*Texto escrito en conjunto con la Sociedad de Ecología

La explosión de plantaciones de paltos que ha experimentado nuestro país en los últimos años es consecuencia de su alta rentabilidad y poca regulación. Las ventas por la exportación de paltas han aumentado en un 378% en los últimos 20 años, llegando el 2018 a más de 300 millones de dólares y se le ha tildado de “oro verde”.

En los años 2000, cuando se discutía la ley que conservaría el bosque nativo, y como consta en la historia de dicha ley 20.283, representantes de Sociedad Nacional de Agricultura, argumentaron que el borrador de ley de aquel entonces perjudicaba sus intereses y que las formaciones xerofíticas[1] “representan un escaso valor económico y social” (pg. 700 de la Historia de la Ley 20.283). Sin embargo, la literatura científica indica que estas formaciones son únicas en el mundo en cuanto a su biodiversidad y endemismo, situando a Chile central como uno de los 25 hotspots de biodiversidad reconocida a nivel mundial.

El supuesto escaso valor económico y social se explica casi únicamente por la ausencia de “activos naturales” de formaciones xerófitas en el mercado local y nacional. Por consiguiente, el error es confundir valor con precio, imposibilitando así un proceso responsable e informado de toma de decisión sobre nuestro patrimonio natural. De hecho, la evidencia empírica muestra que las zonas esclerófilas y xerófilas de Chile central son ampliamente valorados por su composición de especies y los servicios ecosistémicos críticos que proveen. Dos ejemplos de servicios ecosistémicos críticos altamente valorados son la polinización y regulación de agua, cuya continua provisión entra en directo conflicto con las nuevas tendencias de establecer grandes superficies de plantaciones de paltos.

La palta de exportación, a diferencia de las variedades que se han cultivado en Chile desde el siglo XIX, no presenta adaptaciones a las condiciones semiáridas, por lo que consume más agua y es más sensible a las heladas de invierno que las variedades cultivadas antaño.

Entonces, para mantener el cultivo de esta variedad, es necesario extraer agua de los cursos naturales y acuíferos, cooptando además los potenciales derechos de agua para consumo humano. A mayor abundamiento, para instalar las plantaciones, se elimina la vegetación nativa de bosque esclerófilo y matorral xerofítico que caracteriza las laderas de la zona central. Con ello, los últimos refugios de biodiversidad, incluyendo los valiosos polinizadores y controladores de plaga, también desaparecen.

Es paradójico cómo decisiones de uso de paisaje bajo supuestos aportes a la superación de pobreza cooptan servicios ecosistémicos críticos para el desarrollo humano, vulnerando así a comunidades locales y aumentando los riesgos de mantener trampas de pobreza, más que saldar las deudas sociales que aún el Estado Chileno mantiene con los sectores menos beneficiados con los acuerdos de libre comercio.

Emblemático es el caso de la Provincia de Petorca, que concentra cerca del 30% de la producción de frutales del país.

En esta provincia, paradójicamente el agua para el consumo humano es suministrada por camiones aljibes mientras que las grandes empresas agroexportadoras han monopolizado buena parte de los derechos de aprovechamiento de aguas para sus actividades productivas asociadas a la plantación de frutales, principalmente paltos, cítricos y nogales. Los autores de esta columna estamos preocupados por los muchos “Petorca” que existen en Chile, y a las modificaciones que se promueven en distintas instancias regulatorias y legislativas, apuntando a fomentar aún más la desprotección de formaciones xerofíticas de nuestro país.

Es especialmente preocupante que se busque relajar las protecciones a la biodiversidad cuando Chile será sede de un evento global tan importante como la COP25. Esperamos que el gobierno sea consciente de las políticas ambientales que generan y base sus decisiones en la evidencia científica disponible, en el marco de la sostenibilidad ambiental comprometida por Chile y no en intereses económicos cortoplacistas de grupos de interés.

[1] Esclerófilas y xerofíticas son formaciones vegetacionales que están adaptadas a condiciones secas y muy secas, respectivamente.


Senadora integrante de la Comisión de Medio Ambiente del Senado