En México, Paulina Vergara trabajó tres años realizando talleres audiovisuales con mujeres privadas de libertad. Una vez de regreso en Chile, empezó a dar talleres de literatura como parte del programa Arte Educador de Gendarmería. En el proceso ha ido aprendiendo de las distintas personas con las que trabaja. ”Siempre me sorprende cuando alguna participante del taller descubre una cualidad que tiene respecto a la escritura, a la lectura, a la creatividad”, relata.

Por ejemplo, un grupo de mujeres más de 70 años estaba haciendo el primero básico al interior de la cárcel. “Y hubo que adaptar el taller de cartas, centrarnos más en la dimensión de objeto, que en escribirlas; no dejamos de realizar el taller por eso. Estas abuelas que buscaban comunicarse con su familia, con sus nietos, con sus hijos, con sus hijas, pudieron hacerlo. Esa es una de las cosas que han pasado”.

Del rumor al periódico

El taller de literatura anual en el Centro Penitenciario Santiago “no para nunca”, explica Paulina. Tras haber trabajado con cartas y microcuentos, ahora están haciendo un periódico. Como las prisioneras no pueden circular entre los patios para verse o contarse cosas, funciona el rumor. El diario generado en el taller, que sale cada dos semanas, se ha convertido en una forma de dar cuenta de las que llegan y se van, de los sueños, los amores, y otras noticias internas. “Es muy interesante ver cómo se ha posicionado tan rápido. Y cómo las de un patio quieren promover ahí sus productos, enterarse lo que pasa en el otro patio, escribirle al Doctor Corazón, recomendar libros, hacer su acróstico, mandar una carta, cumplir la función que tenían o tienen todavía los diarios, que es comunicar y enlazar a las personas”.

Para el taller de cartas que cerró recientemente, Paulina se adjudicó un fondo del libro, por lo que pudo realizarlo también en las cárceles de mujeres de Los Andes e Iquique. En la actualidad está realizando un documental de videocartas de mujeres prisioneras. Hizo su tesis en el género epistolar. “Mucho tiempo después me encuentro con que este género tiene una vigencia inesperada en las cárceles, a diferencia de los otros espacios donde antes era un medio de comunicación frecuente. Pensé en potenciar esa escritura que ya existe, para ayudar a reconstruir vínculos perdidos, por ejemplo. Una de las características que tiene es el encuentro que provoca y la reflexión que se da durante la escritura. Hay un teórico que dice: el primer destinatario de la carta es el propio autor. Entonces, es una forma de comunicación consigo misma y también con el otro. También pensé en potenciar la dimensión de objeto que tiene la carta y que podría transformarse en un regalo valioso, en el caso de las mujeres privadas de libertad, demostrarles que a pesar de no estar con  sus hijos, de alguna forma sí lo están. Cuando incorporamos la estampilla fue muy maravilloso que llegaran noticias de estas mujeres a las casas, a través del correo, de manera tan inesperada, sobre todo para los hijos”.