Atrevida, talentosa y audaz, son los adjetivos que más se repiten al preguntar por Mónica Briones Puccio. “Una mujer adelantada a su época”, dirán aquí y allá. Dueña de un talento descollante para la pintura y la escultura, una artista innata que se convirtió en una de las figuras más relevantes para el movimiento lésbico en Chile.

Mónica era una lesbiana orgullosa, con expresión de género masculina y decidió enfrentar su orientación sexual a muy corta edad, abriendo la puerta -posiblemente- a las mayores violencias y opresiones que viviría después, incluso en el seno familiar. Pero lo cierto es que en 1984, en plena dictadura, a sus 34 años, Mónica vivía la vida con pasión y era protagonista de intensas relaciones amorosas que la marcarían.

A dos días de su cumpleaños, un 9 de julio, mientras se retiraba de la última de varias celebraciones, a la salida del bar Jaque Mate y mientras esperaba la micro para volver a su casa, la pintora fue golpeada hasta la muerte. Su atacante la pateó en el suelo hasta que su cráneo se fracturó.

La historia de Mónica Briones ha inspirado reportajes televisivos, una crónica de Pedro Lemebel, obras de teatro y hasta una película. Así, a más de tres décadas de su muerte, el recuerdo de la artista se ha mantenido vigente en la memoria de quienes han empatizado con el caso.

“Una mujer creativa y distinta”, tituló una revista de la época con una pequeña semblanza de la artista. Allí ella confesó, probablemente a un insistente periodista: “No me he casado porque quitaría tiempo a mi arte”.

En ese mismo artículo sentenció que no le temía a la muerte, porque sabía que moriría joven.

Si se piensa bien, el ataque de Mónica podría haber sido en estos días: Una mujer a quien describían como delgada, rubia y alegre, quería ir a bailar con sus amigos a la discoteque del momento. Probablemente, se fumó varios cigarros, pidió algo de beber, rió a carcajadas y se le pasó la noche volando.

Pasadas las cuatro de la mañana, salió del bar. Caminó hasta Merced con Irene Morales para tomar una micro a su casa. Su asesino la conoce, quizá la siguió, quizá era algo premeditado. Los matinales, también habrían hecho un festín con su vida personal.

Un ataque lesbofóbico que se repite en casos como el de Carolina Torres, Nicole Saavedra y Susana Sanhueza, historias que se cruzan con su figura. El reflejo de un país que sigue igual.

Una vida difícil 

Durante su adolescencia, cuando Briones reveló a su familia que era lesbiana, el panorama para la joven se fue tornando cada vez más oscuro. En su periodo más tormentoso, terminó internada en un psiquiátrico, donde incluso le aplicaron electroshock.

—Sus intentos de suicidio fueron más que nada por el tema de la represión, de no ser aceptada. Toda esa carga produce angustia y soledad y hoy eso sigue pasando, tal como le pasó a Mónica en su juventud—, explica al otro lado de la línea, Erika Montecinos, directora de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio.

En medio de ese túnel, Mónica abusó de las pastillas y el alcohol, posiblemente porque sentía que no podía ser libre. La opresión de su familia la ahogaba cada día más; una jaula de oro para esa mujer que lo tenía todo y nada a la vez.

Por su parte, Cecilia Riquelme, fundadora de la primera organización lésbica en Chile, llamada Ayuquelén y amiga de Mónica Briones, cuenta que si bien la joven nunca fue activista, el movimiento generado en repudio a su crimen ha pavimentado el camino a las nuevas generaciones de jóvenes lesbianas. Su historia de valentía sigue inspirando a otras mujeres.

—Hoy las chiquillas tienen muchos más referentes y más información, antes no existía nada y había muchísimo miedo al rechazo. Hay gente que tiene más herramientas para lidiar con todo esto, pero el suicidio es una cuestión que lamentablemente aún se da mucho por esas razones—, comenta Riquelme.

Érika Montecinos es una de las periodistas que más se ha interiorizado y ha investigado sobre la biografía de la pintora. Por lo mismo, puede asegurar que al menos en sus últimos años, Mónica vivía su lesbianismo con orgullo, pese a que los problemas familiares fueron minando su carrera como artista plástica.

En homenaje a Mónica Briones, este martes 9 de julio de 2019, en la conmemoración del quinto Día de la Visibilidad Lésbica desde su determinación en 2015, las organizaciones lesbofeministas harán ingreso de una solicitud al Consejo de Monumento para instalar un memorial en el lugar donde fue asesinada. Se trata de una pieza de mosaicos que realizará el Colectivo Musa y que tendrá el rostro de la escultora. Contará con una placa conmemorativa que dirá: “En memoria de todas las mujeres lesbianas agredidas, violentadas o asesinadas por su orientación sexual y/o identidad de género”, adelanta Montecinos, quien ha promovido la iniciativa junto a otras organizaciones.

La impunidad

Las hipótesis sobre el asesinato de Mónica fueron numerosas: Que había sido un accidente de tránsito, que la había mandado a matar el esposo CNI de una pareja que tenía y que fue un crimen motivado por su expresión de género. Incluso, que la podía haber matado su amiga que la acompañaba ese día.

Sin embargo, la justicia cerró el caso sin culpables. Por su parte, las agrupaciones lésbicas no necesitan esta venia institucional para asegurar que a Mónica Briones la mataron por ser lesbiana. Para ellas, lo dice la alevosía en el ataque y las constantes persecuciones nocturnas que vivía.

Las deficiencias y la desidia en el caso judicial de la artista no distan mucho de la actual respuesta institucional a los asesinatos lesbofóbicos que se ven hoy.

—Nos matan por nuestra expresión de género, por ser “camionas” y por no ser lo que esta sociedad machista dice que debe ser una mujer, a las que se les exige que tienen que ser femeninas y tienen que estar disponibles para los hombres. Aún persiste el pensamiento de que eso tiene que ser castigadas. Hay grupos que todavía piensan que a través de la represión y el crimen, van a poder borrar cualquier vestigio de estas “mujeres raras”, como ellos dicen. Es lamentable que tengamos que estar una vez más marchando, denunciando y visibilizando el caso de Nicole Saavedra, tal cual se hizo con Mónica, con María Pía (Castro) y tantas más—, explica Montecinos.

La directora de Rompiendo el Silencio puntualiza esa similitud entre el tratamiento de las investigaciones de Nicole Saavedra y Mónica Briones. Ambas causas demoraron en el inicio de sus investigaciones y muchas pericias se realizaron de forma deficiente.

Riquelme coincide con su par activista en que debe haber enfoque en la prevención de estos ataques, con políticas públicas que sensibilicen y eduquen a la población. Que crímenes como el de Mónica o Nicole, no sigan sucediendo o que al menos consigan justicia.

—Merecemos ser ciudadanas como cualquier otra persona. No queremos ser tratadas como una minoría, pero para eso falta harto tiempo, porque hay muchas promesas de cambio, pero va todo a cuenta gotas y mientras tanto nos siguen matando—, se lamenta la activista.

Riquelme cree que levantar un memorial por su amiga, “es lo mínimo” y que también es importante rescatar la historia de todas las organizaciones que han contribuido a esta visibilidad.

—Son mujeres que han luchado por distintos derechos, por la no discriminación, por visibilizar los crímenes de odio lesbofóbicos. Todo eso es importantísimo, porque todo esto será un aprendizaje para el futuro—, concluye la ex Ayuquelén.