Cartas

Vive el bicampeón

Por: Richard Sandoval / Publicado: 28.06.2019
Alexis, alegre, recuperado, con amigos, volvió a ser Alexis, volvió al 2015, y ejecutó con la maestría del más grande quizás de nuestra historia. Y ya no había VAR. El fantasma de la precisión estaba muerto, inhabilitado. Y todos nos fuimos a celebrar, como ese viejo chico que mostraba la tele que nos recordaba cómo somos los chilenos; pequeños, añiñados, inteligentes por experiencia en una cancha y confiados en el comprobado talento.

Dos goles anulados después de celebrados po loco; con tres minutos de angustia, de fijarnos en cada ademán del estupendo señor Pitana. Es que lo sufrimos tanto. Es que sentimos tanto el mazazo de la injusticia. Algunos amigos decían que sí, que estuvo bien anulado el segundo, pero no el primero. Pero por la cresta, cómo es posible que no ganemos.

Algo en el corazón nos decía que teníamos que ganar, que jugamos es que demasiado increíble. Pero venían los penales, los que pueden ser malditos. Somos los especialistas en esto, dijo otro colega en el bar. Pero el miedo es inmenso en una tanda. Manos en la cara. Revoltijos en la guata. Y nos fuimos a los doce pasos. Gabriel, Gabriel, Gabriel. Revisamos tus estadísticas, habías atajado nueve de diecisiete. Pero no te salía. La tocabas, era el casi casi.

El guion de la tragedia se asomaba. Lo hiciste todo bien, pero te lo iba a ganar el destino cretino. Pero no fue, no fue, no fue. Genial estuvo Vidal, con todo le pegó Edu. No había sido el partido de Vargas, pero el hombre estaba contento. Uy y se vino Pulgar. La fe se hizo escasa.

Pero el joven cumplió, para la alegría de sus compañeros, que lo recibieron con sonrisas, como niños, como si estuviéramos en la liga del domingo. Daba la impresión de que equivocarse no era tan importante, aunque 18 millones se comieran las uñas junto a una lata caliente. Pasó Charles, el mejor de todos, el que se va de vacaciones a la casa de la mamá , el que gana millones de dólares pero el tiempo libre lo pasa en un living comedor de Puente Alto, con una sencilla tacita de té. Ganó Charles Mariano, y el destino hizo lo suyo.

Alexis, alegre, recuperado, con amigos, volvió a ser Alexis, volvió al 2015, y ejecutó con la maestría del más grande quizás de nuestra historia. Y ya no había VAR. El fantasma de la precisión estaba muerto, inhabilitado. Y todos nos fuimos a celebrar, como ese viejo chico que mostraba la tele que nos recordaba cómo somos los chilenos; pequeños, añiñados, inteligentes por experiencia en una cancha y confiados en el comprobado talento. Eliminamos al supuesto campeón. Ahí quedó Colombia, diría el King; aunque el bus llegó a lo Transantiago, Vive el Bicampeón

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