Opinión

Jacqueline, la buena, y los patipelados

Por: Richard Sandoval / Publicado: 05.06.2019
jac y novoa 3 / Foto: Agencia Uno
Para Jacqueline, la “Tía Coty”, cuestionada por miles de millones de pesos mal usados según Contraloría, es buena, está preparada. Entonces, lo que Jacqueline nos dijo esta semana es que la división entre buenos y malos, entre válidos y patipelados, no la provocan las capacidades, el mérito y ni siquiera los estudios; lo determina la clase, la pertenencia a un grupo de poder que se protege, la entrega a la defensa de un sistema de manejo de país controlado por unos pocos.

Jacqueline Van Rysselberghe ha dicho esta semana al país que hay gente buena y gente mala para dedicarse a la política; que ella está entre los buenos y que otros, esos que no estudian más de diez años como ella para representar de forma preparada y justa al pueblo, estarían entre los malos, los indeseables en los salones del Congreso, los incapacitados para ejercer el poder como se debe. Eso se infiere de su declaración que dice que “va a costar mucho encontrar gente buena” si es que se rebaja el sueldo de los parlamentarios, porque gente como ella -los “buenos”-, con doce años de academia entre pregrado y pos títulos, tiene “costos alternativos que son altos; y a diferencia del resto de los chilenos pagamos el 40% de los impuestos (el resto de los chilenos paga 35%) y hace más de 4 años que no se nos reajusta el IPC”.

También dijo Jacqueline esta semana que “cualquier patipealo se siente con el derecho a insultar a quienes trabajan en el servicio público”, al enfrentar los cuestionamientos que gente común y corriente le hizo, por diferentes plataformas, por negarse a bajar sus ingresos mensuales de $ 9.349.851, el mayor sueldo de parlamentarios entre los paises de la OCDE. Los patipelaos serían; por lo tanto, según su lógica de buenos y malos, sujetos que no están a su nivel. Chilenos de categoría inferior que por lo tanto no tendrían una opinión sustentada, coherente, inteligente, y en última instancia válida. Esa es quizás la palabra clave para entender lo que hay detrás de las polémicas palabras que esta semana ha dicho a la prensa Jacqueline, la buena: el país, Chile, está dividido en su mentalidad, que es la mentalidad política e ideológica de la presidenta de la UDI, entre buenos y malos, entre válidos y patipelados, y la pertenencia o no a uno de esos grupos no está dada ni por la capacidad intelectual, ni por la honra, ni por la capacidad de trabajo ni por la probidad.

La bondad y la validez te la da lo que tienes: los años de estudio, la influencia, la vida que sólo puede ser viable con nueve millones mensuales, el poder simbólico y material. Subyace, por lo tanto, en las palabras de Jacqueline, la cruda realidad del país que se ha hecho grande en base a la desigualdad, el país clasista que según Cadem identifica en un 67% como a alguien de clase baja a quien lleva el apellido Melinao, y en un 91% en clase alta a un Errázuriz: aquellos que están entre los buenos y válidos -o cierto grupo de aquellos- no aceptan ni aceptarán compartir su poder privilegiado con los malos, los patipelados, los comunes y corrientes de la calle, los que no pueden vivir con menos de nueve millones, los que no tienen estudios, o que los tienen pero no son “de los nuestros”; los aparecidos “rotos” de la hacienda que ocuparían los espacios abandonados por los perjudicados servidores públicos incapaces de vivir con tres o cuatro millones.

Pero resulta curiosa la cruzada de Jacqueline por mantener la calidad moral del Congreso actual. Es curioso que para la representante de los buenos sea parte de la bondad llegar a ser pauteada por el presidente de una empresa pesquera para ser beneficiado en una ley, como denunció Ciper en 2017. “¿Crees necesario presentar además la indicación que me mandaste?”, le dijo en un correo Jacqueline a Luis Felipe Moncada, de Asipes. Entonces ¿ser bueno no es ser probo, noble, ético, sino ser parte de las redes del poder que hacen las leyes a la medida de sus intereses? ¿La bondad para Jacqueline y los dirigentes de su sector que con su argumento rechazaron la rebaja de la dieta está mediada por la pertenencia o no a un club de influyentes, aunque esa influencia se use en contra de la ética? Eso parece ser para ella la bondad cuando se leen su defensas a Iván Moreira -confeso de corrupción y salvado de condena en el caso Penta tras acuerdo con la Fiscalía-, cuando le abre la puerta a Pablo Longueira -también procesado por corrupción- para volver a la UDI, cuando justifica a Virginia Reginato y su desastre financiero en Viña del Mar. Todos ellos son buenos, según su lógica.

Para Jacqueline, la “Tía Coty”, cuestionada por miles de millones de pesos mal usados según Contraloría, es buena, está preparada. Entonces, lo que Jacqueline nos dijo esta semana es que la división entre buenos y malos, entre válidos y patipelados, no la provocan las capacidades, el mérito y ni siquiera los estudios; lo determina la clase, la pertenencia a un grupo de poder que se protege, la entrega a la defensa de un sistema de manejo de país controlado por unos pocos. Eso está detrás de su férrea defensa a su dieta parlamentaria y sus polémicas y cuestionadas palabras.

Richard Sandoval
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