Opinión

Una Academia en movimiento

Por: Álvaro Ramis / Publicado: 16.07.2019
Es importante analizar rigurosamente del proceso de la UAHC ya que representa un caso excepcional en nuestro país. Se trata de la única institución en la que vota todo el cuerpo académico, incluyendo a los profesores a honorarios, y todo el estamento estudiantil y laboral. Este aspecto influye en la complejidad de su gobernabilidad interna y tensiona a la universidad con sus propios principios institucionales, ya que exige un despliegue de energía incomparablemente mayor que en una universidad que designa a sus autoridades en un directorio de accionistas o por medio de un comité de búsqueda, filtrado por autoridades eclesiales.

Se han cumplido cuatro años desde la modificación al DFL2/09, en aquellas normas que impedían la participación triestamental en la toma de decisiones colegiadas y en la elección de autoridades unipersonales en las instituciones de educación superior. Esta prohibición prolongaba la intervención de las universidades, producida el 11 de septiembre de 1973, y que clausuró el proceso democratizador iniciado por la reforma universitaria de 1967-68.

Pero desde el 2015 el debate sobre la participación en los gobiernos universitarios no parece haber avanzado sustancialmente, ya que, eliminadas las barreras legales, lo que cabe ahora es la implementación concreta de este tipo de procesos, en cada institución de educación superior. Pero construir un sistema de gobernanza democrática en una universidad es un proceso que exige articulación de voluntades y compromisos cívicos muy exigentes.

Si bien se están ensayando diversos procesos, y se han iniciado reformas a los estatutos de varias universidades públicas, la experiencia más avanzada, en términos de democratización concreta, es la que vive la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Nuestra institución, heredera del pensamiento universitario de Eugenio González Rojas, Fernando Castillo Velasco, y los movimientos de reforma previos a 1973, inició tempranamente los procesos de participación electoral a nivel de claustros de escuela, a partir de 1996. Desde 2000 ya se implementaron consultas no vinculantes en la elección de direcciones de escuela y rectoría. Y en 2012 la Academia realizó por primera vez una “consulta triestamental vinculante” para escoger al rector, en la cual resultó electo José Bengoa. Esta consulta superó en los hechos la vigencia del DF2/09, lo que demuestra que más allá de toda limitación normativa, la condición sine qua non es la existencia de una voluntad democrática inequívoca y decidida en las autoridades. Esta variable es indispensable, y de ella depende en definitiva la posibilidad de avanzar en este tipo de procesos.

En la persona del rector José Bengoa se sintetizaron los dos énfasis que ha tenido el pensamiento crítico universitario en Chile. Por un lado, el sentido de autonomía y responsabilidad de una universidad con vocación pública, representado por el rector Eugenio González, y por otra la voluntad de Proyectar en Comunidad, propia del rector Castillo Velasco. Hoy la Academia de Humanismo Cristiano enfrenta un nuevo proceso electoral para la elección de la rectoría, bajo normas legales claras y plenamente vigentes. Sin embargo, el desafío democrático permanece.

Es importante analizar rigurosamente del proceso de la UAHC ya que representa un caso excepcional en nuestro país. Se trata de la única institución en la que vota todo el cuerpo académico, incluyendo a los profesores a honorarios, y todo el estamento estudiantil y laboral. Este aspecto influye en la complejidad de su gobernabilidad interna y tensiona a la universidad con sus propios principios institucionales, ya que exige un despliegue de energía incomparablemente mayor que en una universidad que designa a sus autoridades en un directorio de accionistas o por medio de un comité de búsqueda, filtrado por autoridades eclesiales.

Vivir la democracia en una universidad requiere esfuerzo. Exige una academia en permanente movimiento, que fluye activamente, que no se detiene en lo pequeño y apunta a grandes objetivos. Y también requiere autocrítica. La democracia puede morir si se convierte en clientelismo, presión laboral indebida, favoritismo, redes de compadrazgo o promesas irresponsables[1]. A la vez existen ámbitos que no pueden ser dirimidos bajo el principio de mayoría, sino bajo la deliberación razonada de argumentos. Es el caso del desarrollo curricular, las líneas de investigación y desarrollo académico, la contratación y ascenso de profesores, la infraestructura, inversiones, y otros ámbitos académicos de relevancia, que exigen la responsabilidad del gobierno universitario.

La participación triestamental en la vida universitaria es una conquista enorme, que, desde el Grito de Córdoba, en 1918, ha vivido momentos de avance y retroceso cíclico en América Latina. En Chile es un objetivo que se ha postergado por décadas. Es el momento de avanzar en su concretización, pero en forma seria, enfrentando el peligro de captura de estos espacios por intereses corporativos o individuales. El fin propio de las instituciones académicas no se puede alcanzar con esquemas de gobierno que se homologuen a los directorios empresariales. Es necesario buscar, en medio de aciertos y errores, una forma específica de participación que permita construir su proyecto colectivo, reencontrando el valor del pensamiento crítico y colaborando en el desarrollo de una educación transformadora para Chile.

[1] Keane, J. (2018): Vida y muerte de la democracia. FCE, México.

Álvaro Ramis
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