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Cristián Cuevas, de Convergencia Social, dispara al FA: “La política no pasa solamente por las expresiones institucionales”

Por: Diego Alonso Bravo C. / Publicado: 14.07.2019
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Hace dos meses secunda a la diputada Gael Yeomans en el nuevo "partido en formación", resultado de la fusión de el Movimiento Autonomista, la Izquierda Libertaria, la Nueva Democracia, y Socialismo y Libertad. Aquí habla de los objetivos que tiene para su nueva casa política, la elite de izquierda dentro del Frente Amplio, y el futuro de los trabajadores, en un escenario con movilizaciones activas en distintos sectores: "El trabajador va a cumplir funciones más precarizadas: sin derechos, por horas o hasta por segundos. La automatización es parte del proceso del propio capital. Tenemos que apostar a un modelo de desarrollo donde el ser humano esté en el centro", augura.

Siempre por la vereda izquierda. Así ha sido el camino por el que ha transitado el dirigente sindical Cristián Cuevas: su primera militancia fue en el Partido Socialista, luego en el Partido Comunista, y ahora ejerce como vicepresidente del recién creado Convergencia Social (reconocido como “partido en formación” por el Servicio Electoral), que agrupa al Movimiento Autonomista, la Izquierda Libertaria, la Nueva Democracia, y Socialismo y Libertad. Quizás la izquierda más radical de todo el Frente Amplio. 

Su rol es el de cable a tierra: entre tanto político joven formado en las movilizaciones estudiantiles, impera la necesidad de alguien con experiencia suficiente como para conectar con los trabajadores y trabajadoras que no tienen acceso al privilegio de la educación superior. Bien sabe él de eso que llaman calle. Basta recordar en 2007, cuando estuvo en la primera línea de la huelga de 37 días (buses quemados y bloqueo de accesos a las minas mediante) que llevó a cabo la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), agrupación que entonces presidía. El resultado fueron mejoras salariales, becas escolares y bonos por productividad, entre otras cosas.

Fue una muestra de perseverancia. La misma que tuvo cuando quiso ser diputado en 2009 y 2013, ambas postulaciones con resultados desfavorables. Pero la última le dejó un rédito que lo llevó a la agregaduría laboral en la embajada chilena en España en 2014, con Michelle Bachelet en La Moneda.

Desde su regreso al país ha estado trabajando con el mundo contratista de la industria del cobre, en paralelo a su rol dentro de la oposición. Además, participa en la articulación de la Confederación de Trabajadores de la Minería, una organización en proceso de construcción. Todo, considerando “las virtudes que tiene el Frente Amplio en su diversidad: existe en la medida que exista diversidad política, ideológica y que entre ellas dialoguen en función de un proyecto común, que es poder terminar con la larga noche del neoliberalismo”.

-Una de las críticas que se le hace al Frente Amplio es ser de una elite que no ha vivido aquello que pretende representar, un distanciamiento entre las ideas que promueven y la experiencia propia. ¿Reconoces esa relación? ¿Cómo se sopesa ese escenario?

-Como Convergencia no somos parte de la elite. Somos gente trabajadora que desarrollamos nuestro trabajo en comunidad. Hemos estado en los principales conflictos de estas dos últimas décadas en nuestro país, donde se configuran y se van construyendo esas experiencias y, por lo tanto, nosotros tenemos que dotar al Frente Amplio de eso. 

-¿Cómo?

-Primero, desparlamentarizar la política. No se puede estar haciendo política en función del parlamento; sino que debe ser pensando en cuánta fuerza nosotros vamos a tener, nuestra influencia y nuestras espaldas sociales. 

-Entonces reconoces que existe una elite que está separada de la realidad.

-El no reconocerlo es que no lo miras ni lo observas. Pero es un espacio que está en disputa y, por tanto, es parte de la diversidad que está ahí. Tenemos a nuestra compañera presidenta que está en el parlamento, Gael Yeomans, pero ella también ha dialogado y ha sido parte de las construcciones desde abajo. Es parte del sello de Convergencia, y eso es lo que queremos hacer distinto. No queremos hablarle al 20 por ciento que tuvimos con Beatriz (Sánchez). Es parte de la tarea, la misión y la responsabilidad política que como vicepresidente tengo.

-Eso, respecto a lo que Convergencia Social tiene que hacer. ¿Cuál debiesen ser las intenciones del resto del Frente Amplio para lograr llegar a todos los que no participan de las elecciones, más allá del que votó por la excandidata presidencial Beatriz Sánchez?

-Deben tener la convicción que la política no pasa solamente por las expresiones institucionales. Por eso es tan importante a quién elegimos para que nos represente en el ámbito parlamentario, alcaldes, concejales, etcétera. Necesitamos que los que elijamos tengan ese vínculo, esa relación colectiva, y no pensar que los espacios de lobby político a ciegas van a resolver los conflictos. Hay que entender también que el Frente Amplio es una generación de este tiempo en su mayoría y, por lo tanto, tiene que hacer esa conexión, porque no son tantas las espaldas que tiene. Hay que volver a la gente, al pueblo, al trabajo social, oler y caminar con ellos. Es una cuestión pedagógica.

-¿Pudo ser el Congreso el que levantó los muros entre los representantes y los representados? O en otras palabras, ¿se aburguesó el Frente Amplio?

-No es así, y lo hemos demostrado: hay un mandato en que ningún parlamentario nuestro puede estar más de dos periodos; somos los únicos que hemos planteado la rebaja a la dieta parlamentaria. No somos parte del resto del andamiaje.

-Pero reconoces que hay, al menos, dos niveles: el de la elite y a los que ellos representan.

-Son dos cosas distintas, distintos espacios. Al Frente Amplio hay que dotarlo de mayor fuerza social transformardora, de mayor espalda, mayor vínculo con la calle.

-¿Hubo vínculo en algún momento? ¿Y si existió, ahora se perdió?

-Entendiendo que el grueso del Frente Amplio viene de la lucha estudiantil. Las experiencias del mundo del trabajo, las necesidades concretas, la lucha diaria del ciudadano, es algo que no se les puede exigir. Tenemos que ver cómo a esos sectores los llamamos a ser parte de ese proyecto. Es un déficit en el que sin duda estamos trabajando. No entendemos una militancia en el WhatsApp, discutiendo, si no está vinculada a la vida de las personas. Apelamos a la politización de la sociedad. 

-¿Mientras esa distancia exista, no es ese un comportamiento que perpetúa la política de antes, la que se hacía en la cocina?

-El Frente Amplio son fuerzas que se están construyendo, son emergentes. Es importante el cruce de la experiencia. Una generación no va a hacer el cambio. Por eso es importante la historicidad, la continuidad de aquello y no que hoy nacemos para cambiarlo todo de la nada. Hay años acumulados por otros y otras. Como Convergencia le ponemos la centralidad. Nuestros parlamentarios irrumpen, aprenden y, por tanto, los representantes tienen que estar conectados con el partido y no solamente a las vocerías individuales; tienen que estar conectados a la cotidianeidad. 

-¿Cuáles son los efectos o consecuencias de un país dirigido por una elite desconectada? Pienso no solo en aquello que se le critica al Frente Amplio, sino también en las autoridades de Gobierno: el que viajó a Europa “recién a los 30”, o el que pensaba que el after era en los Cesfam.

-Es dramático. Nuestras cabezas fueron neoliberalizadas, incluso a los que resistimos el neoliberalismo. Es tan violento. Es ejercer una violencia permanente hacia las mayorías. Los casos de Quinteros, Puchuncaví, Tocopilla, Coronel, Arauco, donde el extractivismo se ha desatado. Eso ha generado una precariedad que es la incertidumbre misma. Sé que la respuesta no son estos gobiernos y tenemos que leer por qué hay un 60 por ciento de las personas que no están participando en la toma de decisiones y que no se siente representado por nadie. No nos ven a nosotros como una posibilidad, y ese es el trabajo titánico que tenemos que hacer.

-¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre la elite de derecha y la de izquierda?

-Lo que la derecha ha hecho es seguir concentrando el poder económico, y sectores de la izquierda fueron cooptados por esa elite y prácticas. La derecha los corrompió, los neutralizó, los hizo perder los objetivos y eso caló hondo en la socialdemocracia, que finalmente asimiló las prácticas de la derecha. 

-¿La izquierda replica comportamientos de la derecha?

-La socialdemocracia, eso no es izquierda. La socialdemocracia, que no ha sido la respuesta en América latina, ni en Europa, ni en África. Me refiero a los PPD, los socialistas, etcétera.

Futuro: Fascismo y automatización

-¿Cuál debiese ser la respuesta de la izquierda al alza de la derecha extrema? Pensando, por ejemplo, en las redes y el posicionamiento que ha alcanzado José Antonio Kast. 

-La izquierda no puede vivir atemorizada, ni replegada. Necesitamos una izquierda empoderada que logre construir un relato para este tiempo. La ultraderecha avanza en función de esas capas populares despolitizadas que es el mundo cristiano. En algún minuto, esas capas miraron a la izquierda como respuesta entre la fe y la justicia social. Tenemos que ir a disputar ese espacio de la fe, para entender la emancipación y la liberación, y no situarlo como la derecha quiere plantearlo, que es en los temas valóricos. 

-¿Existen representantes de la iglesia que hoy en día sean cercanos a la izquierda y sirvan para que esa parte de la población se sienta representada?

-Todas las instituciones están en crisis. Las iglesias también, por las situaciones de abusos. Hay un sector cristiano que aspira a la justicia social y a la democracia como forma de resolución de los conflictos y las tensiones. Ese debe ser el diálogo, más allá de una única persona: no debe ser el parlamento, sino donde están las convergencias sociales. Hay huellas, pero no referentes, como los que estaban antes.

-Están movilizados los profesores, los trabajadores de Wallmart, las expectativas económicas no se están cumpliendo, la automatización del trabajo es una realidad que está a la vuelta de la esquina. ¿Qué lectura haces de todo esto?

-Cuando miro el mundo del trabajo, veo que la profundización de la precarización está a niveles desorbitantes. Ese es el principal problema que tenemos. Lo conecto con Uber: detrás de ese trabajo hay un capitalista escondido, un patrón que no se hace responsable, al que le están generando ganancias sin invertir absolutamente nada. ¿Por qué lo conecto con la automatización? Porque hay franjas que van a desaparecer, pero no el trabajador, que va a cumplir funciones más precarizadas: sin derechos, por horas o hasta por segundos. La automatización es parte del proceso del propio capital. El tema es qué va a pasar con el ejército de hombres y mujeres sin derechos, sin beneficios ni seguridad social. Tenemos que apostar a un modelo de desarrollo distinto, donde el ser humano esté en el centro; el ser humano y su entorno. 

-¿Alguna solución a corto plazo?

-Son temas que tenemos que desarrollar. Pero hay apuestas concretas: la propia diputada Camila Vallejo apunta a la reducción de la jornada laboral a 40 horas. En Europa se plantean las 36 horas sin pérdida de derecho. Entonces ahí está: que la disminución no signifique menos derechos.

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