Cultura

Ojos que no ven: una exploración al mundo de los ciegos

Por: Elisa Montesinos / Publicado: 12.07.2019
La fotógrafa Paz Errázuriz y el biólogo y escritor Jorge Díaz emprendieron hace dos años una investigación interdisciplinaria alrededor de la ceguera. Caminaron juntos por el centro de Santiago, revisaron los archivos de Paz rastreando la antigua obsesión de la fotógrafa por retratar a personas ciegas, lo que se observa en la primera mitad del libro. Abordaron el tema desde lo científico, lo fotográfico, lo poético y a través del vídeo. El resultado es el libro "Ojos que no ven" y la exhibición del mismo nombre en la galería D21 hasta el 1 de agosto, que luego itinerará a Puerto Montt. El libro se presenta en Valparaíso el próximo jueves 18 de julio en el Parque Cultural.

Hace algunos años Paz Errázuriz (P) invitó a Díaz (J) a investigar con ella un tema que venía trabajando desde sus comienzos en la fotografía en los años 70. Esta mañana vienen a la Corporación para ciegos a devolver el resultado de la investigación, ofrecerán una charla y traen libros. Pese a que alguien les dijo aquí mismo que para él la fotografía solo era un de pedazo de papel, en el camino encontraron colaboradores, como el escritor Lorenzo Morales, de quien citan el poema “En defensa de la ceguera”. Su texto está presente en el libro y atraviesa el video realizado especialmente por Carolina Tironi para la exhibición. Morales, también actor de la obra Punto ciego que se presentó hasta hace poco en el Teatro del Puente, revisa en un rincón sus mensajes en el celular con un programa especial que le permite oírlos. Él ha sido una inspiración para Paz y Jorge, la fotógrafa y el biólogo explorando juntos el mundo de los ciegos.

-¿Cómo surgió la idea de colaborar en este proyecto?

J: Yo estudié biología, pero trabajaba en la Facultad de Medicina en las revistas, en el sector que se llama hemeroteca, ahí están las revistas científicas en general. Encontré un estante de libros de literatura y estaba El infarto del alma, que es el libro que hizo Paz con Diamela Eltit, en esta vinculación que ella hace siempre entre fotografía, imagen y otro tipo de recursos como el video. Para mí fue muy decidor y también me permitió entender de otra manera la enfermedad, porque ahí se trabaja el amor en la locura, son parejas de locos en un psiquiátrico, pero trabajado desde una perspectiva más poética bajo el ojo atento de Paz. Que yo aprendiera sobre la locura en una facultad de medicina a partir de esta otra forma de entender me permitió seguir explorando vínculos entre las disciplinas. Cruzar las fronteras es algo que me vincula con el trabajo de Paz, aparte de las imágenes de La manzana de Adán, que son estas travestis que de alguna manera generaron como una retina en muchos activistas; son como nuestra imagen de las disidencias sexuales.

P: En un comienzo no habíamos pensado que el libro tuviera esta historia en el tiempo, pero empezamos a revisar y había material a lo largo de todo mi trayecto fotográfico, de los años 70 incluso. Para mí fue constatar hasta dónde yo estaba obsesionada con el tema. Luego, con Jorge investigamos en conjunto autores, como por ejemplo Oliver Sacks, que fue un gran aporte. Y la fotos son desde esa época, los 70, hasta ahora.

-Y en esta idea de retratar los ojos, las miradas, ¿contaron con la colaboración de gente que participa acá, o también siguieron a personas en la calle? ¿Cómo trabajaron?

P: De muy distintas maneras. Yo pude trabajar un tiempo con un grupo de ciegos que participaron en un taller, ahí tuve la autorización de hacer todas las fotografías, retratos, y empecé a enfocar a esta parte que era más difícil de hacer: los ojos. 

J: Durante el proceso del libro tuvimos contacto con dos grupos, uno en la Universidad de Chile, que es un taller para ciegos combinado con el audiovisual, y hacen películas. Nos invitaron a una sesión y para mí fue muy revelador porque entendimos que había muchas maneras de entender la ceguera, cada uno lo vivía de maneras muy distintas. No había un único relato.  Después estuvimos en un taller de fotografía que se hace aquí en la corporación. También fue este vínculo entre ceguera y arte. Un ciego en el taller de la Universidad de Chile nos dijo que para él la fotografía era solo un trozo de papel y tampoco le interesaba.

P: Me descartó de un viaje (risas)

J: Nos dimos cuenta que hay gente que tenía cierta nostalgia con lo que alguna vez vio o lo que nunca vio, y había otros como Lorenzo que consideran la ceguera casi como un lugar epistemológico de conocimiento. Una manera de mirar el mundo en una sociedad ocularcéntrica, donde todo pasa por la mirada. Al abrir este libro es como que estos ojos de alguna manera te están mirando. Hay muchos escritos sobre la ceguera. Se consideran personas que pueden mirar el futuro, o para Sábato son como sujetos malvados que están buscando armar un nuevo mundo. O Saramago, que piensa que la ceguera es blanca, no negra. Hay toda una perspectiva que en Occidente privilegia la visión.

-¿No todos los ciegos tenían esta opinión sobre que no les importaba la fotografía? 

P: No, esa fue una opinión muy desafiante. Fue como un reto. Creo que marcó todo el trayecto, durante todo el trabajo. O sea, hasta qué punto es un puro papel. La misma imagen. Nosotros estamos sofocados ya de imágenes, saturados. Entonces, cómo pensar este trabajo teniendo en cuenta eso.

J: De hecho el libro parte con una cita de Sor Juan Inés de la Cruz, ella dice, “y por mirarlo todo, nada veía, ni discernir podía”. Estar obnubilados de imágenes de alguna manera impide enfocarse en algo.

-Generalmente uno no tiene acceso al primer plano de los ojos de un ciego, es algo muy íntimo

P: Está eso tal vez cultural, que no hay que mirar mucho. Y es casi como una necesidad para llegar al alma de manera muy directa. De esas imágenes hay muchas en el libro.

J: No queríamos una mirada dulcificada de la ceguera. Está la idea de los ojos de colores como los ojos bellos. Y acá son, primero, puros ojos grises y ojos que no cumplen con este patrón tradicional de la belleza occidental, pero tenemos que mirarlos y reconocernos en esos desvíos, en esas miradas torcidas frente a la realidad.

-Socialmente existe el estereotipo del ciego que pide plata en la calle, como si fuera el único lugar posible

J: Está al principio del libro. En estos recorrido de Paz por la ciudad se ve mucho. La mayoría de los ciegos que ella encontraba eran hombres, pocas mujeres. Además en un momento complejo de dictadura donde las mujeres no debían salir a la calle. Hicimos el esfuerzo de poner mujeres en el libro. 

-¿Han pensando hacer el libro en braille?

J: No, porque es un libro hecho para los videntes, para que nosotros volvamos a mirar de otra manera

P: A pesar de que no está en braille hoy día el libro se ha grabado. 

-¿Cuál fue la reacción de las personas que posaron para ustedes?

P: Sabiendo de qué se trata, súper normal. Hay otras fotos de calle donde no pedía la autorización. Las reacciones son distintas a lo largo de todo este tiempo. Imagínate para mí como fotógrafa el tremendo miedo. Tengo un problema a la mácula y me tengo que inyectar cada cierto tiempo. Es una cercanía muy grande con el tema desde todo punto de vista. 

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