Probablemente verás a Francisco Chahuán en los próximos meses. De alguna forma sabrás de él. Puede que sea como el próximo invitado a Pasapalabra, o como el político panelista del matinal más visto, o como personaje perfilado en un portal de noticias. No te sorprendas, es parte de su estrategia. Quiere que lo conozcas. Te dirá que fue misionero, que trabajó en campamentos desde los 14 años, que pensó en llevar una vida de cura cuando terminó el colegio, que su papá murió de un infarto al corazón y que por eso impulsó una ley que exige desfibriladores en los lugares con alta concurrencia (estadios, centros de eventos masivos). Dirá que su esposa es el motor de su vida, que trabaja 16 horas al día y que duerme entre cuatro y cinco por noche. Que sus hijos son músicos, y que respeta y admira a Silvio Rodríguez por hacerte pensar, pese a las diferencias evidentes. Escucharás sus experiencias de muerte: cuando se electrocutó en una piscina, o cuando el cuerpo de su papá fallecido se quedó en su casa días después del deceso por la depresión de su mamá. Y si no lo ves a él, verás a Chahuanito, el corporeo que lo suple. Todo, para ser el próximo Presidente de Chile.

Una pelea ganada

Pero no es la primera vez que se acerca a la presidencia. Cuando Pablo Longueira bajó su candidatura, el siguiente nombre en la lista fue el suyo. “Fui el único precandidato del partido inscrito oficialmente en la última elección. Y yo tomé la decisión de bajar esa candidatura en favor del Presidente Piñera, para efectos de facilitar el apoyo directo del partido allí. Además, fui candidato presidencial de la coalición por ocho horas en la elección anterior. Cuando se cae Pablo Longueira, la directiva del partido me ofrece ser candidato presidencial. Ahí, la candidata mejor era Evelyn Matthei”, dice Chahuán.

Es sábado y está sentado afuera del salón de eventos del Hotel Casino, en Talca. Minutos atrás, dio un discurso de precampaña, después del de Andrés Allamand, antes del de Manuel José Ossandón. Los aplausos que recibió fueron pocos, comparados con los de Allamand, y muchos, viendo los de Osandón. El problema, y él lo sabe, no está ahí, entre los militantes y simpatizantes. Sino con el resto del país.

Por estos días, el nivel de conocimiento a nivel nacional que existe de Chahuán es de 73 por ciento, lo que lo deja con un potencial de crecimiento de 27 puntos, según las encuestas que manejan internamente. Como desafío, de aquí a fin de año pretende llegar al 85 por ciento de conocimiento, que es el mínimo para ser competitivo en una instancia de este tipo. Es la razón que justifica la exposición mediática (los tres meses de gestiones que significaron ser parte del programa La Divina Comida, por ejemplo). Y es también la clave para convencer a los suyos: en Renovación Nacional dan por hecho que el candidato de la UDI será el actual alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín.

Chahuán versus Lavín sería, cuentan en la interna, una pelea semi-ganada.

“Cuando Francisco era gerente de Cementos Melón, se me acerca y dice que quiere ir de diputado por Viña. Le digo que está Gonzalo Ibáñez, hijo de Pedro Ibáñez, diputado electo por varios periodos. Lo querían mucho. ‘Esto es lo que a mi me gusta, así que voy a llegar y a ganar’. Marcó la quinta o sexta parte de lo que marcaba Ibáñez en la época. Entró a última hora y la prensa se demoró un par de semanas en escribirle bien el nombre”, cuenta Pedro Pizarro, vicepresidente de RN y parte del círculo de hierro del senador. Era el año 2006 y Chahuán, contra todo pronóstico, se anotaba su primer triunfo electoral.

Al mismo tiempo, Francisco entraba como vicepresidente de la directiva nacional del partido, en ese entonces liderado por Carlos Larraín.

“Teníamos afinidades en lo que pensamos”, explica el propio Larraín, quien también fue parte de los financistas de la campaña de Chahuán: “El esfuerzo central lo hizo él, porque iba a todas partes, se levantaba al alba, recorre como enfermo. Es imparable en campaña. Yo le tengo mucho aprecio precisamente por lo que hizo”.

En 2010 fue a competir por un puesto en el Senado. Desde Santiago se mandó a Joaquín Lavín. Una pelea de David contra Goliat, no solo por el conocimiento que los votantes tienen del actual alcalde de Las Condes, sino también por las diferencias en los presupuestos para las campañas.

En una entrevista para revista Cosas de octubre de 2009 (titulada “Yo soy el choro del puerto”), Chahuán dijo: “Estoy acostumbrado a peleas de chicos a grandes”; “Estoy convencido que fue una mala decisión de la UDI arriesgar a su figura”; y “Hoy se ha mediatizado la política al punto que solo interesa la encuesta y cómo va la elección”.

En 2018 buscó la reelección. Tal era la confianza que se tenía, cuenta Pizarro, que fue a buscar militantes, uno por uno, que quisieran ser senador con él: “Arrastró a Kenneth (Pugh). Muchos deben estarse pegando en la cabeza, porque él consultó a varios que le dijeron que no, y llegaba y les decía: ‘oye, sé senador conmigo’. Estuvo a siete mil votos de arrastrar a un tercero”. 

La eleccion lo consagró como el senador más votado del país. Parte de esos votos fueron de demócratas cristianos. “Hicimos un estudio: 24 por ciento de la votación que tradicionalmente era DC, votó por mi, lo que me da un perfilamiento distinto al resto de los candidatos porque yo tengo una aproximación al centro. En nuestro equipo tenemos desde el exembajador Eduardo Rodríguez Guarachi, al que le acaban de suspender su militancia por apoyarme, hasta personas como Delia del Gato”, detalla Chahuán.

Sus correligionarios entienden que su gran virtud es el trabajo de calle, el estar en todas partes (y si no es él, es Chahuanito), escuchar los problemas de las personas, llevárselos para la casa, buscarles soluciones. 

Un doble filo, coinciden Carlos Larraín y Pedro Pizarro.

“Lo que tiene que hacer Pancho es producir una cierta sensación de tranquilidad, que como es tan energético, a veces produce una sensación de estar un poco sobregirado. Y él tiene que transmitir serenidad junto con la energía”, dice Larraín.

“Tiene que medir bien sus capacidades. Uno tiene 24 horas al día, por más que uno duerma seis horas y el resto esté haciendo cosas, nunca va a alcanzar a abarcarlo todo. De pronto en ese entusiasmo por hacer muchas cosas puede que le signifique llegar tarde a algunas de ellas”, complementa Pizarro.

Es algo que tendrá que resolver y que tiene hoy más presente que antes, después de trabajar, en 2018, con el equipo de campaña del presidente de Francia, Emmanuel Macron. Ellos le dijeron que la clave está en tener células en todas las regiones, más que esté él mismo allí.

Hace algunas semanas terminó la gira nacional con los líderes de las comunas (son dos mil los candidatos de Renovación Nacional, de los cuales 40 por ciento son mujeres). El apoyo de ellos, la interna, es otra batalla. En el consejo general del fin de semana pasado, los vítores se los llevó Allamand. El senador Chahuán cree que es porque no eran solo militantes los que asistieron, sino también simpatizantes. El golpe de gracia, a diferencia de los otros dos precandidatos que lo acompañaban, lo dio en la siguiete frase: “Yo nunca he perdido una elección”.

Contra la seriedad y la popularidad

La clave para darle continuidad al proyecto de Chile Vamos y lograr un segundo gobierno son las próximas elecciones municipales y de gobernadores. Por eso verás al senador Francisco Chahuán aparecer en los programas de televisión regionales, en las radios locales. Les dirá a los candidatos las claves del triunfo, partirá con datos que le importan a los militantes: que realmente nunca ha perdido una elección, que es el parlamentario que más proyectos ha presentado, que tienen que salir a la calle, que busquen soluciones.

Escuchará a todos, responderá todas las preguntas, esperará pacientemente. Les dirá que tienen que confiar en él, que está trabajando con 100 profesionales, que ya tiene un pre-programa de gobierno llamado “La segunda transición”, porque “Chile está a medio camino”. Que para ganar hay que dormir poco, como él, y que hace 500 abdominales y 200 dorsales entre las 06:00 y las 06:30 de la mañana, tres veces a la semana, para evitar el lumbago. Y lo que no dirá Chahuán, pero sí sus simpatizantes, es que a diferencia de Andrés Allamand y Manuel José Ossandón, él rompe con la cadena de rostros y apellidos vinculados a la dictadura, y que es el candidato de región, que ve a Santiago como una región más, y eso, al establishment, le incomoda

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El exalcalde de Puente Alto, Manuel José Ossandón, tiene un descrédito ganado en las anteriores elecciones presidenciales. Pero lo que importa en el partido es el conocimiento que hay de él, y en eso se impone. Por otro lado, lo que Andrés Allamand representa en los militantes es una dureza, una estructura, que de alguna forma levanta un muro que es completamente opuesto a la cercanía que produce Chahuán. Pero también logra un porcentaje alto de conocimiento.

Para convencer a los militantes de votar por Francisco Chahuán, tiene como misión representar la unidad. Un asunto que parece no llevar bien.

Un político de la quinta región (por la que Chahuán es senador) dice que, a diferencia de la UDI, los miembros de Renovación Nacional están más bien disgregados, peleados, al menos en esa zona de país. “Él no ha logrado hacer que cuaje bien el partido, y se nota en comunas como Concón, donde están todos los RN peleados”, explica. 

Un ejemplo que grafica esta dificultad es lo que adentro del partido se conoce como el “borronaso”: en las elecciones de directiva regional de RN en Valparaíso, el diputado Andrés Longton propuso un nombre que fue borrado arbitrariamente por el senador Francisco Chahuán. El reemplazo que hizo fue para poner a Jaime Perry en la lista, actual Consejero Regional de la región y candidato a alcalde por Valparaíso.

Longton llevó el caso al tribunal supremo de la colectividad. Finalmente, volvió el nombre que él había propuesto. Chahuán, por su parte, se deshizo en disculpas con el diputado.

Otro punto que debe superar es la independencia: se dice, por ejemplo, que Allamand y Ossandón respetan al expresidente del partido, Carlos Larraín, con cierta distancia. Chahuán, en cambio, representaría una continuidad del otrora timonel. 

El consejo general del partido deberá determinar la forma en que elijan a su candidato presidencial después de las próximas elecciones municipales. Ese será el espacio decisivo para Francisco Chahuán. En cualquier caso, son tres los escenarios posibles: si son los consejeros del partido los que determinen, Andrés Allamand es carta segura; si deciden hacerle caso a las encuestas, Manuel José Ossandón se impone; y si se hace una votación de “un militante, un voto”, será Francisco Chahuán el gran ganador.

Con todo, si hay que ganarle a Joaquín Lavín, existe un factor sicológico similar al del fútbol: el que ya le ganó una vez, puede ganarle dos veces.