El martes 11 de junio asumí la Presidencia de la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados. La comisión está inmersa hoy de forma prioritaria en la Reforma de Pensiones propuesta por el Gobierno, intentando marcar los nuevos límites y posibilidades del sistema de previsión social en nuestro país.

Sin embargo, creo que en general han quedado relegadas de la discusión las mujeres chilenas. Me refiero a ese 50% de mujeres que no participan en el mercado laboral, pero que día a día son las encargadas de que los hijos vayan al colegio, que la mesa esté servida, que haya comida en el refrigerador y que la ropa esté planchada. A esas mujeres que no solo se hacen cargo de mantener en orden el hogar, sino también, se llevan mayoritariamente las labores de cuidado de las familias; sean niños, adultos mayores, o enfermos que requieren cuidados especiales.

¿Es eso un tipo de trabajo o expresión del amor de madre? La pregunta es engañosa, pues no se trata de que no haya un amor intrínseco en las relaciones familiares que mueve a muchas mujeres a brindar el mayor confort y preocupación a sus seres queridos. La pregunta no es sí es expresión del amor (porque de seguro lo es), sino más bien, ¿por qué a los hombres sí se les reconoce que el aporte económico que brindan a los hogares es un trabajo? ¿Porque uno es trabajo y el otro no, si ambos aportan a que la familia pueda seguir subsistiendo?

El problema surge en ese 50% de las mujeres cuando habiendo dedicado sus vidas al cuidado del hogar no son reconocidas por nuestra sociedad como personas que han aportado con un grano de arena importantísimo en la sociedad: la reproducción, cuidado y crianza de personas.

En marzo de este año he presentado un proyecto de ley para que nuestra Constitución reconozca que el trabajo que realizamos las mujeres en el hogar, es un trabajo, y que debe ser retribuido de alguna forma. ¿Cómo? Existiendo muchos debates al respecto, creo que la Reforma de Pensiones ingresada por el gobierno no da una respuesta suficiente, manteniendo aumentos en la pensión básica solidaria, que si bien llega a un porcentaje importante de mujeres que se dedicaron a labores domésticas y de cuidados, no tiene como propósito reconocer que dichas labores también son un trabajo.

Nos encontramos en un contexto ideal, para que como país discutamos y avancemos en un sistema que reconozca y retribuya las labores domésticas y de cuidados, a través de crear regímenes de protección social en materia de salud y previsional, a través de una cotización solidaria u otras fórmulas usadas en el mundo. Quienes estamos en política, la academia y las organizaciones sociales debemos abocarnos a este desafío.


Presidenta de la Comisión de Trabajo y Seguridad Social. Diputada por el distrito 13.