Carlos Alberto García Moreno, más conocido como Charly García, se presentó anoche en un Movistar Arena lleno de fanáticas y fanáticos, de diversas generaciones, que iban como en una procesión a reencontrarse con la leyenda del rock argentino. El mismo que saltó desde el noveno piso a una piscina de un hotel en Mendoza; el mismo que tocó piano desde los cuatro años y a los doce ya daba clases; el mismo que lideró las bandas Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán, fundamentales de la música argentina y latinoamericana; y el mismo que publicó 16 álbumes de estudio como solista.

Los 67 años de García son un detalle. Su presencia es la de alguien que podría haber vivido siglos, como un vampiro, un Drácula que sale a la noche para reencontrarse con unos seguidores fieles que todavía celebran y se asombran con las letras que hizo, las composiciones, las excentricidades, las performances, las provocaciones. Su intensidad.

El ícono comenzó su show con “De mí”, una canción particularmente representativa e introductoria: “Cuando estés mal cuando estés sola. Cuando ya estés cansada de llorar. No te olvides de mí, porque sé que te puedo estimular. No pienses que estoy loco, es sólo una manera de actuar. No pienses que estoy sólo, estoy comunicado con todo lo demás”.

Como casi toda su obra, el concierto fue nostalgia pura. Un García sin voz, una banda sólida, el protagonismo de la corista Rosario Ortega y el canto de 12 mil personas, se fusionaron para darle vida a un cita cargada de emoción y estados. Como un encuentro familiar con un abuelo o una abuela. La miras o lo miras y piensas todo lo que vivió, las historias que te contó, la cosas que te enseñó.

Al medio del escenario había una Torre de Tesla, estructura que envuelve el arte de esta gira. Acompañado de ella, Charly continuó el show con “La máquina de ser feliz” y “Rivalidad”, hits de su último disco “Random” (2017).

Como las chispas eléctricas de las bobinas que creó Tesla, comenzaron a aparecer diversos éxitos de su larga carrera. “Yendo de la cama al living” y “Cerca de la revolución” recordaron su época solista de los 80′, quizás sus mejores y más desenfrenados años. Con “In The City That Never Sleeps” y “King Kong”, canciones no tan recurrentes, mostró sus creaciones más contemporáneas y cinematográficas del 2010.

Después vino “Lluvia”, un momento que tocó nuevamente las sensibilidades del público. Había evidentemente una conexión, un juego, con el agua y el frío que ambientaron Santiago este 13 de junio.

Charly continuó recordando que matar, mentir, es “Parte de la religión” y al final de la canción ironizó diciendo “Habemus Papa”, en una de las pocas frases provocativas que lanzó anoche. Siguió con “No llores por mí, Argentina” (Serú Girán), un clásico rock and roll creado en 1982  y que supuestamente es una respuesta irónica al “Don`t Cry for Me Argentina” que Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, compusieron para el musical “Evita” creado en el 80′.

Mercedes Sosa, David Bowie, Stanley Kubrick

Uno de los momentos más lindos de la noche vino cuando interpretó “Cuchillos”, del disco “Say no more” (1996), que es un tema dedicado a quizás la figura espiritual, musical, maternal, más importante para él: Mercedes Sosa. Las pantallas mostraron a ambos en momentos cotidianos, riendo, cantando, haciendo música, abrazados, mientras el publico sacaba aplausos y gritos espontáneos mientras la letra decía “hay en este lugar mucho para dar, no te puedo mentir. Porque sos tan fiel. Me viste crecer, me viste correr. Y yo te vi reír”.

Tras esto, vino “Canción de 2×3”, otra pieza muy intensa y reflexiva de Charly. También apareció “El aguante”, toda una arenga de los aliados. “Rezo por vos” nuevamente llevó la emoción a tope y puso al público a corear y saltar al ritmo de la clásica melodía que acompaña el tema. Imposible no recordar que fue creado junto a su admirado Luis Alberto Spinetta.

Las cortinas se cerraron por varios minutos pero el público seguía aferrado, no se querían ir, no podía terminar aún y Charly volvió con todo. Sacó “Demoliendo hoteles”, “Nos siguen pegando abajo (Pecado mortal)”, “El día que apagaron la luz” (Sui Generis). Ahí se empezó a despedir de este recorrido por su música.

Aparecieron algunos éxitos más contemporáneos como “I’m Not in Love” y “Asesíname” de su época en los 2000′. Para el final, “Ojos de videotape”, canción que cierra el disco “Clics Modernos”, con imágenes de David Bowie de fondo. Y todo terminó con “Total interferencia”, tema que concluye el disco “Piano Bar” con imágenes de Stanley Kubrick de fondo. Así como el público fue a homenajearlo, él también quiso rendirle tributo a sus referentes.