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No es un número más: La historia de violencia detrás del femicidio de Helen Barra

Por: Carolina Rojas @carolarojasn / Publicado: 18.07.2019
Helen Barra 3 / Helen Barra
La joven de 20 años fue asesinada por su ex pareja en Chimbarongo, la tarde del 26 de junio. La comunidad se vio conmocionada con la tragedia: su agresor la atacó con más de 50 puñaladas y la abandonó dejando el cuchillo clavado en su cuerpo. Cerca de Santiago, en esa zona rural, la violencia hacia las mujeres parece completamente invisibilizada.

Se veía radiante, estaba vestida de negro e iba perfectamente maquillada. Miraba para todos lados buscando con los ojos a su mamá, impaciente porque pensaba que Eliana no iba a llegar. Era diciembre del 2018, el día su graduación, había terminado el séptimo y octavo básico en el vespertino del Instituto Chimbarongo. Obtuvo un promedio 6,4. Estaba feliz.

Helen (20) preparó con anticipación el vestido que iba a llevar ese día, le gustaba andar de punta en blanco.

 -Ya pueh mami, tenemos que ir comprar ropa al centro de San Fernando-, le dijo unas semanas antes de la ceremonia.

A Eliana se le escapa una pequeña sonrisa con esa anécdota, porque refleja lo perfeccionista que era su hija y la ilusión de esa nueva etapa. Helen estaba terminando con ese círculo vicioso, de la vida rural, de ese destino que parece signado para las mujeres de esa zona y las de su familia: el campo o el hogar. Ser dueña de casa o temporera.

-Yo llegué solo hasta tercero básico, pero la Rocío (como le decían a Helen sus amigos y familiares) este año estaba terminando su educación media, quería ser parvularia y era la mejor alumna-, dice Eliana, en el living de su casa.

Es la mañana de un viernes. Cuenta emocionada que ese día la vio recibir el diploma y luego brindaron en el cocktail. En el marco de la ventana dice “Fabián te amo”, con letras escritas con plumón negro. El frío se cuela por un orificio en el vidrio.

Eliana parece cansada, viste un pantalón y polerón negro por el luto, se pierde en los recuerdos y dice que ella nunca se dio cuenta de lo que estaba pasando. Ahora reconoce algunas cosas y ata cabos: la mirada siempre gacha de Fabián y los moretones en los brazos de su hija que aparecían de la nada. El control había aumentado, la pasaba a buscar al liceo después de sus clases vespertinas. Ya no le daba respiro.

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Helen Barra nació el 18 de enero de 1999 en el hospital de Rancagua. Fue la hija única del matrimonio de Eliana y Pedro Barra, un carpintero que murió de un tumor cerebral hace 16 años. Creció junto a su madre en la villa La Turbina -un complejo habitacional de casas básicas- junto a sus tías y primos. La niña transitaba libre por todas las casas, alegre, chispeante y regalona como la mayor de ocho nietos. Llegó hasta séptimo básico, a los quince años quedó embarazada de Fabián, su primer pololo, a quien conoció por unas amigas en común. Primero se fueron a vivir juntos a Pelequén -cerca de la familia paterna de ella- y luego regresaron a Chimbarongo. Algunos parientes confirman que Helen huía de un abuso intrafamiliar y por eso trató de formar un hogar lo más rápido posible. Él comenzó a trabajar de bombero en un servicentro cerca de su casa. Su hija, “I” (4), era todo para Helen, jugaba con ella, la paseaba en la plaza y bailaban juntas. Siempre estaba pendiente de que no le faltara nada.

Al terminar la relación, regresó al hogar de su madre. Javiera, una amiga y vecina de toda la vida, dice que ya eran conocidas las dinámicas de violencia económica de parte de él cuando visitaba a la pequeña “I”. Helen le alcanzó a contar a dos de sus amigas sobre las golpizas, pateaduras en el suelo, bofetadas, “mechoneos” y como le rompía celulares y la ropa para “castigarla”.

Helen Barra

Helen Barra

-La tarde del día antes de su muerte, yo le estaba alisando el pelo, él la llamó cuatro veces o más, iban y venían porque llevaban mucho tiempo juntos, pero él la dejó completamente aislada hasta el punto que Helen ya no le contaba a nadie lo que estaba pasando. Ella fue a la casa de su ex pareja solo porque le dijo que comprarían algunas cosas para su niña. Fue engañada-, dice Javiera.

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Fabián Rodríguez (23) constantemente subía fotos y “posteaba” en Facebook sobre lo enamorado que estaba y lo mucho que quería a su hija. Andaba en moto y por sus fotos en la red social se ve que era amante del boxeo. Muy pocos sabían lo que Helen vivía realmente a puertas cerradas. La violencia era parte de su vida y Fabián ya tenía una denuncia por amenazas que había puesto su madre.

Su amiga insiste en que Helen -después de la separación- se sentía más contenida en la casa de su mamá, pero a veces el ruido de cualquier moto la hacía descomponerse, pensaba que podía ser él. Para ella, ya evidenciaba los primeros síntomas del acoso. Javiera dice que Helen estaba volviendo a ser feliz, quería salir adelante junto a su hija y para eso había vuelto a estudiar.

La mañana del miércoles 26 de junio Helen le avisó a su abuela que iría a hacer un “trámite” con Fabián. Llevaba un casco de moto entre las manos. En el video capturado por la cámara de seguridad de un negocio se ve que pasaron a comprar nuggets. Afuera del local él la abofeteó. Luego se fueron rumbo a la casa de su ex pareja en la calle Aníbal Pinto, una zona de casas grandes conocida como “el callejón de los chicheros”. Tras lo que se supone fue una fuerte discusión, él la atacó con 53 puñaladas. Para la familia de Helen, su asesinato fue algo premeditado: Fabián la llevó a un lugar donde nadie podría escuchar sus gritos y, después de apuñalarla, llamó a su madre para confesar lo que había hecho. Ella llamó a Carabineros y lo encontraron poco después caminando cerca de la línea férrea por Santa Teresa, con actitud extraviada. El jueves 27 de junio, en el Tribunal de Garantía de San Fernando, se realizó la audiencia de formalización de cargos donde se decretó dejarlo en prisión preventiva durante los 120 días que durará la investigación.

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Chimbarongo es una ciudad de la provincia de Colchagua ubicada a una hora y cuarenta minutos de Santiago, conocida por ser “la capital del mimbre” y una zona mayoritariamente rural,  tal como  lo confirma la página web de su municipalidad. Un par de pubs y un negocio de pollos asados son la única entretención para los jóvenes que viven en la zona. La universidad más cercana está en Rancagua y en San Fernando solo hay un instituto profesional. El tren allí no para, sigue de largo hasta la estación de Talca. El centro de la mujer más cercano es del Colchagua y extiende su cobertura hasta esa comuna y Santa Cruz. Han llegado a tener más de 280 casos derivados de tribunales, fiscalías, consultorios, hospitales, Sename y mujeres que se acercan para solicitar ayuda. Hay cuatro carros policiales en la subcomisaría de la ciudad, que se distribuyen a un territorio de 35.399 habitantes. Antes del asesinato de Helen, no se vio ninguna patrulla rondar su casa, dice la gente del sector.

Helen Barra

Helen Barra

En el 2017, otra mujer también fue apuñalada y asesinada por su pareja en la misma ciudad. El atacante fue su esposo, quien luego se suicidó. Según un diario que narró la tragedia, ella ya había puesto una denuncia por violencia intrafamiliar, pero el tribunal la desestimó y le recomendó un tratamiento psiquiátrico. En su historia se repite un poco la de Helen: en abril denunció a la Fiscalía que era víctima de agresiones, el 8 de mayo se paró frente a un tribunal de familia que fijó una audiencia para el 12 de junio y luego se postergó para el día 16 de julio.

Hace dos días otra mujer fue acuchillada por su pareja en Placilla, comuna que queda a solo 25 minutos de Chimbarongo. Los casos suman y se repiten.

Todas son mujeres que pagaron con sus vidas el querer abandonar a sus parejas.

En la reja de la casa  la madre de Helen aún cuelgan algunos globos blancos y, en la entrada, un pájaro de junco tejido se mece con el viento. Casi toda la organización del velorio y el funeral de Helen estuvo en manos de vecinas, tías y amigas solidarias: el café, el consomé y los toldos que extendieron en el pasaje. Muchas se sintieron reflejadas en Helen, en sus historias de violencia pasada.

-Yo también viví algo parecido con mi primera pareja, por eso aconsejo a las niñas que no aguanten cosas. Conocí a la Rocío de chiquitita, nunca pensamos que esto iba a pasar-, dice Verónica, una amiga de la familia.

Al día siguiente de la tragedia, un centenar de mujeres salió a la calle y caminaron desde la plaza de la ciudad hasta la casa de Helen con carteles que pedían justicia y rezaban “Nos queremos vivas, libres y sin miedo”, “Justicia para Rocío”. La mayoría había seguido todas las mañanas en los matinales las noticias sobre la desaparición de Fernanda Maciel y desde sus televisores fueron dando cuenta de la patente progresión de noticias sobre femicidios, de mujeres humilladas, aisladas, controladas y golpeadas antes de morir en manos de sus agresores; hombres que se sentían con el derecho de arremeter brutalmente contra quienes consideraban un “objeto de su posesión”. Uno de los detalles que más llamó la atención de la comunidad, es que el agresor de “la Rocío”, antes de huir, le dejó el cuchillo clavado en uno de sus glúteos.

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El femicidio de Helen fue el número 24 en lo que va del año según cifras del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, pero su vida no se puede explicar en números. Helen dejó una hija, amigas, tías, madre y una abuela. No volverá a ir a clases, no volverá a reír. Tampoco podrá cumplir el sueño de llegar a la universidad.

El 27 de junio, ante las cámaras, la ministra Isabel Plá habló categórica sobre cómo actuó la justicia ante la denuncia de Helen:

“Le estamos exigiendo a las instituciones que comprendan que los delitos de violencia contra las mujeres tienen que tener prioridad y que no podemos seguir poniendo a sus víctimas al final de la fila (…) Queremos saber exactamente y tener todos los detalles de por qué Helen (murió si) hizo lo que le dijimos que tenía que hacer, que era denunciar; o por qué, si su denuncia fue oportunamente acogida y tramitada, no contó con la protección que la ley ampara para las víctimas. ¿Por qué, entonces? ¿Por la indiferencia o porque la pusimos al final de la fila, Helen se convierte en la víctima 24 de femicidio?”, espetó ante a los micrófonos.

Ajenas a los anuncios, a las respuestas políticas y a lo que pasa en Santiago, las mujeres de la familia de Helen llevan el duelo como pueden. Eliana ha dejado de trabajar de temporera para estar con su nieta, mientras las tías y primas se reparten el orden de la casa, el almuerzo y el cuidado de los niños.

La abuela materna de Helen, una mujer pequeña y enjuta quien también se llama Eliana (70), mientras prepara un té para capear el frío, cuenta que su hija estaba trabajando en el campo cuando le avisaron sobre “la tragedia”; ella en cambio, andaba de paseo por el barrio con “I”. Un vecino le avisó que se devolviera a la casa, pensó en un incendio, un robo, pero nunca en que su nieta estaba muerta. Antes de darle la noticia en la comisaría, una carabinera le sirvió un vaso de agua. Recuerda que dio un grito. No, no podía ser Helen.

-Tenemos miedo que a este desgraciado le den menos años de lo que se merece, que nos olviden, incluso ya no se habla del caso en los diarios. ¿Qué le habrá pasado por la cabeza de este tipo ese día? ¿Por qué se ensañó así con ella? Pienso tantas cosas y en que hay que ayudar a las chiquillas chicas, para que esto no pase más-, confiesa antes de terminar la conversación.

Comienza el ajetreo en la casa, ya es casi hora del almuerzo. “I” juega a vestir y desvestir una Barbie al pie de la escalera. Está ensimismada, lejos de todo lo que pasa a su alrededor. Quizás eso sea lo mejor, por ahora.

*La Fiscalía regional de O’Higgins fue contactada por El Desconcierto, pero hasta el cierre de esta edición no recibimos respuesta.

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