Mientras estaba en el Cementerio General, la ministra de Educación, Marcela Cubillos, fue interpelada por una profesora. La noticia, como todo lo que sucede hoy en día, dio vueltas en las redes sociales y generó un debate en torno a las llamadas “funas” y también al respeto de una persona, sin importar cuál sea su cargo, en momentos como la visita a sus muertos en el cementerio.

Como era de esperar, ganó la idea del respeto. Cubillos publicó un mensaje en su Twitter en el que lamentaba este tipo de actos y el clima de “odio” que los impulsaba. No era la ministra la que había ido a visitar tumbas, sino una mujer con parientes.

Para aprovechar esto, también salió a condenar lo sucedido el Presidente Sebastián Piñera, quien, al igual que la titular de Educación, recurrió al clima de odio y a la división, casi como si, sin quererlo, lo hecho por la profesora fuera un acto de salvataje del discurso de la “unidad” con que este gobierno ha estado tratando de imponer iniciativas sin que estas se discutan mayormente, como si la profesional fuera una gran aliada de las políticas comunicacionales de quienes habitan La Moneda.

Y es que así son las “funas” o cualquier acción de este tipo. Siempre ayudan más a quien es objeto de ellas que a quienes las llevan a cabo. Es cierto, las personas que las hacen sienten por algunos momentos algo así como sensación de justicia, o creen ser justicieros, pero lo cierto es que son solo sensaciones, sentimientos transitorios que sirven más para alimentar el ego que para otra cosa.

¿Alguien cree que pasará algo diferente con este hecho en particular? ¿Realmente existe la idea de que esto beneficiará la causa de los profesores? Claro que no. Los principales medios, si es que ya no lo han hecho, construirán una situación mucho más grande que la que realmente ocurrió. Algunos ya hablan de “profesores” y no de una sola profesora, por lo que no hay ni una sola ganancia con esto. Solo pérdidas. Más aún cuando hay un grupo de gente empeñada en darle más gravedad de la que tienen a ciertos hechos.

Por lo tanto, tal vez sería bueno conocer al adversario. Y para eso se requiere de política, de estrategia, de unidad y de cierto control de actos de esta especie. No porque no se puedan hacer, sino por su poca efectividad. Por su esterilidad y por la nula comprensión de lo torpes que son. Porque con gestos vistosos, por más que se crea, no se enfrentan los antagonismos políticos, sino las personas que los representan. Y eso es lo que queda, convenientemente, en la retina del observador. Nada más.

Hoy, según el relato oficialista, la ministra sufrió un acto de odio. La intolerancia, para los portales y diarios que transmiten este relato, es el gran cáncer, por lo que el conflicto de los profesores desaparece y solo queda este asunto. Un punto para el gobierno. Y ni se movió de su escritorio.


Analista político.