La idea de legislar la Reforma Tributaria impulsada por el Gobierno fue aprobada este jueves en la Cámara baja. Todos los disparos apuntaron –nuevamente- a la Democracia Cristiana, partido que negoció y votó a favor de lo propuesto por el Ejecutivo: el oficialismo celebró que en Chile aún “se pueda dialogar”, según escribió en su Twitter el ministro Gonzalo Blumel; la oposición se desconcertó. Sensación que fue potenciada por aquella parte de la falange que votó en contra.

El diputado Raúl Soto fue uno de los disidentes. El llevar la contra ha significado también un juicio público sobre su continuidad en el partido, al cual renunciará tras los últimos hechos. Sobre esta última votación, dice con un tono de desesperanza: “No creo que haya remordimientos ni mea culpa”.

“No comparto la votación a favor del partido. El límite que no se podía pasar, ni ética ni políticamente, era aprobar la reintegración. Eso significa ir en contra de todos los principios e historias del partido; es ir en contra de congreso ideológico, e ir en contra de lo mandatado por la junta nacional. Hoy derechamente la DC está actuando como un partido de Gobierno, de derecha, donde se buscan acuerdos a cualquier cosa”, plantea el parlamentario.

En dos ejemplos, Soto muestra el estado dentro de la colectividad: primero, que las opiniones disidentes están siendo invisibilizadas, es decir, la directiva está haciendo oídos sordos a una parte importante de los militantes; y segundo, que como consecuencia de tal medida, se transforma en “una olla a presión sin válvula de escape”.

Minutos después de conocida la votación, parte del grupo disidente de la falange envió una carta, rechazando las decisiones de los parlamentarios que sufragaron a favor de la reforma. En la misiva apuntaban a lo mismo: que no se está cumpliendo con lo mandatado.

Más allá de lo ocurrido en el Congreso, el partido tiene programado un congreso ideológico para diciembre. Soto adelanta que “se está tratando de direccionar el congreso para instalar las posturas de los que dirigen el partido, más que dar espacio a las distintas posiciones. Espero que no ocurra, pero se buscarán imponer unas ideas sobre otras”.

Cecilia Valdés es una de las vicepresidentas de la Democracia Cristiana. Reconoce y acusa el personalismo que ha ejercido el actual timonel del partido, el diputado Fuad Chahín: “Este cambio de rumbo es una definición que ha tomado (Fuad) Chahín y nada más. Todos los proyectos (de Gobierno) que retroceden, que tienen el mismo perfil, son propuestas en las que nosotros no tenemos nada que hacer con el Gobierno. Esto ya se desbordó. Chahín se desbordó”.

Jorge Bustos es el segundo nombre de entre los firmantes indignados la carta. Plantea que esto que están viviendo hoy viene de 2018, cuando Renovación Nacional (RN) ingresó a la Internacional de Partidos Demócratas de Centro, del que era parte antes. Eso definió a la falange como “Derecha pura”. A eso se suma el gobierno en las sombras -según propone- de Gutenberg Martínez, quien sigue operando a través de Ignacio Walker, el exministro Jorge Burgos y el propio ChahÍn. Valdés reafirma también esa idea: “Esta tendencia de hacer de la DC un partido chico es de Gutenberg Martínez. Sí, sé que Genaro Arriagada también piensa así. Y sí sé que Ignacio Walker asesora también a Chahín”, sentencia.

Como vicepresidenta, ha visto la decepción entre los militantes de base, quienes no se sienten representandos por el actual presidente. Por lo pronto, hay quienes han escuchado que el diputado Fuad ChahÍn quiere seguir con su mandato. Pero la vicepresidenta es clara: “Este hombre no puede seguir gobernando el partido. En la última junta quedó la escoba: el frente de trabajadores hizo una protesta interna, le quitaron el micrófono y lo dejaron ahí, solo, sin decir nada”.