Representantes de Colombia, Brasil, Nicaragua y Chile, el país anfitrión de la COP25, reflexionaron ayer en Bonn, Alemania acerca de qué significa la ambición climática para esta región.

“América latina debe alinearse con el Reporte Especial 1.5 del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)”, comenzó Alejandro Alemán, del Centro Humboldt de Nicaragua y coordinador de CAN América latina, estableciendo la senda que debe tomar la ambición por el clima a nivel regional.

“Actualizar las contribuciones nacionalmente determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) debe ser visto como una oportunidad para reforzar los planes de desarrollo de cada país y alinearlos con los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), particularmente aquellos que tienen que ver con género y reducción de la pobreza”, añadió. “Hablamos de implementar acciones y medidas basadas en las contribuciones que provee la naturaleza y no de otras que suelen ser evocadas en este tipo de conferencias.”

Chile, país que tomará el rol (y la responsabilidad) de liderar la próxima COP, parece no ser un modelo a seguir. La primera NDC de Chile fue calificada como “altamente insuficiente” por Climate Action Tracker, es decir, su proyección sobrepasa el límite de aumento de la temperatura establecido por la ciencia. Hace unos días, el gobierno chileno anunció que enviará antes de la COP su nueva NDC.

Según Samuel Leiva, de la ONG chilena Terram, la narrativa y retórica de Chile respecto de la ambición está lejos de su realidad. “Estamos bastante decepcionados: el Gobierno tiene una retórica internacional de ambición y llamado a la acción, y eso no se refleja en los planes de mitigación y adaptación nacionales”, advirtió, agregando que “la participación ciudadana se limita a reuniones de carácter informativo, sin espacio para el debate y la incidencia”.

“Hace años que intentamos empujar una Ley de Glaciares. Santiago se va a quedar sin agua en unos años si no se hace nada; sin embargo, el Gobierno insiste en priorizar la actividad minera”, subrayó Leiva, quién también señaló que el plan de descarbonización que la administración de Sebastián Piñera anunció días atrás “está anclado en la voluntad de las empresas, del mercado, y no una ley”.

Y si la transición de Chile no luce bien, la situación en el país más grande de la región y parte de las 20 economías más grandes del mundo (G20) no pinta para nada mejor. “Brasil no logrará cumplir con su meta climática para 2020 y está fuera de rumbo para cumplir con su NDC”, dijo Carlos Rittl, Secretario Ejecutivo de la red brasileña de ONGs, Observatorio del Clima.

El Gobierno de Jair Bolsonaro, que asumió el 1 de enero pasado, desmanteló la gobernanza climática del país, cerró las oficinas federales responsables del control de la deforestación y lanzó un ataque contra las tierras indígenas y otras áreas protegidas, entre otras medidas de similar gravedad. ¿Las implicaciones de esta agenda? La deforestación en el Amazonas, que venía disminuyendo, está nuevamente en fuerte ascenso: de hecho, los niveles registrados en marzo fueron los más altos para dicho mes en más de una década. Entre enero y febrero, declinaron en 70% los trabajos para frenar la deforestación en el Amazonas (58% es el promedio a nivel país), con el consecuente aumento del riesgo para las comunidades indígenas locales.

“Lo único que ha hecho hasta ahora Brasil por el Acuerdo de París es firmarlo. Pero, una firma no basta. Hay que cumplir las metas con las que el país se comprometió. Y la agenda actual es completamente contraria”, concluyó Rittl.

Ahora bien, no todas son malas noticias. La Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas de la CMNUCC, negociada en la COP24 de Polonia, tuvo su primera reunión en Bonn esta semana para esbozar un plan de acción para 2020/2021. “Acogemos como muy esperanzador que las comunidades tengan no solo su grupo facilitador, sino también su primera reunión”, remarcó Angélica Beltrán, de la Asociación Ambiente y Sociedad de Colombia.

“El plan de acción tiene muchas cosas interesantes. Habla, por ejemplo, de soluciones basadas en la naturaleza, el reconocimiento del conocimiento ancestral de estos pueblos y de la inclusión de sus saberes en, por ejemplo, los reportes del IPCC”, detalló. En cuanto a la capacitación, reconoce, “es importante que sea de doble vínculo, es decir, no solo hacia los pueblos indígenas, sino también desde ellos hacia la Convención”.