La última vez que Francisco Papas Fritas (35) expuso en el GAM, en 2014, la PDI ingresó al centro cultural para realizar un peritaje de su obra Ad augusta per angusta, en que el artista exhibía la quema de los pagarés de los endeudados alumnos de la Universidad del Mar. A los pocos días se cerró la exposición.

Ahora, vuelve a exhibir un nuevo proyecto en este espacio del centro de Santiago. Se trata de la instalación Razón de morir mi vida, que tiene como tema central la eutanasia y que también está al borde de la ilegalidad, ya que el artículo 393 del Código Penal castiga con presidio a quien ayude a una persona a suicidarse. Y en esta obra hay dos testimonios de suicidios asistidos, efectuados por personas que contactaron al artista a través del sitio web www.amortanasia.com.

-Entiendo que tu padre falleció luego de tener cáncer, lo que habría motivado tu investigación.

-Mi papá era obrero y como familia teníamos acceso a la salud pública nomás. Él gritaba de dolor, así que lo llevamos al Hospital Barros Luco, pero no lo recibieron, decían que no tenía nada. Después conseguimos a alguien que trabajaba ahí y conversó para que lo pudieran revisar y hospitalizar. Al segundo día le encontraron un cáncer y muere dos horas después. 

-¿Qué año fue esto?

-En agosto se cumplen 10 años y siempre quedé con la sensación de que podría haber hecho algo más. Entonces me puse a investigar mientras hacía otros proyectos y de repente aparece Paula Díaz, que es el caso más mediático de eutanasia porque se la pide a Bachelet y a Piñera. Su caso me resuena mucho; le decían que estaba inventándose la enfermedad, lo mismo que le dijeron a mi papá. Ese fue el momento de levantar toda esta investigación y creo www.amortanasia.com.

-Y a través de este sitio web te empieza a escribir gente para que los ayudes.

-Sí, también sé o alguien me habla de personas y las contacto. Luego empezamos a conversar, les planteo cómo lo hago y traigo médicos de afuera del país que viajan con el medicamento. Todo esto es autogestionado, si la gente tiene dinero puede aportar, pero si no tiene se cubre por completo. Y bueno, cada médico usa su metodología para ayudar en el suicidio asistido del paciente; y por otro lado yo hago un acompañamiento durante meses, donde las personas tienen que estar compenetradas con sus familiares y dos veces a la semana le pregunto al paciente si desea seguir, y rectifica que esta decisión es concreta y también observo si están en sus plenas facultades mentales.

-¿A cuántas personas has acompañado en su muerte?

-A ocho personas, el primer caso lo realicé en septiembre de 2018 y el último es de hace muy poquitos días antes de la inauguración. Ahora hay gente interesada en apoyar Amortanasia, así que la idea es crear una ONG para ayudar y acompañar a personas que no tienen los recursos y a sus familias  para acceder a un buen acompañamiento.

Fotos: cortesía GAM

-A propósito de recursos ¿qué te pareció cuando el ministro de Salud, Jaime Mañalich, dijo: “a mí también me gusta hacer pedidos de Pascua”, sobre la Ley del cáncer?

-Mañalich, aparte de ser un pedante tremendo, tiene fama de ser un comerciante de la salud. Siempre ha estado vinculado al negocio de la medicina, entonces la eutanasia y el suicidio asistido son camas que se pierden. ¿Por qué Piñera levanta el método paliativo? Porque es plata que se le pasa a una clínica. No les conviene solucionar el problema del cáncer con dineros estatales porque se pierde el negocio. Y para responderle a Mañalich, la salud no es un regalo de Pascua, la salud es un derecho primordial que se ha dejado de lado todo el tiempo en este país. Y no se puede comparar el suicidio asistido con la pena de muerte, como lo hizo en Twitter porque eso es una violación a los derechos humanos. Habla del nivel de incompetencia que tiene en los temas de salud y que por algo fue expulsado del colegio médico. 

-El proyecto de eutanasia se presentó el 2014 y lleva años detenido en el Congreso, lo que muestra una desconexión muy grande entre los políticos y los problemas de la gente. 

-Necesitamos que esta sociedad tome conciencia que la política no se hace solamente en la institucionalidad y que se crea aquí en la calle. Básicamente una de las cosas que trato de hacer con mis proyectos es demostrar que si yo pude, que soy un hueón que se autofinancia, cualquiera puede. Soy alguien que no postula al Fondart porque no le quiero lavar la imagen a ningún gobierno de turno. Tampoco recibo platas de empresas porque no me interesan las empresas que explotan a los trabajadores y al medio ambiente.

-Pero a los artistas en Chile les importa mucho el Premio de Arte Joven, que entrega Minera Escondida.

-Este mundo neoliberal donde vivimos también influye en los artistas, que quieren ser exitosos, estar en las bienales, llevar la misma obra a distintos países, vender en ferias, tratar de ser famosos e importantes dentro del medio. Pero yo me puedo demorar tres años en hacer una obra y no me importa que en ese tiempo se olviden de mi nombre. No estoy pidiendo que hagan el mismo arte que yo, pero sí que se preocupen de hacer obra y no de ser exitosos.

-Aun así participaste de una edición de Feria Ch.ACO.

-No pintaba, pero empecé a hacerlo porque necesitaba las lucas. Así que fui a Feria Ch.ACO –con la galería Metales Pesados para financiar un proyecto de los 81 de San Miguel– cuando no tenía los medios comerciales de hoy, que tengo la posibilidad de vender cuadros. 

¿Y cómo fue esa experiencia de estar con coleccionistas, galeristas y art dealers?

-Fue rara, era todo muy snob, yo mismo me disfracé para entrar y caber ahí, pero llegó un momento en que fue como vomitivo, como un rechazo por completo a la institucionalidad. No quería ir más. Y sí, vendí todo, pero tuve que pagar $3 millones por el stand, así que los primeros cuadros fueron para pagarle a las dueñas. Pero no hablemos de esto que no le importa a nadie más que al medio que fagocita en sí mismo.

-La última vez que expusiste acá llegó la PDI. ¿Puede pasar algo parecido ahora?

-Esto es clandestino, para el Estado nosotros violamos el artículo 393 del Código Penal, que básicamente es: si sabes que alguien se va a suicidar y le prestas asistencia, te expones a una pena remitida de 541 días a 5 años y un día. El punto es que tiene que verificarse que a esa persona se le ayudo en un procedimiento de suicidio asistido, tienen que encontrar pruebas, y a mí no se me puede condenar porque solamente he hecho acompañamiento a moribundos. Si hay alguien cómplice, serían los médicos, pero no están en Chile y cumplieron su misión acá para que fuera legal y acelerar el proceso de debate. Vienen de países donde esto está legalizado y no los van a extraditar porque ellos encuentren que morir dignamente es un derecho.

Razón de morir mi vida se exhibe en GAM, Espacio B, hasta el 25 de julio.                                                          

Ma a Vi – 10 a 21 horas, Sa y Do – 11 a 21 horas. Gratis.