El último mes hemos sido testigos de una manifestación más de la limpieza étnica del pueblo palestino. Condenas múltiples fluyen por los medios de comunicación sin tener ningún efecto en la demolición de 16 edificios en los que vivían al menos 70 familias palestinas en el barrio Wadi Al Hummus de Jerusalén, la que se convierte en la mayor demolición conjunta de viviendas palestinas por parte de Israel desde la ocupación de 1967. Un nuevo momento de sufrimiento para quienes han vivido durante los últimos 42 años amenazados con el desplazamiento por parte de las autoridades sionistas. Wadi Al Hummus es nada menos que un espejo en el que podemos apreciar con claridad el carácter colonial de Israel, que no sólo ha avanzado permanentemente en la transformación de Cisjordania en una malla de asentamientos ilegales para los que el Estado, a fin de protegerlos y potenciarlos, mantiene a los palestinos en un sistema de Apartheid. También en Jerusalén, que de acuerdo al derecho internacional es una ciudad ocupada, Israel se ha propuesto la tarea de judaizar completamente el territorio.

Esta es una tarea que, como bien ha mostrado el historiador israelí Ilan Pappé, se encuentra en el origen del Estado de Israel y se extiende a lo largo de toda su existencia. Para una muestra de aquello bastan dos citas. La primera de David Ben Gurion, primer Primer Ministro de Israel, quien pensaba en 1947 que “no puede haber un Estado judío estable y fuerte mientras tenga una mayoría judía de sólo un 60 por 100”, la segunda, o la misma actualizada en 2003 por el actual primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, “Si lo árabes constituyen el 40 por 100 de la población de Israel será el fín del Estado judío […] que sean el 20 por 100 también es un problema”, rematando con que “Si la relación con este 20 por 100 se vuelve problemática, el Estado tiene derecho a recurrir a medidas extremas” [1], como recalca Pappé, sin dar detalles de cuales podían ser esas medidas.

En efecto, las medidas han ido avanzando hacia la colonización completa de Palestina, llegando al punto de hacer completamente inviable los mismos acuerdos que Israel y la OLP firmaron en 1993 y 1995 y que dieron origen a la Autoridad Nacional Palestina. Hoy el problema palestino-israelí no puede ser más que resuelto, dada esta situación, por medio de la absorción de los Territorios Ocupados y la creación de un Estado para dos pueblos, cosa que sin embargo, está muy lejos de ocurrir. De hecho, para Israel el problema sigue siendo la mera existencia de los palestinos, tanto en Cisjordania y Gaza como en el interior del Estado, para los cuales se dictó en 2018 la Ley del Estado-nación, que define a Israel como un Estado exclusivamente judío. Exceso de nacionalismo jurídico que ha llevado al extremo una política que comienza en la misma catástrofe palestina de 1948. “Mientras observan cómo judíos de Latvia, Estonia y Etiopía –decía en 2006 Saree Makdisi–  cuyo vínculo con “la tierra de Israel” radica sólo en los más espurios alegatos bíblicos– llegan a Israel y asumen todos sus derechos de ciudadanos, a los palestinos de Israel se les recuerda día a día, en la tierra donde nacieron y donde vivieron sus antepasados, su condición de apenas tolerados ciudadanos de segunda y tercera clase” [2].

Wadi Al Hummus, barrio de la aldea de Sur Bahir en Jerusalén, tiene una situación administrativa sintomática de la ocupación de Palestina, ya que se encuentra en las zonas A, B y C de Cisjordania, las dos primeras administradas por la ANP y la última por Israel. Su demolición puede ser perfectamente el puntapié inicial de una nueva campaña de limpieza étnica que afecte inmediatamente a varias localidades palestinas dentro de Israel. Esto, porque el pretexto para la demolición de las viviendas de Jerusalén es que ellas pondrían en riesgo la seguridad del Estado, al ubicarse en el borde del muro que Israel ha construido con el fin de aislar a Cisjordania, construcción que dicho sea de paso no se encuentra en el borde entre ambos territorios, sino que se adentra completamente en los Territorios Ocupados, expropiando más tierra palestina. Como bien dice Yara Hawari, estas demoliciones ponen la mira en ciudades como Al Ram, Tulkarem y Qalquiliya, todas ubicadas en el borde de la construcción del Muro del Apartheid.

Muchos videos compartidos en redes sociales muestran que durante la demolición, soldados israelíes reían y celebraban, mientras los residentes de Wadi Al Hummus se encontraban en la más completa desesperación [3]. Celebraciones que se han repetido en las detenciones masivas de palestinos, en los ataques contra población civil en Gaza y en las burlas a los prisioneros en medio de las torturas. “Lo que esto demuestra –dice Hawari– es que Israel es un lugar donde la limpieza étnica de los palestinos no es sólo una política de Estado, es una política celebrada” [4]. Y claro, es una celebración de la muerte que se da precisamente en el momento en que todo parece jugar a favor de Israel. Un gobierno estadounidense cómplice y promotor de sus políticas coloniales y un panorama árabe decadente, cada vez más alineado con Israel.

El colonialismo ríe, porque no sólo ha logrado crear un estado de sitio permanente sobre la vida de sus colonizados, sino sobre todo, ha podido hacer que para gran parte del mundo esto parezca un hecho normal. Cuando los soldados israelíes se fotografían sonrientes frente al desplazamiento y la muerte de los palestinos lo que ríe a carcajadas es la sombra del fascismo, cada vez más presente, cada vez más normalizado, no sólo en Israel sino en gran parte del mundo que directa o directamente sostiene la vergonzosa limpieza étnica de Palestina.

NOTAS

[1] Pappé, I. La limpieza étnica de Palestina, Crítica, Madrid, 2006, p. 328.

[2] Makdisi, S. “Said, Palestina y el humanismo de liberación”, en Bhabha, H; Mitchell W. J. T, Edward Said. Continuando la conversación, Paidós, Buenos Aires, 2006

[3] URL de uno de los videos en:  https://twitter.com/QudsNen/status/1153403820413788161?s=20

[4] Hawari, Y. Wadi Hummus: Another Israeli celebration of ethnic cleansing. URL: https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/wadi-hummus-israeli-celebration-ethnic-cleansing-190723110602472.html


Doctor en Filosofía, Universidad de Chile