En dictadura, los militares y civiles parte de equipos de “inteligencia” perpetraron violencia sexual contra mujeres en los centros de prisión y tortura, en los furgones donde adolescentes y mujeres eran trasladadas, en sus propias casas durante los allanamientos. En comisarías y recintos de las Fuerzas Armadas. Violencia sexual representada también en insultos, descalificaciones, desnudez forzada, abortos forzados. Abuso de poder desestructurante.

En dictadura y en democracia, Renato Poblete (y otros de una iglesia que sentó en Chile un relato sobre los derechos humanos) perpetró de manera sistemática violencia sexual en dependencias académicas, del Hogar de Cristo, en el Centro Bellarmino, en el auto donde trasladaba a mujeres y adolescentes, en las propias casas de las víctimas. Abortos forzados, descalificaciones “fea pero te quiero” “nadie te va a querer por gorda”. Al mejor estilo Jodorowsky, “la violación será inevitable, así es que mejor relájese y disfrute”.

Será un deber para la memoria de lo sucedido en Chile, escribir nuevamente nuestra historia. Un imperativo.