El viernes 31 de mayo pudimos observar el inicio del proceso de legalización ante el Servel del nuevo partido Convergencia Social. De esta forma, se dejan atrás a nombres como el Movimiento Autonomista, Nueva Democracia, Izquierda Libertaria y Movimiento SOL, todo esto bajo la consigna de generar un proyecto político para el Chile del siglo XXI. Sin embargo, es de perogrullo que es también una “estrategia política” para disputar la hegemonía de Revolución Democrática (RD) al interior del Frente Amplio (FA).

Cada uno de estos movimientos políticos, hoy extintos, experimentaron una importante fuga de militantes, luego de las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017. Sobre todo, de militantes mujeres que fueron utilizadas y explotadas para las campañas electorales. Numerosas son las historias de compañeras presionadas e instrumentalizadas solo para cumplir nominalmente la cuota de género, y permitir así que los verdaderos candidatos (hombres) pudiesen participar. Muchas fueron presionadas indebidamente, hasta el último momento, para integrar listas que no querían, bajo el chantaje del compromiso militante. A muchas más se las usó hasta el cansancio, obligándolas a “darlo todo” por la campaña del compañero (casi siempre hombre). La fuga de militantes, especialmente mujeres, fue dejando en evidencia la debilidad de estos movimientos políticos. Los cuales no contaban con la fuerza suficiente para conformar un partido legal, dado el bajo número de militantes dispuestos a asumir este trabajo.

El problema, es que este nuevo partido se declara y autodenomina “feminista”. Ante los ojos de quienes fuimos militantes y que hoy activamos políticamente desde el feminismo, no sólo nos parece incongruente. Sino que, más allá de las declaraciones de intenciones de generar un proyecto político que le haga sentido a la población, observamos lisa y llanamente una instrumentalización de las luchas sociales para sacar mezquinos réditos políticos para algunos

Más allá del análisis interno, respecto de cómo construir un proyecto político alternativo para el país entre las cúpulas de 4 movimientos relativamente desconocidos para el grueso de la población, que es un cuestionamiento que ellos deberían hacerse. Creemos que la constitución del nuevo partido fue una oportunidad perfecta para echar bajo tierra el largo historial de abusos, maltratos y actitudes machistas de cada una de estas orgánicas. Sin asumir el problema, sin buscar formas de enfrentarlo, sin siquiera cuestionar las formas de relacionarse, resulta más fácil dar vuelta la página, en lo que respecta a las numerosas interpelaciones por comportamientos inapropiados. Como por ejemplo, los casos de acoso sexual y vulneraciones sexo-afectivas; o las innumerables situaciones de hostigamiento político o abuso de poder. La creación de este nuevo partido parece una excelente oportunidad para que los machos operadores políticos que pululan en las cúpulas sigan obrando en la impunidad. Llevando a foja cero sus historiales de acoso y violencia, dentro de esta nueva orgánica.

¿Por qué declaramos esto ahora? Porque ya hemos visto demasiado. Volvemos a ver a los mismos amigos de los diputados, una y otra vez, postularse a cargos de la orgánica interna. Volvemos a ver sus caras en las fotografías oficiales, en total impunidad. Volvemos a ver a los mismos machos de siempre escribir columnas sobre feminismo y luego abusar de sus puestos de poder para involucrarse sexualmente con compañeras y/o alumnas. De esta forma, parece que este partido feminista, de feminista tiene bien poco. Pues es un partido que seguirá permitiendo que estos personajes machistas y misóginos, escalen en la política nacional con total impunidad. Con la tranquilidad de saber que cuentan con una red de encubrimiento e indiferencia que les permitirá seguir operando como siempre. Resulta evidente que una de las grandes fortalezas de la masculinidad hegemónica es actuar como una hermandad, encubriendo los “secretos” de los amigos y camaradas. Por ejemplo, no interpelar al compañero que teniendo pareja e hija, la engaña con las mismas compañeras de partido una vez terminada la reunión; muy por el contrario, lejos de cuestionarlo, se lo propone para un cargo de representación. O también, cuando alguna “figura importante” se mete en problemas en estado de ebriedad, lejos de sancionarlo, se lo encubre.

Si bien, no nos interesa mayormente lo que ocurra en la interna de este nuevo partido, pues hace rato abandonamos la lógica intrínsecamente patriarcal de los partidos políticos chilenos. A nosotras nos interpela directamente que estos personajes se autodenominen feministas, anti-patriarcales y aliados en la lucha. Porque no lo son. Y, aun así, profitan de una lucha que no están dando, para sacar dividendos políticos. Pero no solo no la están dando, sino que, a puertas cerradas, la boicotean día a día.

La política feminista, con toda la riqueza de su diversidad, no puede permitir que este tipo de personas lleguen a ser las caras visibles que postulan a cargos públicos por el simple hecho de ser amigos de los diputados del Frente Amplio. Lo mínimo que debería hacer un partido que se autodenomina feminista, es hacerse cargo, de forma efectiva, de los casos de acoso y violencia contra las mujeres que quedaron inconclusos y sin sanciones en sus movimientos de origen.

La interpelación va también para las compañeras, ¿hasta cuándo vamos a tolerar compartir nuestros espacios de militancia con quienes nos agreden?, ¿hasta cuándo vamos a destinar nuestras energías en educarlos, en vez de organizarnos?, ¿hasta cuándo vamos a salir a la calle a gritar que no nos maten, pero a la interna practicamos el #HermanaNoTeCreo? Con infinito amor, les recuerdo que no es una decisión personal la que toman, tiene repercusiones colectivas y políticas para todas.

Hay quienes dicen que estamos “picadas”, que “hablamos por la herida”. A esa gente nos gustaría decirles: ¿y cómo no? No se imaginan cómo duele haber creído y trabajado por un proyecto político para transformar este país;  haber dado lo mejor de nosotras, de nuestras mentes y creatividad, para construir espacios, para que la vida sea digna y amorosa; y estos personajes nos demostraron empíricamente que son la misma mierda, con distinto nombre: Trabajan en cúpulas, no  existe ni la “democracia radical”, ni la “horizontalidad”, son solo frases vacías de marketing político; se aprovechan del trabajo del militante de base (del que no se saben ni el nombre); escriben columnas sobre conflictos y territorios de los que saben muy poco; abren las puertas para dialogar con el fascismo; se aburguesan en el congreso. Sinceramente, más allá de la edad, ¿cuál es la gran diferencia entre su forma de operar y la “vieja política” que tanto repudian? La política que nosotras queremos construir es con amor, es con llorar, es con afectos. Consideramos que los movimientos sociales y políticos nacen en los territorios, y que, antes de levantar candidaturas (presidenciales, parlamentarias o municipales), se debe construir desde abajo, realizar trabajo de base, se deja la cuerpa en la lucha, se hace lo posible por mejorar las condiciones de vida de quienes viven cotidianamente las problemáticas que alimentan los infinitos comunicados de prensa, tan pulcramente relatados.

Queremos que sepan que sabemos lo que han hecho, que conocemos sus caras, sus discursos, sus estrategias y sus mentiras. Los tenemos identificados, no tenemos miedo, y nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio.

A las brujas, putxs, trans, disidencias, marginadxs, excluidxs y mujeres, vayamos juntxs a cambiar el mundo.