Opinión

De fútbol y algo más: Los clubes también fueron víctimas de la dictadura

Por: Pavel Piña / Publicado: 08.09.2019
En Chile no son muchos los jugadores que han tomado posición política: Carlos Caszely negando el saludo a Pinochet y participando en la campaña del NO; Francisco “Chamaco” Valdés, haciendo gestiones para liberar a los jugadores detenidos en el Estadio Nacional; Raimundo Tupper negándose a votar por el Sí tras presiones de los directivos de la UC; o David Pizarro que junto a Isaac Díaz realizó un homenaje en el memorial del Estadio Nacional; son quizás los casos más emblemáticos. Pero no es suficiente, es necesario que esto escale a niveles institucionales, no podemos solo quedarnos con los gestos de algunos futbolistas. Para ello resulta indispensable que los clubes se hagan cargo de lo ocurrido y podamos entender de qué manera la dictadura los afectó a cada uno de ellos. 

 “El mar está negro, vomita dolor, no quiere olvidar”. 

Donde chocan los mares, Korior.

Durante mucho tiempo lo ocurrido en la dictadura cívico-militar fue tabú y solo gracias a la valentía de grandes hombres y mujeres la memoria de las víctimas pudo tener un lugar relevante en nuestro diario vivir. Es producto de las acciones de diversas personas y organizaciones, que al golpe ya no le decimos “pronunciamiento militar” o a la dictadura “régimen militar”; que se recuperaron centros de detención y tortura como espacios de memoria y se iniciaron acciones judiciales que tienen a algunos culpables en prisión.

Pero a pesar de estos avances aún resulta necesario hablar de la dictadura y creemos indispensable hacerlo desde el fútbol. ¿De qué maneras la dictadura afectó a esta actividad? Las respuestas son varias, pero nos queremos detener en el modelo de gestión y en el lado humano.

La dictadura vendió varias empresas que tenían control estatal a precios irrisorios y al comenzar la “transición a la democracia”, los gobiernos de la Concertación profundizaron esa lógica, llegando también el turno al fútbol. Así fue que a principios de la década del 2000 comienza una ofensiva por privatizar su administración. Se utilizaron resquicios legales; se montó una arquitectura mediática para que la opinión pública apoyara la llegada de las sociedades anónimas y políticos de varios sectores levantaron el proyecto de ley que terminaría por entregar la gestión de los clubes a grandes empresarios de la ultraderecha. 

Acabaron con el modelo de gestión del fútbol que fue quizás el último resabio del Chile antiguo, años en que los dirigentes trabajaban ad-honorem dentro de organizaciones sin fines de lucro que tenían una alta participación institucional, con actividades sociales y deportivas. Por una parte existían muchos ripios y se cometieron muchos errores, pero también se tuvo éxito y sobre todo, había democracia. 

La dictadura también afectó en lo humano. No podemos olvidar que el Estadio Municipal de Concepción, el Estadio Elías Figueroa en Valparaíso y el Estadio Nacional, se transformaron en centros de detención y tortura. En este último estuvieron detenidas más de 40.000 personas, entre ellas el Premio Nacional de Periodismo Deportivo Vladimiro Mimica; el doctor de Colo-Colo, Álvaro Reyes; y los jugadores Hugo Lepe y Mario Moreno, fundadores del sindicato de futbolistas. Y esos son los nombres más reconocidos, pero ¿cuántos jugadores de fútbol amateur o de clubes de barrio habrán sufrido los embates de los aparatos de represión?, ¿cuántas personas que eran socios de sus clubes o asistían a los estadios fueron torturadas o hechas desaparecer?

Ricoeur denomina «olvido evasivo» a no recordar lo que nos puede hacer daño, por eso nos parece relevante que luego de establecer criterios mínimos como lo son el Informe Valech y el Informe Rettig, sigamos insistiendo en la búsqueda de la verdad y justicia. 

En Chile no son muchos los jugadores que han tomado posición política: Carlos Caszely negando el saludo a Pinochet y participando en la campaña del NO; Francisco “Chamaco” Valdés, haciendo gestiones para liberar a los jugadores detenidos en el Estadio Nacional; Raimundo Tupper negándose a votar por el Sí tras presiones de los directivos de la UC; o David Pizarro que junto a Isaac Díaz realizó un homenaje en el memorial del Estadio Nacional; son quizás los casos más emblemáticos. Pero no es suficiente, es necesario que esto escale a niveles institucionales, no podemos solo quedarnos con los gestos de algunos futbolistas. Para ello resulta indispensable que los clubes se hagan cargo de lo ocurrido y podamos entender de qué manera la dictadura los afectó a cada uno de ellos. 

En Argentina, producto del revuelo causado por la Corte Suprema acerca de la condena a un represor que se conoció como el “2×1” (cada día de su condena contaría por dos), nadie quedó indiferente. Miles de personas salieron a las calles para evitar esa medida y el fútbol se sumó, los planteles al salir a la cancha portaban lienzos con mensajes alusivos al tema; en el marcador de distintos estadios se desplegaron mensajes y muchos clubes utilizaron sus redes sociales para fijar su postura. 

Nosotros tenemos el caso del CSD Colo-Colo, que tras decisión de su asamblea, rectificó el reconocimiento al dictador, realizado por interventores que la misma dictadura puso en el club y utilizando una figura que no aparece en los estatutos. También con el ánimo de trabajar el respeto por los derechos humanos, asistieron al Museo de la Memoria con algunos chicos que viven en Casa Alba, lugar donde residen los que se preparan para ser futbolistas profesionales. Además cada 11/09, en un trabajo con la Corporación Estadio Nacional Memoria Nacional, se asiste al estadio a homenajear a los hinchas, socios, deportistas y funcionarios que fueron detenidos en ese lugar. El año pasado, de manera póstuma, el club le entregó a los familiares de Tucapel Jiménez y de Manuel Guerrero (socios de la institución), un carnet de socio honorario, máxima distinción al interior del club, que se logra tras 30 años de pago ininterrumpida de cuotas. Junto a un diploma en que se leía: “Porque la unión de este lazo permanente es en verdad indestructible, en cada uno de nuestros socios el club se halla a sí mismo. Abrazados en tantas alegrías, también juntos nos dolemos ante el terror y la ausencia”. 

Julián Scher en Los desaparecidos de Racing (2017) nos dice que sería pertinente hablar de derechos humanos y utilizar al fútbol para hacerlo, y nos pareció válido hacerlo también en Chile como él hizo en Argentina. Porque creemos que los clubes al tener entre sus filas a víctimas de violaciones a los DDHH, se transforman a su vez en víctimas y deben sumarse al reclamo por la verdad, a la demanda por justicia y a trabajar por mantener viva la memoria, pues resulta indispensable que como sociedad entendamos que posiciones políticas contrarias no pueden terminar en torturas, desaparición y muerte.

Pavel Piña
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