campaña “Menstruación libre de impuestos” en el país cafetero, que en 2018 los convirtió en los primeros país en la región en retirar el impuesto agregado a toallas higiénicas y tampones.

La profundización de reformas laborales que afectan a las mujeres a lo largo de sus vidas es otro tema a tratar por las feministas, quienes pretenden realizar un diagnóstico de la situación de cada país y visibilizar los mitos de las propuestas fiscales, que en ocasiones profundizan las brechas de género en lugar de disminuir las diferencias respecto a los trabajadores varones.

A la vez, un grupo dedicado a analizar la economía del cuidado busca relevar la importancia de este tema en la reproducción social y visibilizar la crisis que actualmente se vive a raíz del ingreso cada vez más mayoritario de las mujeres al mundo laboral y ante la demanda creciente de corresponsabilidad en este tipo de tareas, que históricamente han recaído exclusivamente en ellas sin ningún tipo de remuneración.

En este sentido, la periodista chilena y militante del Frente Amplio, Javiera Vallejo, recalcó que se han propuesto “generar lineamientos que en la región puedan incidir en el diseño y creación de políticas públicas en nuestros países. Además, queremos visibilizar estrategias de resistencias que mujeres desarrollan en otros territorios al respecto”.

A juicio de las activistas, los cuidados no pueden entenderse fuera de un análisis de la economía política de la región, para lo que se necesario un enfoque feminista que apunte a la transformación cultural. “Es importante potenciar la corresponsabilidad de los cuidados, lo que requiere políticas públicas pero también desnaturalizar la feminización de estas tareas”, apuntó la investigadora y maestra cubana especializada en género y desarrollo, Ailynn Torres.

Alma Espino, economista: “La propuesta feminista desafía el orden del capitalismo”

La primera jornada del encuentro organizado por FES también contó con la presencia de la economista Alma Espino, investigadora de la Universidad de la República de Uruguay y autora de diversos estudios publicados en la región en relación al tema, quien realizó un interesante diagnóstico sobre la importancia de recuperar a la mujer como agente económico.

“La cuestión de las mujeres asociadas al rol reproductivo exclusivamente, desde el punto de vista simbólico, está relacionada con la sexualidad pero también con si las mujeres pueden participar o no en otros ámbitos y espacios. Porque si ese el principal, los otros son secundarios y van a estar condicionados”, reflexionó la académica.

A la vez, Espino recordó que lo más importante en las relaciones de género es considerar que como no son naturales y están construidas socialmente, pueden cambiar. Desde este lugar se sitúa el análisis de la economía feminista, que incorpora nociones antes omitidas por esta ciencia.

“El agente económico que estudia la disciplina es un individuo, que una no sabe si es blanco o negro, pero calcula que es blanco, que no sabes si indígena, pero imagina que es blanco, que no sabes si es hombre o mujer, pero todo da la impresión de que es un varón”, ironizó la economista.

La miembro de la International Association for Feminist Economics (IAFFE) señaló que “la decisión de ingresar al mercado laboral los hombres la toman cuando llegan a cierta edad, mientras que una mujer en cambio decide trabajar o no dependiendo de otros factores como son las tareas de cuidado. Muchas te dicen que no trabajan porque no les conviene, porque tienen que pagar mucho para poder salir. Cualquier mujer te lo dice y hace ese cálculo, los hombres no”.

En la misma línea, Alma Espino recordó que el trabajo en casa no es visible para la economía porque no tiene precio y no pasa por el mercado, pese a la relevancia que estas labores cumplen. A la vez, explicó que esta lógica implica un obstáculo para las mujeres a la hora de decidir sobre sus intereses y participación en todo ámbito.

“Si todas las actividades de cuidado las debemos realizar nosotras y no existen políticas o estrategias de corresponsabilidad, tengo una limitación práctica. Si quiero militar e ir a las reuniones del sindicato, ¿cómo lo hago? Mi capacidad de decidir qué quiero hacer se ve bastante coartada”, sostuvo.

La experta aclaró que la economía feminista es un paradigma en construcción, que debe ampliarse hasta alcanzar más perspectivas de acuerdo a las diferencias geográficas y culturales de las mujeres, considerando el desafío que implica al actual orden económico y social.

“La propuesta feminista desordena el sistema social porque desafía el orden del capitalismo y la sociedad. Cuestiona jerarquías y privilegios y por tanto, el núcleo económico”, precisó, añadiendo que “las desigualdades no son casuales, sino completamente funcionales al capitalismo”.

Por ello, Espino añadió que “si hay tanta virulencia contra las feministas es porque queremos igualdad y cuando uno dice eso está hablando de salarios iguales para trabajos iguales. Cuando hablamos de corresponsabilidad decimos no más trabajo no pagado para beneficio exclusivo de la economía y de los hombres”.

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