¿Estamos asistiendo a la desaparición de la socialdemocracia? ¿Qué queda de los partidos que otrora se presentaban como la única alternativa para disputar el poder a las fuerzas conservadoras? ¿Dónde han ido a parar sus votantes? Son algunas de las preguntas que el pasado martes se plantearon en el foro “¿Crisis de la socialdemocracia?”, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales (UDP) junto con la Fundación Friedrich Ebert (FES) y el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

La académica de la Universidad de Amsterdam, Sarah de Lange, como ponente principal, y el profesor de la Universidad de Salzburg, Reinhard Heinisch, fueron los encargados de radiografiar el panorama de los partidos socialdemócratas europeos; mientras que la mirada local la aportaron la líder del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, y la ex subsecretaria de Educación y directora de la Fundación Horizonte Ciudadano, Valentina Quiroga.

En el viaje por la crisis socialdemócrata europea, De Lange revisó los casos que han sido parte de sus investigaciones: Francia, Alemania, Holanda y Reino Unido. Cuatro países del Viejo Contiente que tienen en común dos tendencias: el auge de la extrema derecha, por un lado, y el declive de los partidos socialdemócratas, por el otro. Son sólo cuatro ejemplos de un mapa en el que podrían señalarse muchos otros, incluso al otro lado del Atlántico. Junto a varios cambios socialdemográficos, como el envejecimiento de la población, o el aumento de la clase media y de los niveles educativos, la académica señaló “la importancia que han tomado los conflictos socio-culturales” como otro de los factores que ha provocado el “declive estructural” de la socialdemocracia. “Los valores y las normas culturales importan más que los temas relacionados con educación o salud, tradicionalmente vinculados a los partidos socialdemócratas”, explicó.

De Lange se dedica a investigar los patrones de los votantes y los elementos contextuales que influyen en el voto a los partidos de extrema derecha. Sus estudios concluyen que el entorno en el que uno vive tiene un impacto en el apoyo a los partidos de la ultraderecha. “Tiene que ver con factores muy diversos: desde la presencia de inmigrantes en el barrio, la calidad de vida o el acceso a servicios públicos (colegios, centro médico, entre otros), hasta la seguridad o el número de propietarios de viviendas de una zona”, detalla la experta. Según ella, además, los factores de contexto que son importantes en las grandes ciudades son distintos de los que trascienden en las zonas más rurales: “Mientras en las grandes ciudades es principalmente la inmigración el factor que entrega más posibilidades de apoyar a la extrema derecha, fuera de ellas este apoyo está más relacionado con el nivel de deterioro de la zona (si está perdiendo sus servicios, si está perdiendo su gente joven porque se va a las grandes ciudades a trabajar, etc.)”, añade.

La docente holandesa consideró que este análisis es extrapolable a Chile en la medida en que la población extranjera también se concentra en las grandes ciudades y las áreas rurales empiezan a vaciarse y a decaer, por la migración del campo a las urbes del país. Por eso, la investigadora destaca la importancia de invertir en las zonas de campo “para mantener escuelas y centros de salud abiertos” y evitar, así, que sean zonas “cada vez más empobrecidas”.

De izquierda a derecha: Cristóbal Rovira Kaltwasser, Beatriz Sánchez, Reinhard Heinisch, Valentina Quiroga y Sarah de Lange / M. F.

Construir una nueva “alianza de clases”

El estado de salud de la socialdemocracia europea no parece ser muy alentador en la mayoría de países europeos. España y Portugal son hoy las excepciones y reflejan cierta “volatilidad” del voto socialista, según Sarah de Lange. Su diagnóstico de la crisis se enfoca en el abandono de algunos de los principios básicos de esta ideología. La docente opina que la socialdemocracia siempre se ha basado en una “alianza de clases cruzada [cross-class aliance]”, es decir, “unir bajo el proyecto de la igualdad gente de altos niveles educativos con gente de niveles más bajos; personas de clase media con otras de clase alta; y gente de zonas rurales con otra procedente de las grandes ciudades”. Ante la actual crisis, advierte que los partidos socialdemócratas tienen en sus manos la opción de construir una nueva “alianza de clases cruzada” que pueda convencer de nuevo a los votantes de que, en realidad, “hay más intereses compartidos entre ellos, que opuestos”.

Sin embargo, en su opinión, hoy a estos partidos les falta una “visión propia” para el futuro porque están “demasiado reactivos” a los movimientos de otras fuerzas, especialmente aquellas de extrema derecha, que son las que más se han concentrado en el tema migratorio. “[Los socialdemócratas] necesitan su propia mirada de los temas que nuestras sociedades tendrán que enfrentar en los próximos 20 años”, afirma.

La holandesa alertó también de la pérdida de votantes jóvenes de familia política: “Es un factor clave porque sin los jóvenes el futuro pinta muy mal”. En ese punto, respaldó sus tesis Reinhard Heinisch, experto en extrema derecha y populismos en Europa. “Los socialdemócratas se han convertido en partidos de pensionistas”, ironizó el austríaco.

Llamada a la democracia participativa

En el escenario chileno, la ex candidata presidencial Beatriz Sánchez aprovechó la instancia para deconstruir la idea de que la Concertación y la Nueva Mayoría fueron en Chile los equivalentes a los partidos socialdemócratas europeos. “Cuando la Concertación pasó de la dictadura a la democracia avanzó en las cifras de pobreza, esto es una realidad; también aumentó el nivel de consumo y las formas de vida, pero esto no fue de la mano de cambios profundos en la vida de las personas”, dijo la periodista. En su opinión, el proyecto político más cercano al modelo europeo es el representado por el Frente Amplio: “Nosotros proponíamos dejar de privatizar aspectos esenciales en la vida de las personas. En eso, el partido iba de la mano con la socialdemocracia que conocemos en Europa”, señaló.

La frenteamplista coincidió con De Lange en que los partidos más a la izquierda de la socialdemocracia –como Podemos en España, Syriza en Grecia o Die Linke en Alemania– pueden contribuir a la salida para la crisis de estas fuerzas tradicionales en la medida que tomen nota de “trabajar para una democracia participativa real” de los ciudadanos. “Hay que abrir procesos de participación vinculantes para que tomar parte en las decisiones políticas tenga una cierta gracia y le haga sentido a la gente”, dijo Sánchez.

Valentina Quiroga, por su parte, insistió en el concepto de “no desechar la idea de tener una socialdemocracia a la chilena” y afirmó que el gran desafío es “tener una mejor lectura de las necesidades que movilizan a las personas”.