Los conflictos de interés no se llaman conflictos de interés en el mundo de las negociaciones climáticas. Esta semana, termina la primera de las dos grandes conferencias de cambio climático que organiza la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) al año. Esta, conocida como “intersesional” y relativa a temas técnicos relacionados a las negociaciones, incluyó un punto llamado “participación efectiva de las organizaciones observadoras e interesados que no son partes”. Ningún documento oficial de la Convención habla de conflictos de intereses, pero todos en el World Conference Center de Bonn sabían que el punto era sobre conflictos de intereses.

Hace una semana, AFP reveló una verdadera bomba sobre el tema. Un estudio realizado por el Climate Investigations Center (CIC) muestra que un total de 6.400 representantes de compañías petroleras, de gas y carbón –los “combustibles fósiles” que más contribuyen al calentamiento global- han participado en las distintas conferencias que ha organizado la Convención de Naciones Unidas desde 1995 a la fecha. Los lobistas de los principales responsables del cambio climático no tienen ninguna restricción para asistir a las discusiones que definen las políticas globales sobre el tema. Y lo hacen de distintas formas.

La CMNUCC convoca a dos encuentros fundamentales cada año: La COP, que varía su sede –este año será en Santiago en diciembre- y las “intersesionales”, generalmente en Bonn, Alemania. Asociaciones comerciales de las industrias fósiles han llegado a tener más representantes circulando por las negociaciones que delegaciones de países.

La International Emissions Trading Association (IETA), por ejemplo, es una organización “sin fines de lucro”, pero que representa a poderosas compañías como Chevron, Shell y BP, ha llevado a un total de 1.817 delegados a las distintas COP e intersesionales desde el año 2000. También lo ha hecho la International Petroleum Industry Environmental Conservation Association, que representa los intereses de ExxonMobil, Chevron y Shell, entre otras.

Estudios de Climate Accountability Project muestran que 100 compañías son responsables del 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1988 a la fecha. Y solo 25 de estas empresas son responsables del 51% de las emisiones globales. Los nombres se repiten: ExxonMobil, Shell, BP, Chevron.

Se trata de los grandes emisores de gases de efecto invernadero de la actualidad. Hace un mes, se conoció un documento interno de Exxon, de 1982. La petrolera estadounidense  predijo en esa época la cantidad de dióxido de carbono que habrían en la atmósfera para 2020 y las consecuencias que ello supondría.

El año pasado, en la COP 24 en Polonia, Kuwait inscribió como parte de su delegación a 13 personas relacionadas directamente a empresas petrolíferas. Gambia, Ghana, Irán, Iraq , Malasia, Nigeria, Noruega, Vietnam, Qatar, Rusia y Estados Unidos también incluyeron a personas ligadas al negocio de explotar petróleo, gas o carbón. ¿Tuvo esto algún efecto en las negociaciones climáticas? Es imposible saberlo. Pero sí se sabe que EE.UU., Rusia y Kuwait fueron los responsables de bloquear el informe científico clave que advierte al mundo de las consecuencias si los países no comienzan a reducir sus emisiones contaminantes ahora.

No es relevante

Cada año, en cada conferencia de cambio climático, ONGs internacionales y distintas organizaciones de todo el mundo buscan llevar el tema de los conflictos de interés sobre la mesa. Pero no parece ser un tema relevante entre quienes toman las decisiones.

El Desconcierto conversó con Thomas Chruszczow, un histórico negociador del gobierno de Polonia en estas conferencias y ex encargado del Órgano Subsidiario de Ejecución (SBI por sus siglas en inglés), el departamento técnico encargado de revisar temas relativos al funcionamiento de la Convención, como los conflictos de interés.

“Desde hace 5 años que venimos teniendo esta discusión y siento que hay una percepción muy equivocada de que lo que estuvo bien para la Organización Mundial de la Salud, sacando a las compañías de tabaco de sus reuniones, debería replicarse acá, sacando a las industrias de combustibles fósiles. Es incomparable, son peras y manzanas. Lo que enfrentamos ahora, requiere que todos estemos abordo, incluyendo aquellos que ahora ocupan combustibles fósiles, aquellos que son los grandes emisores, porque ellos deben cambiar, deben ser parte de nuestra transición”, afirmó.

Chruszczow, ofuscado por la consulta, dijo también que “aquellos que gastan su energía en querer cambiar el mundo, háganlo, no se preocupen de eliminar a esta u otra compañía de la conversación” y que no es relevante la participación de lobistas, ya que no son ellos los que toman las decisiones. “Tenemos el Acuerdo de París, tenemos la Hoja de Ruta de Katowice, lo único que estas compañías pueden hacer es complementar estas políticas, es obvio. Esta es una discusión distractora, que nos quita la atención de los problemas reales”.

En la COP24, el ejecutivo de Shell David Hone mencionó en un evento que la mano de Shell –a través de la EITA- había estado en los Acuerdos de París en 2015, según informó The Intercept, específicamente en la inclusión de un mecanismo de “mercados de carbono” cuyos detalles deben zanjarse entre esta semana en Bonn y la COP25 en Santiago.

Para Siriam Madhusoodanan, director de campañas de Corporate Accountability, las industrias que combustibles fósiles “tienen un poder inmenso en la Convención” y lo ejemplifica con los mercados de carbono, decisión que –probablemente- se traslade a la COP25 de Santiago.

¿Cuál será el rol de Chile en esa discusión? Desde la presidencia, debe moderar el debate y encargarse de las conclusiones finales. “Pueden liderar una nueva dirección, darle voz a la sociedad civil. Es hora de que la Convención represente los intereses de la gente y no de quienes contaminan”, afirma Siriam.

La discusión de conflictos de intereses avanza a paso lento en Bonn. El panorama es el siguiente: Los países africanos, del sur de Asia y del Caribe están presionando por una regulación del tema, entendiendo que un representante de las industrias fósiles no tiene el mismo rol en la Convención que una ONG.

Los grandes –Estados Unidos y Unión Europea, principalmente- piden que el resultado de las negociaciones sea “valorar” el trabajo de “todos” los observadores y han recordado que esta discusión ya existió en 2011, 2017 y 2018, argumentando que deben respetar lo ya fue zanjado.

El sistema de negociaciones en Naciones Unidas dice que las decisiones solo se pueden tomar bajo consenso absoluto de todas las partes. Es decir, si tan solo uno de los 194 países se niega a un tema, no se puede tomar una decisión. El rol de la secretaría de la Convención es proponer los consensos y redactarlos en documentos oficiales.

El último documento de la sesión donde se discutió conflictos de intereses -hasta el cierre de esta edición- dice que la Convención y los países “reconocen la contribución de organizaciones observadoras en apoyar la implementación de la Convención, el Protocolo de Kyoto y el Acuerdo de París” y que “el proceso continúa siendo liderado por países y gobiernos”.

Es decir, todo sigue igual.

Chile descarta lobby de empresas

Desde que se anunció que Chile albergaría la COP25, el gobierno se puso en búsqueda de financiamiento privado para su realización. 30 millones de dólares pedía el Ejecutivo a los empresarios para que aporten a la cita.

El 12 de junio, el Servicio de Impuestos Internos aprobó el mecanismo que permitirá a empresas y personas naturales realizar donaciones y que estas sean rebajadas como gasto en la renta líquida imponible.

Quien ha liderado las reuniones con el sector privado es Cristián Varela, el empresario que fue designado como CEO de la COP 25. Es hijo del empresario del mismo nombre, ex dueño de Chile Films y ex presidente de Colo Colo cuando el presidente Sebastián Piñera era dueño del club. Varela hijo es primo de Juan Carlos Jobet, recientemente designado como ministro de Energía.

La señal más potente que dio el gobierno al sector privado por la COP fue la designación del empresario Gonzalo Muñoz como “campeón climático de alto nivel”. La rimbombante figura fue creada por la Convención de Naciones Unidas para ayudar en la organización del evento y su rol es expresamente el involucramiento de “actores no estatales” en la COP y en la lucha contra el cambio climático. Muñoz es fundador de TriCiclos, una empresa de reciclaje post consumo que ha recibido galardones internacionales por su trabajo medioambiental. Chile es el primer país que elige a un empresario para ser su “campeón” o representante ante la sociedad.

Muñoz estuvo en Bonn, participando en diferentes actividades. Reconoce que le ha costado adaptarse en la inmensidad de siglas con que maneja la conferencia, pero que se siente orgulloso de ser el primer “campeón” proveniente del sector privado.

“Recibir lobistas no es parte de mi agenda ni está en mi cabeza”, dijo tajante ante la pregunta de El Desconcierto, en el marco de una de sus actividades. “Si tu preocupación es el tipo de compañías que se van a relacionar con la COP, estamos siendo extremadamente cuidadosos. Y ha sido una sorpresa, porque las compañías que se nos acercan, ellos están más preocupados por la opinión general que nosotros”.

“Desde la COP 25 –continuó-, y hablo a nombre de la presidencia, estamos muy preocupados y somos muy cuidadosos en que las compañías que apoyen a la COP 25 hagan acciones reales, de adaptación y mitigación, esas son las compañías que queremos atraer. Y como dije, ellas son más cuidadosas que nosotros”.