Desde el fondo del polideportivo Sergio Livingstone, de Peñalolén, emocionadas saludando al público, Aylin Venegas (16) y Valentina González (22) avanzan, descalzas y a trote ligero, por una alfombra morada hasta subir al ring, ubicado al centro del recinto. Los aplausos se escuchan fuerte.

–¡Confianza!, ¡vamos, confianza! –, les gritan desde abajo.

Ese cuadrilátero de 6 x 6, mitad rojo, mitad azul, es todo un debut para la cuarta versión del campeonato de kickboxing femenino “Pelea como Mujer”. Nunca antes el evento había contado con un ring de medidas profesionales.

Abajo, sobre un mesón, están las dos copas con cintas rosadas que se llevarán las triunfadoras de la jornada: la ganadora del Challenger Super 4 (en la modalidad low kick -56 kilos) que disputará en diciembre el título con la actual campeona Katherine Hidalgo y el título en la categoría -50 kilos K1 entre Nicole “La Chincolita” Bocaz y Anhay Díaz.

Hay más de 300 personas sentadas en las graderías y en las sillas a los costados del ring. Entre ellas, están las familias de las primeras competidoras. Se emocionan cuando las ven a cada una en sus esquinas.

Minutos antes de este primer combate, Macarena “La Maquinita” Orellana (31) y Aylin Sobrino (22) –campeonas panamericanas de kickboxing y organizadoras del evento– ajustaban los últimos detalles. Se movían enérgicas acomodando los implementos y chequeando que todo estuviera en orden.

Siempre estábamos limitadas a conseguir un espacio que tuviera ring porque no hay muchos, o los que hay son chicos. Pero ahora fue una movida que hicimos en un día: nos pusimos en contacto con Everlast, que nos auspició, y coordinamos con la municipalidad (…) Lo más importante para nosotras es ver a las chiquillas compitiendo en un espacio que se merecen–, comenta.

Es un espacio, dirá después Aylin Sobrino, que se organiza para romper con el estereotipo de que la mujer es débil. Un espacio sumamente masculinizado que las mujeres han conquistado, sin pedir permiso, volverá a decir Macarena.

Ahora, su concentración está en este primer combate.

En el ring, los focos iluminan los rostros de Aylin, en la esquina azul, y Valentina, en la roja. Concentradas, escuchan los últimos consejos de sus entrenadoras. Aylin es de la escuela RF Rancagua y Valentina de Brutal Striker de Peñalolén, en Santiago.

Cascos y guantes puestos, están listas para protagonizar el primer desafío en la modalidad low kick (patada baja). Los combates son de tres rounds; cada uno de dos minutos por uno de descanso.

La árbitra Paulina Santibáñez (27) da el vamos.

Ambas lanzan golpes duros, se acercan y se alejan; por segundos se arrinconan, una arremete contra la otra y luego eso se invierte. Los gritos del público aumentan.

Aylin golpea duro y toma ventaja.

–¡Diez segundos! –, se escucha.

La árbitra sigue los pasos de ambas; su atención es máxima. Pero, de pronto, mueve las manos, haciendo señas de parar. Vio que a Valentina le afectó uno de los golpes y que no podía seguir.

Esto es de mucha responsabilidad porque si ves un golpe mal dado alguna niña se puede morir. Es la capacidad de reaccionar ante un nocaut. Tienes que ser rápida para, a la vez, procesar tus emociones, y la ansiedad es lo que más cuesta, pero siempre pensando en la otra–, cuenta después Paulina, sentada a un costado del ring, en medio de un descanso.

La decisión del jurado da por ganadora a Aylin Venegas. En el medio del ring, emocionada levanta el brazo y muestra su medalla. Valentina también recibe un premio

Después, se abrazan.

Foto Ignacio Nicovani @inicovani

Kickboxing feminista

Este espacio deportivo es una apuesta política. Macarena explica que por primera se incluyó una línea de competición para personas trans y no binarias.

–Aunque esa categoría no se llenó porque no hay muchas personas trans que entrenen, lo que se da porque no hay espacios abiertos para ellas. Pero igual lo hicimos porque desde ahí es que decimos: “si ustedes quieren competir, el evento siempre va a ser para ustedes”. Y, claro, nos han dicho “oye, pero cómo van a haber categorías para personas sin género”. Bueno, da lo mismo eso, lo hacemos igual–, comenta.

Su compañera, Aylin cree que ahora son menos las trabas para practicar este deporte.

–Antes, muchas mujeres se restringían porque era algo masculino, porque se les encasillaba como lesbianas y para algunas eso era un tema. Ahora ya no. Aquí se va a respetar a una lesbiana, a una hetero, a una trans y a una persona no binaria (…) El espacio no binario lo vamos a seguir manteniendo en las próximas versiones para que las personas que quieran ingresar lo hagan libremente, sin sentir ninguna crítica–, enfatiza.

Explican, también, que las categorías se dividen por peso, por el tiempo de entrenamiento y por la experiencia sobre el ring con la finalidad de que sea lo más equitativo posible, pero, sobre todo, un espacio seguro para las mujeres.

–Queremos que todas lleguen a lo más alto–, expresa Aylin.

Foto Ignacio Nicovani @inicovani

Copas en mano

Nathalie Zamorano afirma la copa rodeada de mujeres que la levantan en medio del ring. Es la ganadora del Challenger Super 4 y, así, se convirtió en la contrincante de la actual campeona del título, Katherine Hidalgo. Mientras, en categoría -50 kilos K1, la copa es de Anhay Díaz.

Son pasadas las siete de la tarde, y después de 17 combates, el campeonato comienza a llegar a su fin.

“La Chincolita”, de la escuela Brutal Striker, pese a que esta vez no se llevó el título, recalca que lo relevante es hacer una pelea técnica y mostrar el entrenamiento y la dinámica que se han adquirido durante los últimos meses.

Pero va más allá.

–Siempre estamos luchando con eso de “y si pierdo”, “y si no soy tan buena”, o a veces con opiniones de la familia, “ay, pero, si las mujeres no pelean tan bien”. Sobre el evento, hay amigos que ya dejaron de ser amigos, que creen que por ser peleas entre mujeres son fomes. Entonces, es mucho más que lo físico–, explica.

Y es que desde el ring combaten, pero el combate no se queda en el título final. Y si una pierde están los abrazos, las palabras y la fuerza de todas las otras.

Foto Ignacio Nicovani @inicovani