La miniserie de HBO ya ha concluido, pero ha dejado en su paso una estela de angustia, rabia y fascinación ante la magnífica obra de arte creada por el director Johan Renck y el guionista Craig Mazin. El impacto de las decisiones humanas al momento del desastre, la red de mentiras y ocultamientos por parte la Unión Soviética para defender su supremacía nuclear, en plena guerra fría y los múltiples personajes y sus historias en Chernóbil, lograron que 5 capítulos pasaran volando.
La serie nos lleva por los distintos caminos y batallas que luchan cada de unos los personajes que toman un rol más protagónico. Desde la estación de bomberos, hasta las mesas directivas de la Unión Soviética. Legásov, Scherbina y Khomyuk son los tres personajes que toman las riendas de esta producción.

Más allá de centrarme en el incesante ir y venir político, la lucha contra la radioactividad, la naturaleza terrorífica y angustiante de esta catástrofe. El momento que me impactó y reunió toda mi atención es aquel en que la científica Ulana Khomyuk (personaje creado para representar a todos los científicos que acompañaron y ayudaron a Legásov en su trabajo en Chernobyl) comienza a documentar y buscar los testimonios de cada uno de los presentes en el momento de la explosión del reactor RBMK, representa la tremenda importancia que tiene el testimonio para la superación de la hecatombe. La científica se interna buscando descifrar y reconstruir una verdad que no concebían posible, como es la explosión de un reactor nuclear. El testimonio de los hombres encargados de ese reactor esa noche es crucial para entender cómo fue que pasó lo que pasó, como la mayor tragedia nuclear de la historia de nuestro planeta se gestó, qué la provocó, quien o quienes son los responsables y obviamente, como no volver a cometer los mismos errores en el futuro.

En la serie vemos una recopilación de testimonios magistral, tanto así, que es capaz de hacer una línea de tiempo con todas las decisiones que se tomaron esa noche. Minuto a minuto y en algunos momentos, segundo a segundo. El testimonio como una herramienta para entender procesos catastróficos, un mecanismo para combatir lo que consideramos inexplicable, o lo que simplemente nos ocultan y no nos quieren explicar.

En un país como el nuestro, que fue golpeado por una dictadura militar que duró 17 años, entendemos perfectamente la importancia del testimonio. A pesar de que la historia ha tratado de ser borrada (ad hoc para el contexto educacional actual) por la misma dictadura y los gobiernos que la sucedieron, distintas organizaciones y grupos de personas han evitado que miles de testimonios e historias caigan en el olvido. Las labores de la Vicaría de la Solidaridad, al brindar apoyo a las familias de torturados, detenidos y asesinados por la dictadura, donde el respaldo del testimonio era vital para la defensa de todos aquellos que habían sido víctimas de la brutal represión de Augusto Pinochet.

La científica es la representación del arduo trabajo de todos aquellos que contribuyeron a la elaboración un testimonio que nos permita tener una reconstrucción de lo hechos y de las atrocidades cometidas por la dictadura. A pesar de que el profesor Legásov construye su propio testimonio para revelar la verdad que le fue negada en el juicio, lo cual no es menor. El trabajo de Khomyuk es fundamental. Atendiendo y escarbando cada detalle para entender de mejor manera los hechos, asistiendo a los hospitales y hablando con aquellos que ya (casi) no tienen rostro ni voz, cuestionando todo, siempre con sed de verdad.

Este proceso se hace mucho más arduo si los individuos no están dispuestos a colaborar. En la serie, Diátlov, ingeniero a cargo del sector donde explota el reactor y uno de los mayores responsables del desastre. La imagen del sujeto que no asume su culpa y evade la responsabilidad recae en él, pero, además, representa la nula cooperación en el proceso de reconstrucción del hecho.

En nuestra historia reciente seguimos rodeados de personas como él. Los pactos de silencio de las fuerzas armadas, de políticos, de funcionarios gubernamentales en la época dictatorial, de figuras de la iglesia chilena y hasta de civiles comunes y corrientes. Esa complicidad que los mantiene sin decir ninguna palabra, palabras que podrían ser útiles para dilucidar verdades y despejar de una vez por todas casos que siguen abiertos y cerrar las heridas que abrieron.

Ulana Khomyuk representa ese trabajo invisibilizado, y que no se lleva los grandes premios y condecoraciones (Como las ofrecidas al profesor Legásov) pero que es tremendamente necesario para poder avanzar y cimentar un futuro mejor. El proceso de investigación, de recolección de datos, recopilar testimonios y ordenarlos, para poder entender lo inentendible, buscar la verdad, aunque eso signifique arriesgar tu vida en el proceso

Por esto, es importante agradecer a las organizaciones que siguen luchando por la preservación de la memoria, que siempre será objetivo de destrucción por los sectores conservadores de nuestro país. Un gracias a todos los que aportaron y dieron su vida buscando la verdad por más cruda que fuera. A todos los que siguen buscando la verdad y desenmascarando los crímenes realizados. A todos los que siguen buscando eso que les quitaron de las manos.