El río siempre ha sido un lugar especial para el pueblo mapuche. Previo a la colonización española, los ríos fueron los caminos que permitían recorrer el territorio y acceder al mar, desde donde se llevaban alimentos a las zonas interiores. Los españoles se sorprendieron al ver a los mapuche comer mariscos en sus rucas. Al llegar al territorio del actual Osorno, bautizaron al río Rahue como el “Río de las Canoas” por la gran cantidad de embarcaciones que vieron allí.

Pero el río es también un lugar simbólico, ritual, sagrado. En el cielo estrellado, los mapuche distinguen el wenu leufu, el río donde las almas de los muertos llegan y luego retornan a la tierra para cumplir el mágico ciclo de la naturaleza. Los ríos de la tierra y el gran río celestial son, a fin de cuentas, el mismo y único río.

La Machi Millaray Huichalaf es una autoridad ancestral y líder de la comunidad que hoy defiende el río Pilmaiquén de la construcción de una represa que inundaría lugares sagrados para los mapuche williche que han habitado ahí desde tiempos prehispánicos, y que fueron desplazados por la colonización española primero, y por la del Estado chileno después. Heredera de una sabiduría entregada por su abuela, la Machi carga hoy con la responsabilidad de proteger este lugar donde se encuentra el eltun, el nguillatuwe, los reni, los menokos, el paliwe y el leufu. La Machi y los defensores del Pilmaiquén llevan años protegiendo estos lugares, han sido perseguidos y encarcelados por ello.

Statkraft, la compañía estatal noruega de energías renovables, líder en Europa cuya expansión la ha llevado a Sudamérica y el sur de Asia, iniciará en unos pocos días más la construcción de la central hidroeléctrica Los Lagos que contempla una potencia de 52 megawats , una inversión de US$ 173 millones y la destrucción del Kgen Mapu Kintuante y la ruta de las almas.

 “La empresa llegó a la zona, comenzó a dividir las comunidades. La central llegó a “tirar dinero a la gente”, ha levantado comunidades jurídicas indígenas para negociar, eso provocó la destrucción del Küme mongen (el buen vivir.)”.

Desde el amanecer del domingo 30 de junio, las comunidades Mapuche Williche realizan el control territorial de toda la ribera del río Pilmaiquén. Están desplegados a lo largo del río sagrado, para resguardar los espacios ceremoniales de gran significación cultural y espiritual que hoy se encuentran amenazados por el proyecto Central Hidroeléctrica los Lagos, Central Hidroeléctrica Osorno y Central Rucatayo .

Esta  obra  inundará,  entre  otros  espacios  naturales  sagrados,  la  morada  del Ngen Mapu Kintuante, fuerza tutelar que forma parte de un importante complejo ceremonial  para  la  cosmovisión  religiosa  del  Pueblo  Mapuche-­‐Williche,  y  al  que concurren regularmente y desde tiempos inmemoriales las comunidades de un extenso territorio para realizar ceremonias y rogativas.

 La construcción de esta obra amenaza un patrimonio cultural que, por desgracia, nunca ha sido defendido por el Estado chileno. Más bien al contrario, Chile siempre ha despreciado su herencia indígena y toda la cosmovisión mapuche le resulta desconocida. En una época donde se impone la visión económica y empresarial, todo patrimonio cultural que se interponga en su camino es violentado.

El caso del Río Pilmaiquén, zona donde la historia dice que era originario el toqui Caupolicán, no es diferente a los ocurridos en otros lugares de Latinoamérica y el mundo. Los líderes ambientales, que habitualmente son también líderes indígenas, han sido perseguidos, criminalizados, asesinados, y las obras se realizan “por la razón o la fuerza”. Los líderes ambientalistas se han transformado en un nuevo “enemigo interno”.

Si en lugares como Alto Bío Bío se cometió la atrocidad de inundar cementerios indígenas, un acto de violencia casi impensable, ahora el Estado podría proteger este lugar sagrado para el pueblo mapuche. Pero Chile muestra nuevamente su rostro indiferente y sesgado. Anteponiendo por sobre todo “la necesidad” del desarrollo del país en beneficio de los valores “universales y compartidos”, representados por el Estado y las grandes empresas transnacionales.

“Cuando inunden el Kintuante ya no vamos a estar, ni siquiera vamos a poder seguir siendo. La gente no tendrá donde más expresarse como mapuche, no se podrá realizar el Nguillatun, el paliwe, no se podrán seguir enterrando los muertos ahí y se cortará completamente el camino que tiene el espíritu cuando muere, ya no existirá esa ruta que tenemos como mapuche para poder después volver. Es una muerte a la raíz de nosotros-­‐“ (Machi Millaray Huichalaf).

Hoy, la Machi que defiende el río sigue resistiendo.