Opinión

Feminismo Popular y sin fronteras

Por: Estefanía Campos, Renata Rojas, Paola e Isabel Galan / Publicado: 11.06.2019
Nuestro papel como feministas populares y latinoamericanas es visibilizar las deudas históricas y todo tipo de subordinación. Construir una democracia radical que incluya afectos, emociones, conflictos, en definitiva, todo aquello que se ha relegado a lo privado y por tanto, no a nosotras. Porque cuando avanza la marea en un país, avanzamos todas.

El futuro va tomando rostro de mujer, con más fuerza que nunca hemos estado al frente impulsando un nuevo contrato social, cuestionando así la naturalización de la cadena que nos amarra por el sólo hecho de ser mujeres: el trabajo reproductivo y doméstico; una menor participación en el trabajo remunerado; concentración de mayores cifras de pobreza; percibimos menores ingresos por cumplir las mismas responsabilidades; estamos subrepresentadas en política;  maternidades tempranas y forzosas; baja participación y marginación en la toma de decisiones; y  un sin fin de otras desigualdades que sólo han aumentado ese deseo transformador y nos han permitido reconocemos entre mujeres en un #AMiTambién nacional y latinoamericano.

En este proceso de reconocimiento donde compartimos paradigmas y construcciones culturales, sociales, políticas y económicas parecidas; las adolescentes y mujeres pobres, migrantes, indígenas y negras de la región hemos sentido la necesidad de construir un nosotras basado en la hermandad latinoamericana pues, sin importar el lugar, somos las que asumimos los grandes costos por los procesos productivos extractivistas, de los ciclos de recesión económica, una y otra vez vuelve a aparecer la tortuosa cadena, estamos más propensas a la pobreza, a la violencia, somos el canje y las receptoras de los recortes y ajustes y es a partir de aquí donde nos posicionamos y sentimos convocadas a cambiarlo todo, en unidad.

El capitalismo y su hermano gemelo el patriarcado, subordinan a todas las mujeres sin distinción de fronteras, etnia, credo, etc. En este sentido, la lucha feminista debe ser interseccional y sin fronteras, pues igual sufre todo tipo y modalidades de violencias una mujer peruana que una salvadoreña o que una chilena. En Chile, durante el 2019 las víctimas de femicidios dan cuenta de compañeras nacionales e inmigrantes, como los casos de Joan Florvil, Rebeka Pierre y Monise Joseph. Así, queda en evidencia que ser mujer, negra y migrante es ser ciudadana de segunda categoría. Por eso el feminismo debe ser latinoamericano, para que la lucha feminista tenga fuerza desde la colectividad y la diversidad de las mujeres. Urge desobedecer el mandato patriarcal de mantenernos divididas y promover una lucha articulada y sorora frente a todas las subordinaciones.

De allí la necesidad de un feminismo que nos abrace a todas, uno sin fronteras ni exclusiones, uno que contemple la diversidad, la valore y multiplique, uno que vuelva a sus raíces populares porque es ahí donde dicha solidaridad siempre ha estado, uno que haga sentido común y que avance sin calco, copia ni nuevas subordinaciones, uno que no baile al ritmo limitado de la literatura y la academia sino al de los tiempos, realidades y necesidades.  No resulta casual que en el día internacional de acción por la salud de las mujeres mientras en Argentina las compañeras presentaban por octava vez la ley de interrupción voluntaria del embarazo, en Chile, Perú, Colombia, Bolivia y otros países, hayamos realizado concentraciones y actividades en su apoyo, que en realidad es en apoyo de todas.

Y es que nuestro papel como feministas populares y latinoamericanas es visibilizar las deudas históricas y todo tipo de subordinación. Construir una democracia radical que incluya afectos, emociones, conflictos, en definitiva, todo aquello que se ha relegado a lo privado y por tanto, no a nosotras. Porque cuando avanza la marea en un país, avanzamos todas. Tenemos la tarea de seguir demostrando que la vida nos interesa, que nos queremos vivas, libres y también gobernando porque la única forma de ganarle a los restringen nuestros derechos es con hermandad y unión latinoamericana: si hay algo que hemos aprendido es que juntas somos poderosas

Estefanía Campos, Renata Rojas, Paola e Isabel Galan
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