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Educación

El sueño de Ángela y Bárbara, las jóvenes científicas de Pudahuel que representarán a Chile en España

Por: Christopher Jerez Pinto / Publicado: 08.07.2019
niñas cientificas3 / Foto: Valentina Andrade
A fines de este año, las estudiantes del Colegio Santiago, Ángela Mardones y Bárbara Guerrero, participarán del Encuentro de Jóvenes Investigadores 2019 a realizarse en Salamanca. Con su proyecto, que tiene como fin identificar las moléculas intestinales del gusano de cera que degrada plásticos, buscarán posicionar a Chile como un referente en desarrollo científico escolar. En conversación con El Desconcierto, las jóvenes y sus profesores, hablan de las proyecciones de su viaje, de las mujeres en las ciencias y del bajo aporte estatal a esta área del conocimiento.

Alrededor de 13 millones de toneladas de plástico terminan repartidas en la naturaleza al año, siendo el océano su principal destino. Los especialistas han indicado que si esta tendencia continúa, para 2050 tendremos cerca de 12 mil millones de toneladas de este tipo de desechos en el planeta. Es la lenta degradación de este material, lo que lo convierte en un agente tan peligroso para el medio ambiente.

Precisamente, a solucionar esa problemática apunta el trabajo de las estudiantes de cuarto medio del Colegio Santiago de Pudahuel, Bárbara Guerrero y Ángela Mardones, quienes a fines de 2018 obtuvieron el segundo lugar en la ExpoCiencia Chile con su proyecto que busca disminuir el tiempo de descomposición de los plásticos.

Fue el profesor de Biología, Marcos Riquelme, quien se acercó a las chicas con la propuesta que más tarde les entregaría tantas alegrías. En específico, el docente les ofreció hacerse cargo de un proyecto que había quedado abandonado de cursos mayores, que debían abocarse a preparar la PSU.

Así fue como Bárbara y Ángela se introdujeron de lleno en el tema. Rápidamente, las alumnas se interiorizaron sobre el galleria mellonella, más conocido como gusano de cera. Es este invertebrado el que realiza la impresionante tarea de degradar el plástico, que en muchos casos tarda más de 400 años en desaparecer de la tierra.

El galardón que recibieron en la feria científica, además de reconocerlas como potenciales científicas, les brindará la acreditación para participar del Encuentro de Jóvenes Investigadores 2019 de Salamanca, donde representarán a Chile con su proyecto.

Un aporte al planeta

Además del acompañamiento del profesor Riquelme, las jóvenes trabajan junto al monitor de la iniciativa Bio-Class, Rodolfo Ávila, quien las orienta sobre estrategias experimentales para investigar o ensayos científicos a realizar. Todo esto en el marco de las sesiones de la Academia de Ciencias que impulsa el establecimiento.

De esta forma, previo a su arribo al viejo continente, el proyecto será profundizado con el fin de presentar hallazgos más contundentes en España. “Lo que propusieron las chiquillas y el profesor es conocer la manera en que estos gusanos degradan el plástico. Más específicamente, qué cosa dentro del gusano provoca la descomposición del plástico. El gusano se lo come, pasa por su intestino, y de alguna forma se degrada. Ahí, lo que estamos tratando de hacer, es identificar la molécula o bacteria que contribuye a eso“, explica Ávila.

El formato del encuentro en España, según Mardones, no incluye stands o multitudinarias ferias, tal como han sido sus anteriores experiencias. “La actividad consiste en presentar la tesis del proyecto frente a todos los asistentes que irán desde distintos países”, precisa la estudiante.

Según Ávila, este punto es importante, dado que “saber comunicar la ciencia” es un aspecto clave en la actualidad.  “Más allá de saber hacer experimentos, también hay que saber comunicar lo que estamos haciendo en el laboratorio, y más importante que eso: saber comunicar cómo lo que estamos haciendo genera un impacto positivo en la comunidad”, asegura el profesional.

“Esto es un tremendo hito, tanto para la comuna como para el colegio, porque van a representar a Chile, como una ‘selección científica del país’. Irán a representarnos y van a mostrar a Chile como un referente en la investigación científica a nivel escolar. Lo que se está haciendo en los colegios de Chile, lo van a comunicar ellas. Ellas nos están haciendo un tremendo favor “, agrega Ávila.

El co-fundador de Bio-Class agrega que, si bien es posible ver esta clase de iniciativas en investigaciones universitarias, “que hoy se genere este proyecto en el colegio es súper potente, porque le damos a la gente externa una visión de que hoy en los colegio se está haciendo ciencia”. Sobre lo mismo, añade que “el potencial que existe en los jóvenes hay que explotarlo. Hay que sacar esos talentos adelante”.

Acercar las ciencias

El Colegio Santiago de Pudahuel de la Red educacional Crecemos es, sin duda, una excepción a la regla. Conocido es que en Chile la educación científica tiene poca profundización en el curriculum, pero aún así el establecimiento ha decidido poner sus fichas en esta área.

Por lo mismo, además del proyecto de Ángela y Bárbara, actualmente otros cinco estudiantes de enseñanza media se encuentran analizando, con apoyo de la Universidad Católica, el impacto que ha tenido el calentamiento global sobre el Río Clarillo, en la Región Metropolitana.

El profesor Riquelme explica que “el plus de potenciar la educación científica está en que se le abren nuevos horizontes a los chiquillos y chiquillas. Son capaces de elaborar proyectos científicos serios e incluso hay varios que han manifestado interés particular en ciertas carreras científicas. Antes no lo tenían claro, pero gracias a estos talleres ven que esto tiene una aplicación”.

Ese es el caso de Ángela y Bárbara. Mientras que la primera planea convertirse en ingeniera en biotecnología, la segunda se debate entre la obstetricia u otra carrera ligada a las ciencias duras. “Esta experiencia significó darme cuenta de que me gusta crear e innovar. Todo esto me ha ayudado a ver que no es inalcanzable crear algo y que hay un montón de cosas nuevas por descubrir y están al alcance de uno“, dice Guerrero.

Por su parte, Ávila considera que es vital sacar las ciencias desde los espacios elitistas y llevarla nuevos lugares, dado que “el talento no discrimina, y puede estar tanto en Pudahuel como en Las Condes”. Según el profesional, “lo importante es brindar las herramientas para que ese talento pueda potenciarse y pueda sorprender”.

En relación a eso mismo, el representante de Bio-Class sostiene que muchas veces es la misma sociedad la que pone barreras al desarrollo científico. “Pensamos que se necesitan muchos recursos y equipamientos, pero eso no es así”, dice.

“Nosotros, cuando partimos acá, este laboratorio no tenía nada. Solo tenía mucho talento. Pero si llevamos este modelo a otros colegios, te aseguro que también encontrarás estudiantes motivados y con mucho conocimiento, pero que les faltan las oportunidades”, agrega.

Ana Elola junto sus estudiantes / Foto: Valentina Andrade

Mujeres en las ciencias

“Las cualidades y capacidades de una persona no están determinadas por su género”, dice con claridad Bárbara Guerrero. Su comentario no es antojadizo, sino que apunta a las históricas desigualdades que han afectado a las mujeres en las ciencias.

La joven agrega que “es súper importante el hecho de que dos mujeres estemos liderando un proyecto científico, ya que si bien somos 51% de la población chilena, no formamos parte de cargos o iniciativas importantes”.

Para luchar con desigualdades como esta es que la co-fundadora de Bio-Class y profesora de la Academia de Ciencias del Colegio Santiago, Ana Elola, incluye perspectiva de género en sus sesiones.

Por ejemplo, al hablar del ADN, la profesional no deja de mencionar a la científica Rosalind Franklin. Una mujer responsable de importantes contribuciones a la ciencia que nunca recibió el Premio Nobel. Posiblemente, a causa del patriarcal contexto en el que se desarrolló profesionalmente.

“Es importante que se releve a las mujeres que han aportado científicamente, porque eso empodera a las niñas a decir ‘yo también puedo ser científica, la ciencia no es solo de hombres'”, argumenta Elola.

La profesora valora el cambio generacional que ha experimentado la sociedad. “Ellas ven que el científico no es el tipo hombre loco encerrado en un laboratorio, sino que también son mujeres las que hacen ciencia“, dice.

Bajo apoyo estatal a las ciencias

Además de brillar por su talento científico, Ángela Mardones también es una joven crítica. Por lo mismo, la estudiante apunta a la baja valoración que el Estado chileno ha dado a las ciencias históricamente.

Los colegios no se especializan en ciencias porque no tienen todos los implementos para apoyar a los niños que sí quieren seguir una carrera en las ciencias. Nosotros tuvimos la gran oportunidad de que el colegio contrató a BioClass, pero no es la realidad de todos”, dice la alumna.

Según Mardones, los gobiernos deberían comprometerse a dotar a los establecimientos de implementos y herramientas suficientes para desarrollar clases y proyectos con mayor profundidad.

Ávila está de acuerdo con Mardones, y apunta a la baja inversión estatal a las ciencias. Para graficar ese abandono, es importante mencionar que Chile sólo destina un 0,4% del PIB a la actividad científica, mientras que el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es de 2,5%.

“Eso es una consecuencia de que la ciencia, a nivel general, está súper subvalorada. No se le toma importancia que debería, porque la ciencia está en cualquier parte. Hay ciencia involucrada en todos lados. Lo que pasa es que no estamos acostumbrados a verla”, indica el profesional.

El líder de Bio-Class señala que este contexto se puede cambiar “si hoy nos enfocamos en trabajar con los estudiantes, porque son las personas que tomarán decisiones en el futuro. Son los futuros profesionales que ocuparán cargos en empresas, fundaciones o instituciones, y que van ser conscientes de tomar mejores decisiones, incluso desde el Estado, y así apoyar la ciencia con más recursos“.

Por todo esto es que Mardones clama por un respaldo real y comprometido. “Nosotras y nosotros sí podemos cambiar el mundo. Cada persona, no importa su edad, puede significar un aporte”, remata la joven que -junto a su compañera Bárbara- buscará demostrarle al país que los jóvenes científicos merecen mayores oportunidades.

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