“El flojo y el mezquino recorren dos veces el mismo camino”. Este antiguo refrán parece haber sido hecho pensando en Ñuñoa, donde vemos cómo la falta de trabajo y cuidado de las autoridades en materia de participación ciudadana ha tenido resultados desastrosos en términos económicos y de calidad de vida.

El mes pasado, Metro, tras haber recibido hace cinco años una Plaza Egaña con abundante vegetación, devolvió un bloque de cemento con escaso verde o “plaza dura” —problema que se repite en varios otros accesos de estaciones en Santiago–, incumpliendo la Resolución de Calificación Ambiental del proyecto Línea 3. Este documento obligaba a la empresa a entregar la plaza en iguales o mejores condiciones que las originales y a acordar el diseño en superficie con la Municipalidad de Ñuñoa mediante una mesa técnica y reportes permanentes de avance.

El inerte aspecto de la nueva Plaza Egaña provocó la justa indignación de los vecinos. Fue tanto el escándalo que el Municipio, intentando tapar su propia negligencia de no haber rechazado a tiempo un mal diseño, presentó al Concejo Municipal un proyecto consistente en la construcción de una pérgola ornamental, revestimiento de jardineras, pintura en zona de recreación, protección de vidriada de pileta, mobiliario urbano y árboles por un total de $62.516.000. La Municipalidad de Ñuñoa pretende que Metro financie por buena voluntad este mejoramiento. Sin embargo, la empresa no tiene obligación legal de costear proyectos posteriores a la entrega de las obras. Tampoco existe un mecanismo claro para realizar un reembolso ni mucho menos un compromiso escrito de llevarlo a cabo. Todo indica que será el Municipio quien pagará.

¿Es correcto gastar recursos municipales en un error que se pudo evitar desde un principio? ¿Querrán los vecinos de Ñuñoa que el presupuesto municipal se destine a enmendar negligencias en vez de usarlos para apoyar a los vecinos más vulnerables, al mejoramiento de calles y veredas, a la construcción de ciclovías o a la seguridad pública, por ejemplo? Tanto Metro como la Municipalidad de Ñuñoa son responsables de esta lamentable comedia de errores que sucedió en gran medida porque ninguno le pidió la opinión a los vecinos. Resulta cuestionable que a la mesa técnica para el diseño de la plaza no se haya invitado al Consejo de Organizaciones de la Sociedad Civil ni tampoco a las organizaciones comunitarias del sector. ¿Descuido o mala voluntad?

El caso de Plaza Egaña no es único en nuestra comuna. Si hacemos algo de historia, recordaremos otras situaciones en que las decisiones inconsultas de la autoridad han perjudicado gravemente a los vecinos: la licitación de la pérgola de Plaza Ñuñoa para convertirla en un café, conflicto que sigue en litigio; el Parque Gorostiaga, que fue concesionado a un gimnasio privado, quedando reducidas sus áreas verdes a menos de la mitad; o la Clínica Ñuñoa, que ha significado el despilfarro de catorce mil millones de pesos sin haber entrado en funcionamiento después de seis años.

Para no tener que recorrer dos veces el mismo camino, las autoridades deben entender que no pueden seguir ignorando a los vecinos. La participación es la única forma de asegurar soluciones consensuadas y duraderas. Ésa es la base de una verdadera democracia al servicio de las personas.


Camila Donoso es Presidenta Organización Comunitaria Barrio Pucará y Juan Carlos Gómez Secretario Junta de Vecinos Arturo Prat.