La Empresa de Servicios Sanitarios de Los Lagos (ESSAL) ha causado estragos en Osorno por el derrame de 1.100 litros de petróleo en los estanques de potabilización. Con esto, más de 180.000 habitantes quedaron sin suministro de agua en la ciudad. Y el prometido restablecimiento ha sido defectuoso: después de una semana se anunció la vuelta del servicio, pero horas más tarde se volvió a anunciar un corte. Se ha hablado de compensaciones, pero la paciencia parece agotarse.

Durante las últimas horas, en las calles de la ciudad la presión se ha hecho sentir. Cientos de personas se congregaron para protestar contra la distribuidora privada: “el agua no es un negocio”, se leía en las pancartas.

Después de pasar el día feriado completo sin agua, finalmente, la tarde de este miércoles el servicio estuvo parcialmente activo; aun así, los osorninos fueron cautelosos en utilizar el agua que salía de sus llaves de la cocina, del baño, de las mangueras. El color café oscuro que caracterizó al recurso hídrico durante la emergencia sigue generando inseguridad en la población local -por el nivel de toxicidad-, mientras el gobierno mandaba señales confusas, con el Presidente Sebastián Piñera cancelando a última hora un viaje privado a Estados Unidos.

Pero más allá de la actual crisis, este episodio no es el único conflicto que ha desatado Essal. De hecho, tiene una historial de denuncias en su contra, dejando, así, una negativa marca en distintos territorios de la región.

Fecas flotando por la ribera de los lagos, malos olores, mortandad de especies nativas, alejamiento de aves, focos infecciosos. Esos son los relatos que se repiten.

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“No le mentimos al turista: Panguipulli es un lago contaminado”

En el caso de Panguipulli esa historia tiene más de 20 años. Vito Caprano es médico de profesión e integrante de la Agrupación Lago Limpio y ha estado en primera línea en el debate contra la empresa sanitaria. Él mismo encabezó el 2004 una conferencia de prensa cuando colapsó el sistema de tratamiento de aguas servidas y la bahía se repletó de fecas. Todo eso llegó hasta el lago.

Otro episodio de las mismas características fue más reciente, en 2017. Si bien, con la nueva planta elevadora se redujeron las descargas al lago, quedaron instalados dos tubos que se utilizarían para desaguar solo en caso de emergencia. Pero en las condiciones actuales -asegura- pareciera que es un estado permanente.

Es por eso que Vito da por hecho que, al mismo tiempo que habla por teléfono con El Desconcierto, en la bahía del lago las cámaras se encuentran reventadas y los papeles higiénicos a punto de salir por el borde de las tapas. Esto ocurre cuando llueve mucho y eso es permanente en la zona; entonces, la contaminación es habitual.

Y eso tiene su origen en la falta de renovación de las tuberías que ha terminado por colapsar el sistema; y la contaminación, sin duda, es sinónimo de perjuicios para la salud, daños en el ecosistema y para el turismo, una de las actividades económicas relevantes para la zona. “No podemos decir que este es un lago prístino, tenemos que decir que está contaminado porque esa es la realidad”, reconoce.

Las denuncias se hicieron efectivas cuando el municipio demandó a Essal ante la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) y esta la acogió a trámite.

La empresa se hizo cargo de tratar las aguas servidas, pero no dio solución a mezcla con aguas lluvias (…) Logramos que se comprometieran a ingresar un proyecto al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental que va de la mano de la creación de un humedal artificial. Esperamos que con eso se revierta la situación”, sostiene.

Aunque proyecta que para el próximo año el panorama sea otro, aclara que aún siguen en lo mismo: con las fecas flotando por la costanera.

Llanquihue: impactos en humedales

En Llanquihue la situación fue similar. La planta Maullín ha generado graves consecuencias en el río por las descargas de aguas servidas, en 2017.

Las comunidades mapuche, que recolectan medicina ancestral al borde del río, han visto cómo estos recursos se han contaminado con el transcurso del tiempo. Sobre todo, en la zona de los humedales. Esta es una práctica ancestral de su cultura, pero lamentan que los desechos permanentes terminen por reducir cada vez más las posibilidades de conseguir hierbas, plantas y productos del mar en buen estado.

Por otro lado, los pescadores artesanales que desarrollan su actividad por el caudal han visto directamente la salida de las fecas por las tuberías.

Es por eso que las organizaciones ambientalistas de esta zona buscan que los humedales sean declarados zonas protegidas, para evitar que los residuos domiciliares terminen por hacer desaparecer este importante ecosistema local.

En esta misma línea, las comunidades mapuche han denunciado que el mal manejo de la empresa sanitaria se da en un contexto de criminalización a la defensa territorial y, sobre todo, de alta concentración de los derechos de agua que pertenecen a empresas privadas, pese a la escasez hídrica que se observa producto de la acción forestal.