Fuad Chaín, presidente de la Democracia Cristiana, es hombre perseverante. Está convencido que su partido puede mejorar el reconocimiento ciudadano ubicándose en el centro político. Se ha distanciado de la ex Nueva Mayoría para optar por el camino propio. Genaro Arriagada lo asesora y también está convencido que el perfilamiento de la DC en el centro es la mejor opción porque ello le permite representar fielmente a las capas medias, que constituyen un elevado sector de la sociedad chilena.

El centro político hoy día es un camino equivocado. Fue la propuesta que impulsó la Concertación y también la Nueva Mayoría, pero se encuentra agotada. El centro político no está en condiciones de ofrecer las transformaciones que demanda nuestro país. Los datos están a la vista: 64% no se identifica con ninguna opción política y apenas un 7% con el centro político. (Encuesta CEP, junio 2019)

En todas las encuestas de opinión pública las demandas prioritarias son en favor de un nuevo sistema previsional, así como mejorar el sistema de salud pública y terminar con las arbitrariedades de las Isapres; y, por cierto, culminar con las transformaciones en favor de la educación pública. En suma, la población chilena exige recuperar sus derechos sociales fundamentales, al menos en esos tres ámbitos (Encuesta CEP, junio 2019). A ello se agrega la preocupación por la delincuencia, cuyo aumento es en gran parte consecuencia de las brechas sociales.

Hay algo adicional, que no lo indican las encuestas, pero imprescindible para recuperar el crecimiento económico y mejorar el empleo. Me refiero al agotamiento del modelo productivo rentista y depredador de los recursos naturales. Su transformación resulta necesaria, en favor de un modelo fundado en la ciencia, las nuevas tecnologías y la innovación. Es la manera de terminar con un rentismo ineficiente, para ampliar la frontera productiva, agregar valor a los bienes y servicios, lo que permitirá mejorar la productividad y la competitividad internacional de la economía.

Por otra parte, la confianza en las instituciones políticas de nuestro país se desploma, junto con sus personeros. Los políticos alcanzan 6% de confianza, senadores y diputados 7%, partidos 5%. La política y sus instituciones se encuentran en el momento más negro desde el retorno a la democracia. Por ello, al 75% de la población no le interesa participar en política. (Encuesta CERC-MORI, mayo 2019)
Con el retorno a la democracia, la Concertación y luego la Nueva Mayoría no modificaron el modelo económico y social instalado durante la dictadura. Actuaron “en la medida de lo posible”. Es decir, impulsaron una propuesta política de centro, que no sirvió para reducir las desigualdades y transformar el régimen excluyente. Pero ahora, como consecuencia del cansancio ciudadano y sobre todo por las protestas del 2011, las demandas de la sociedad son mayores.

Es explicable, entonces, que el camino propio de la nueva directiva de la DC haya enfrentado fuertes disidencias a al interior de la colectividad, en particular con diputados y senadores que discrepan del acuerdo de Chahín con el gobierno sobre la reforma impositiva.
El dirigente Nicolás Mena, cuestiona el camino seguido por la actual directiva de la DC, porque es una negación de su histórico “…sello trasformador, incluso revolucionario” del partido. No hay que olvidar, nos dice, que Eduardo Frei Montalva, impulsó la reforma agraria, uno de los cambios más profundos del siglo XX y muchas otras políticas progresistas. Y siempre tuvo la oposición de la derecha. En consecuencia, “La Democracia Cristiana requiere volver a sus orígenes, el de un partido ideológico, de ideas y convicciones progresistas, que nació para transformar la sociedad y no para administrarla” (El Mostrador, 08-06-2019). Tiene la razón.

Siempre, a propósito de las limitaciones actuales del centro político, Carla Moscoso, desde la vereda del Frente Amplio, en un artículo que denomina “la ilusión del Centro Político” destaca que la fórmula del centro político ha sido precisamente la característica de los gobiernos de la transición. Y, lo que ha quedado en evidencia es su incapacidad para hacer realidad una de las promesas centrales de la democracia liberal, a saber: bienestar económico de la mano de igualdad social. (El Mostrador, 30-06-2019). Comparto su apreciación.

En consecuencia, para crecer con equilibrios sociales y medioambientales, profundizar la democracia y ampliar las libertades ciudadanas el liderazgo el centro político no sirve. El centro político puede administrar, pero no transformar. Y la tarea de hoy es transformar.

El centrismo, al asumir el proyecto neoliberal, pierde legitimidad frente a la ciudadanía. Sólo un programa transformador puede ofrecer una respuesta efectiva al Chile actual frente al agotamiento económico, las inseguridades sociales, las desigualdades y a la crisis de las instituciones democráticas.


Economista