En estos días de principios de septiembre se conmemoran 30 años del asesinato de Jecar Nehgme Cristi, dirigente del MIR y de la izquierda chilena, quien desde su ejemplo nos representa la exigencia de conocer su aporte y su trayectoria.

Vocero público del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, fue asesinado por un comando de la CNI en la estrecha calle Bulnes el 4 de septiembre de 1989. Doce proyectiles de diversos calibres impactaron su cuerpo provocándole la muerte casi al instante. Hijo de Jecar Neghme Cornejo, dirigente socialista del gremio de la salud en Temuco, asesinado el 26 de octubre de 1973 por militares del regimiento Tucapel, y de la profesora de educación básica Milagros Cristi.

Creció en una familia allendista. En esa época era imposible no estar conectados con la Unidad Popular, ya que su padre, profesor sanitario, era un destacado dirigente durante el último período de la UP y en diversas oportunidades llevó a Jecar a las reuniones y concentraciones políticas. Producido el golpe militar, en octubre de 1973 los militares se llevan detenido y asesinan a su padre Jecar Nehgme Cornejo,tras lo cual su madre, junto a sus tres hijos, emprende un triste viaje a Santiago.

En 1979 ingresa a la Universidad de Chile como estudiante de la carrera de Historia. En forma casi paralela comienza a militar en el MIR, iniciando una acelerada carrera política que lo enfrentó a múltiples detenciones arbitrarias e incluso la tortura en manos de la policía secreta de la dictadura militar. Fundador de la Unión Nacional de Estudiantes, de la cual sería su máximo dirigente. En la universidad conoce a su compañera Águeda Sáez, con la cual compartirá la militancia social y política y será la madre de su único hijo, que lleva su nombre.

La generación de Jecar está marcada por el golpe militar. En Chile se desarrolló una política de extermino del campo popular y los revolucionarios, se impuso una constitución política y un sistema económico al servicio de los empresarios y mercaderes que propiciaron el golpe de estado. La represión contra el pueblo, la muerte de sus dirigentes, el exilio, el entrañamiento, las desapariciones y los falsos enfrentamientos eran habituales en esos primeros años de dictadura cívico militar.

La generación de Jecar fue muy huérfana en términos políticos y -de alguna manera- se autoformó y se autodirigió. Aprendió de libros y de testimonios que provenían principalmente de familiares de víctimas de la represión y del mundo social, que se comienzan a movilizar y denunciar los atropellos a los derechos humanos.

El triunfo de la revolución sandinista el 19 de julio de 1979 fue un gran impacto para la izquierda y los revolucionarios de nuestra patria, Jecar como muchos estaba feliz, pues era la experiencia revolucionaria más cercana y que seguía con atención, convirtiéndose rápidamente en un referente para los jóvenes chilenos. La libertad de culto y de expresión que existió en Nicaragua después del triunfo de la revolución también llamaba su atención, así como la participación de los cristianos y la mujer en ese proceso, que lo identificaba plenamente, ya que en Chile había experiencias de unidad entre cristianos y marxistas, las cuales acompañaba con mucha convicción. Su ligazón con Rafael Maroto en el Movimiento Democrático Popular (MDP) o su relación con la Familia Vergara Toledo en los territorios, fortaleció esta relación.

En la década de los 80, la unidad de los cristianos de base y la unidad de la izquierda revolucionaria, fue para Jecar una necesidad histórica. Superó en muy corto tiempo los antiguos sectarismos heredados y avanzó en un camino de unidad entre cristianos y marxistas. Para Jecar el protagonismo del pueblo era central, natural y no podía entender las cosas de otra manera, era una necesidad histórica. En cada tarea que se proponía, sin el pueblo organizado, activo, participante y decidiendo, era imposible hacer las conquistas del período. Entonces, este legado de la generación: la unidad, el poder popular, la valentía, la autoformación, surgen de condiciones históricas determinadas y, más que un legado, se convierten en una forma de hacer política. En esta nueva forma de hacer política, la marcha en el proceso, en los errores, en los aciertos, en la entrega, en la solidaridad se gana los reconocimientos de todos, cristianos y marxistas.

Jecar destacó por su preocupación centrada siempre en una alternativa democrática popular, en su proyección necesariamente revolucionaria y socialista, en su desarrollo y fortalecimiento desde las condiciones que imponía la lucha de clases entonces; ahí destacaba toda su lucidez.  Para él, el proyecto revolucionario que se gestaba en el proceso de lucha anti dictatorial cobraba una importancia fundamental, destinando todos sus esfuerzos a su impulso. En el año 84, cuando apenas tenía 23 años, su reflexión ya era de largo plazo, recogiendo las experiencias latinoamericanas e internacionales. Con su destacada participación en el MDP, va a madurar tremendamente, pasando de ser un dirigente universitario a convertirse en un gran líder de la izquierda chilena. Se transformó en el vocero oficial del MIR, compartiendo junto al sacerdote y compañero Rafael Maroto la tarea que el partido le asignaba. En el MIR, en sus estructuras y bases, se convierte en el más reconocido y destacado dirigente partidario, expresándose ello además en la más alta votación para ser elegido miembro del CC en las elecciones de la Dirección Nacional. En las bases del partido es el más legítimo referente, digno de escuchar y seguir.

La tristeza que lo embarga por el asesinato de José Carrasco, Gastón Vidaurrázaga, Felipe Rivera y Abraham Musclabit, como represalia del pinochetismo y los aparatos represivos ante el fallido intento de magnicidio, no impide su clara y firme decisión de denunciar los crímenes y convocar a la movilización y lucha anti dictatorial. Con José Carrasco, Pepone, había realizado un gran trabajo en el plano de las alianzas partidarias. Eran golpes duros para la política del MIR, para el mirismo y para Jécar.

Después del plebiscito, Jecar entendió que la posibilidad de hacer coincidir el término de la Dictadura con una salida revolucionaria ya no era posible. La ofensiva imperial potenciada por la derrota de las representaciones internacionales de la vieja izquierda tradicional –el llamado socialismo real- y su subordinación al continuismo neoliberal, asegurado por la llamada oposición burguesa, obligaba al mirismo a levantar la plataforma democrática popular, de manera de impedir que toda la institucionalidad político jurídica en que se apoyaba el continuismo calara en la conciencia de las masas, plataforma democrática que levantara la lucha por los derechos económicos y sociales del pueblo y a la vez que pusiera en un lugar innegociable la bandera consecuente de los derechos humanos, la verdad, la justicia y el rechazo a la impunidad. Había que disponer el avance de las luchas de masas a la vez que redefinir y resguardar los niveles de lucha en otros frentes. En definitiva, lo que había que hacer era prepararse para la nueva situación política, bajo la consigna “Pueblo, Armas y Unidad”.

Jécar estaba preocupado de la unidad de los revolucionarios para enfrentar el nuevo período. Por las tareas de fortalecimiento de las organizaciones sociales y populares y su capacidad para levantar sus demandas. Estaba preocupado de cómo fortalecíamos la alternativa democrática popular en estas nuevas condiciones, para que fuera una fuerza gravitante en el nuevo período.

Su legitimidad, tanto en el seno de la izquierda como en su propio partido, se convirtió en una amenaza para la Dictadura, pues él representaba una postura de clase consecuente, por su historia, por su extracción, por su compromiso y coherencia. De entre quienes estaban dispuestos a continuar la lucha en el nuevo período, Jécar era uno de los que objetiva y subjetivamente podía liderar una postura de clase democrática-revolucionaria en medio de las tensiones que se generaban en el proceso de recambio en la dirección política del neoliberalismo. Eso fue lo que finalmente le costó la vida.

Jecar se perfilaba como el segundo Secretario General del MIR después de Miguel Enríquez. El turco era camino de unidad, consecuencia y entrega, elementos que muchos de la dirigencia entreguista de las orgánicas miristas de entonces, no tenían ni por asomo.

Desde su militancia en el MIR y en pleno proceso de crisis del partido, se presentaba como el más probable articulador de caminos de salida para la militancia de las distintas orgánicas y de los distintos sectores dentro de aquellas. Desde la orgánica mirista en que le tocó enfrentar la crisis y desestructuración del MIR –crisis reventada desde arriba por una dirigencia incapaz e históricamente irresponsable– hizo grandes esfuerzos por aislar al entreguismo activo que caracterizaba a un 75% de los miembros de ese CC. En el Congreso de Montevideo, donde fue elegido en el CC del MIR político, propuso una táctica que ponía adelante la Plataforma Democrática y Reivindicativa del Pueblo. Argumentó con claridad y vehemencia para que el trabajo del partido se centrara en la agitación y legitimación de ella desde las movilizaciones populares previas al plebiscito, de modo que la misma se encarnara en el pueblo, permitiéndole a éste traspasar la trampa del plebiscito e imponer desde abajo su cumplimiento a quienes buscaran posteriormente su representación. Dejando, en sus palabras, para “los últimos 100 metros finales” tras una evaluación de la táctica impulsada, la decisión de convocar o no a votar en el plebiscito. Escondida al partido primero, y boicoteada después, la táctica definida en ese Congreso no se impulsó.

Posteriormente, Jécar aunó y convocó a los sectores centristas y de izquierda de ese CC para construir las condiciones de superación de la dirección que trabajaba el ingreso de esa orgánica al PS. Las reuniones se efectuaron en la casa de su madre, en Macul, así como en el GIA de la Academia de Humanismo Cristiano de entonces. Desde sus logros se comunicaba y articulaba esfuerzos con militantes y dirigentes de otras orgánicas miristas buscando una salida que permitiera al MIR salir fortalecido de la difícil coyuntura externa e interna. Sus logros al respecto eran crecientes.

La importancia de su liderazgo en el MIR político alertó al entreguismo mayoritario en el CC del MIR político. Los informes políticos que estos entregaban en sus reuniones con el PS sobre los procesos y correlaciones de fuerzas internos en el mirismo, traspasados y procesados como información de inteligencia -por quienes desde ese partido trabajaban  junto a aparatos del ejército e investigaciones construyendo lo que sería la política de contrainsurgencia que impulsaría la Concertación- abrieron las puertas a la provocación que terminaría con el asesinato de Jécar.

Por ello su asesinato por la CNI fue un trabajo de inteligencia del enemigo, un golpe dirigido a impedir que el MIR avanzara en la resolución de su crisis interna y pasara la coyuntura del plebiscito articulando una política de democratización profunda de la sociedad chilena, instalada en importantes sectores de masas. Esta información de inteligencia, que le permitió al enemigo actuar focalizadamente contra quien les parecía el elemento de mayor riesgo político para la transición neoliberal, se nutrió de la información que se intercambiaba entre los sectores concertacionistas del CC y de la CP del MIR político y aquellos otros que desde el PS desarrollaban las primeras actividades de lo que sería posteriormente la oficina. Fue la provocación realizada en el teatro Cariola, durante el acto de aniversario del MIR, el detonante para que se llevara a cabo el último asesinato de la dictadura.

El año 1989 en el aniversario 24 del MIR, Jecar desafiaba y emplazaba a los provocadores:

“Compañeros caídos, nadie de nosotros podrá reemplazarlos. Ni siquiera lo intentaremos. Seremos continuidad en esta larga lucha, avanzaremos en acción y pensamiento hasta derrotar a nuestros enconados enemigos. 

Y si hoy estamos aquí es porque somos vencedores y porque no descansaremos hasta que el ejemplo de los nuestros se convierta en una sociedad justa, con hombres plenos construyendo un verdadero paraíso”. 

Y si la continuidad del MIR estuvo amenazada, si Contreras dijo en aquel fatídico 5 de octubre de 1974, “el MIR está muerto”, nosotros hoy respondemos: míranos Contreras, Pinochet, acá estamos presentes, los enemigos que matasteis están vivos. Y porque estamos vivos es que no habrá olvido. Y sí estamos vivos nuestra lucha fue justa y calamos en lo más hondo de nuestro pueblo”.

Sin duda, este desafío a la autoridad bestial vestida de uniforme militar, fue su sentencia.

Su claridad y consecuencia hacen falta en estos tiempos, donde muchos de sus compañeros de ruta se cambiaron al bando del enemigo o transitaron a la traición, donde la izquierda revolucionaria consecuente se encuentra diseminada en distintos colectivos rojinegros y no avanzan en un camino de unidad. Sin duda hace falta la presencia del flaco para dar una luz de unidad y una señal de rearticulación del movimiento popular y de los revolucionarios.

Hoy, ante la crisis mundial del capital, la burguesía transnacional y transnacionalizada plantea resolver su crisis con políticas económicas y represivas que atentan contra la vida digna y el buen vivir. En pleno siglo XXI las derechas recalcitrantes violan y destruyen los pueblos originarios, los recursos naturales y la vida social.

Frente a esta realidad faltan dirigentes de la talla el Jecar, para buscar caminos y proponer alternativas de unidad, que permitan al pueblo transitar hacia una sociedad más justa, digna y verdaderamente democrática.  Ese es el desafío de los revolucionarios en este periodo, a eso nos convoca Jecar.

Por el legado que Jecar representa, se convoca a una jornada política y cultural a realizarse este sábado 07 de septiembre de 2019 en la calle Bulnes, desde las 10 hrs hasta las 18 hrs. En esta ocasión se repintará el mural que es parte del Memorial de Jecar Neghme y se hará un acto político cultural como el Turco se lo merece.