Cultura

Trovadores irreverentes: De Payo Grondona a Leo Maslíah

Por: Jorge Montealegre / Publicado: 26.08.2019
En un nuevo aniversario del nacimiento de Payo Grondona (26 de agosto de 1945 – 8 enero 2014), se recuerda la irreverencia del autor de “La Nelly y el Nelson”, “Cuando era guailón” y de su estilo que creó escuela agregando humor e ironía a la canción urbana. Los trovadores irreverentes lo recuerdan (“Somos los Salieris del Payo...” escribe Mario Rojas). La visita del uruguayo Leo Maslíah reunió a quienes han seguidos los pasos del Payo.

Tocando el banjo y acompañado por Isabel Parra, Payo Grondona grabó en 1970 La conversada, una cueca urbana e irónica que representa una conversación intrascendente, como muchas: “Muy buenas, ¿cómo está usted? / Muy buenas, aquí estamos, ¿y usted? / Lo más bien, gracias, ¿y usted? / Nada, todo siempre igual, pues. / Muy buenas, ¿Cómo está usted? / ¿Cómo están por su casa? / Ahí están, pues, lo más bien…” No pasa mucho más –y eso es lo que da risa-, mientras en otras canciones pasaba la Historia con mayúscula. Payo Grondona protesta porque le dieron mal la dirección y anduvo cinco horas en micro. 

En esa cuerda que afinó el Payo contamos con excelentes trovadores irreverentes, que observan con ironía la cotidianidad del pobrecito mortal (como diría Florcita Motuda) y nos enfrentan a un espejo que nos devuelve toda nuestra ridiculez. Lo hace Flopy (Luis Fernando López García), psico-trovador iquiqueño que desde los años ochenta nos sicoanaliza guitarra en mano: (“qué penca debe ser / que a uno lo insulten / y quedarse mudo / por no saber ni un garabato / qué penca debe ser / qué penca…”). Felo (Rafael Verdugo) es otro que bien canta y nos hace reír, con sus explicaciones eternas, su cara de póker, sus paródicas rimas. Todos ellos poetas y músicos, buenísimos guitarristas; como Eduardo Peralta quien, con una persistencia y profesionalismo a toda prueba, “religiosamente” ofrece sus lunes Brassensianos donde ha compartido escenario con todos sus colegas mencionados. Un espacio donde el humor y la música de alta calidad se trenzan en sus temas propios y las canciones de Georges Brassens, traducidas, recreadas, interpretadas por Peralta (“Cuando apenas han  salido de un gran cascarón / creen los jóvenes que todo viejo es un huevón/ […] la edad no tiene que ver hermano / si uno es huevón es huevón / tenga veinte años sea anciano, si uno es huevón es huevón…”

En la cofradía de trovadores irreverentes hay uno especialmente admirado por sus colegas, que estuvo recientemente en Chile. Leo Maslíah, músico y escritor uruguayo (cantautor y carta-autor), ha visitado nuestro país en numerosas ocasiones desde hace ya treinta años, cuando se presentó en el Café del Cerro y en otros parajes entonces cuasi marginales que en esos años le presentó Payo Grondona. Esta vez –además de un concierto- presentó su libro La bolsa de basura, que no tiene desperdicios. Cuentos diversos, desopilantes algunos, otros desconcertantes. Experimenta, juega, construye equívocos tragicómicos, intercambios de cartas, explica su propia escritura con notas y paréntesis en digresiones cómicas. Maslíah observa los instantes cotidianos, congela las instantáneas, les pellizca lo ridículo y en ese tris ve una historia banal que se extiende y puede derivar en verdadera tragedia ridícula donde se puede pasar del amor al odio, de la fama al desprecio, de lo sublime a la ordinariez en un mismo relato. Nadie sabe a dónde nos lleva la literatura y la música de Leo Maslíah, pero siempre hacia el humor, la excelencia artística y el registro de esa cotidianidad que nos sorprende y permite reírnos de nosotros mismos, como en esas “conversadas” que tuvimos con el inolvidable Payo Grondona. 

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