Opinión

“Valientes”, testimonios de mujeres que abren caminos

Por: Pablo Padilla Rubio / Publicado: 05.09.2019
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Leerlos no es fácil. Son historias que golpean fuerte, que duelen y que a ratos indignan. En el lanzamiento, tuvimos la ocasión de conversar con algunas de las protagonistas. Y escuchándolas, o leyéndolas, además de la natural emoción, nace en lectores y testigos, el agradecimiento por su generosidad para compartir la narración, directa y expresiva, de cómo el cannabis cambió su vidas para bien.

Lejos de la solemnidad y muy cerca del sentimiento, la presentación del libro “Valientes, Testimonios de Quilicuranas renaciendo con la Cannabis Medicinal”, en la Municipalidad de Quilicura, estuvo a la altura de su contenido: un discurso donde las vivencias hablaban por sí mismas, sin intermediarios, sin dobleces, sin simulaciones.

Y no podía ser de otra manera. Porque nos referimos a un libro que nace desde la necesidad imperiosa de compartir experiencias vitales, situaciones dolorosas que, por una vez, encuentran salida hacia el alivio y la esperanza.

Claro, en Chile, cualquier historia relacionada con salud puede devenir en tragedia a poco andar. Por una parte, el sistema público se debate en constante tensión, donde las necesidades son mayores que los recursos disponibles, en una ecuación cruel y eterna. Por otro lado, en el mundo de la salud privada, es el ánimo de lucro quien guía las acciones. Pues bien: en Quilicura, como en muchas partes de Chile, se buscan otros caminos.

La base del libro, y de esta experiencia, reside en la Fundación Mamá Cultiva, que con decisión y empuje, ha abierto el camino del uso medicinal del cannabis. Organización hermana de Fundación Daya, su norte es el alivio de enfermedades de difícil manejo, gracias al uso médico de esta ancestral planta.

Junto a estas dos entidades, el Municipio de Quilicura, dirigido por Juan Carrasco, se hace cargo de ser parte de la solución, abriendo sendas ahí donde sólo parecían haber dificultades. Ahí donde lo solidario se vuelve pragmático, la comuna se une al programa de Fundación Daya y Laboratorios Knopp para distribuir el fitofármaco Cannabiol entre pacientes de la zona, bajo el marco de un estudio clínico pionero a nivel latinoamericano.

Pero lo interesante es que no se trata solamente de una historia de gestión municipal o de organizaciones sociales en marcha. Lo trascendente, lo que llena el alma, es ver la capacidad de un grupo de mujeres de sobreponerse a sus dolores, de unir las ganas de vivir, para acceder, en alianza con la alcaldía, a un alivio efectivo para sus males. Ese espíritu es el que impregna estos 22 relatos.

Leerlos no es fácil. Son historias que golpean fuerte, que duelen y que a ratos indignan. En el lanzamiento, tuvimos la ocasión de conversar con algunas de las protagonistas. Y escuchándolas, o leyéndolas, además de la natural emoción, nace en lectores y testigos, el agradecimiento por su generosidad para compartir la narración, directa y expresiva, de cómo el cannabis cambió su vidas para bien.

Pero claro, hay que entender que acá no se trata sólo de la planta ancestral, sino que es, en esencia, un relato donde lo que se asoma es el poder de la comunidad empoderada y organizada, que es capaz de salvar obstáculos. Afrontar enfermedades graves, crónicas o agudas, es de por sí una odisea. Contarlo así, como aparecen en las páginas de “Valientes”, es un ejercicio de primera necesidad, para reconstruir la certeza de que la humanidad fundada en su esencia solidaria, si tiene un futuro. “Valientes” es lectura obligatoria para quienes quieran volver a creer en el ser humano, y para aquellas personas que necesitan encontrar, razones para seguir dando un esfuerzo, para sí mismas y para las demás.

Como bien dijo el alcalde Juan Carrasco en la instancia, esta es una causa que no se puede perder. Y es un libro que no puede pasar de largo. “Valientes” es de esos textos donde el título le hace justicia al contenido, en una simple palabra que expresa, desde la primera a la última página, el poder irrefrenable de la vida y de la solidaridad activa.

Pablo Padilla Rubio
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