Cultura

Ramón Grosfoguel, sociólogo y académico de Berkeley: “En Chile, la izquierda debe actualizarse con nuevas realidades como el medioambiente, el feminismo o los derechos LGTB”

Por: Rodrigo Miranda, periodista y escritor / Publicado: 08.09.2019
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Ferviente crítico del neoliberalismo, que, a su juicio, solo favorece a los más ricos y consagra la desigualdad, Ramón Grosfoguel es uno de los principales referentes de la teoría decolonial. A Chile lo califica como un laboratorio neoliberal, que justamente visita por estos días para dictar seminarios en Matucana 100, como parte de la exposición de la artista visual Ingrid Wildi Merino. El sociólogo, nacido en Puerto Rico en 1956, propone un proceso de descolonización para Chile y una radical reflexión sobre la política antinmigrantes fomentada por Trump y el auge del racismo en Estados Unidos. En esta entrevista, además analiza cómo la matriz colonial de nuestra sociedad explica la actual hegemonía del sistema neoliberal en el continente, uno de los ejes de la muestra Un kilómetro de conocimientos invisibles en Matucana 100.

– La exposición Un kilómetro de conocimientos invisibles plantea que América Latina es un invento del colonialismo desde su origen  

-Colón murió creyendo que estaba en la India, las Indias Occidentales. Cuando llegó a Panamá decía que al otro lado estaba el río Ganges y era el Pacífico. El continente está filtrado por un imaginario colonial y los cronistas inventaron narrativas que no tenían que ver con las civilizaciones que encontraron. Destruyeron esas civilizaciones, las subordinaron, sometieron y exterminaron. No tenemos documentación fidedigna porque quemaron la biblioteca de los mayas. 

-¿La actual quema del Amazonas refleja que el colonialismo y el extractivismo, uno de los principales brazos del colonialismo, continúa hasta hoy?

Esta es una civilización de muerte, de destrucción de la vida. Estos fuegos son intencionados y muy bien organizados, no solo en el Amazonas sino también en Africa y Siberia para buscar nuevas riquezas y minerales que extraer. Los incendios más grandes que hubo en el último mes no fueron en el Amazonas sino en la selva del Congo, eso se mantiene callado y tapado. Los incendios del Amazonas buscan que Occidente ejerza un intervencionismo de manera perversa en el Amazonas. Las políticas de Bolsonaro y de la clase dirigente brasileña promovieron la quema indiscriminada del Amazonas para darle terreno libre a las grandes industrias y explotar la selva. Es necropolítica, es decir, dejar morir a los últimos reductos de comunidades indígenas, a las personas y su entorno natural a cambio de explotación económica, una tanato-política, una política de muerte. 

-¿El racismo que siempre ha caracterizado a EEUU quedó al descubierto con Trump?

-Estoy de acuerdo, en Estados Unidos hay dos proyectos de supremacía blanca. Uno es el multiculturalismo liberal que reconoce que los blancos ya no van a ser mayoría demográfica, pero pueden seguir mandando y mantenerse en la jerarquía de dominación si colocan a una afroamericana en la Cancillería o en el Ministerio de Defensa, un latino en el Ministerio de Justicia, rostros multiculturales para seguir haciendo lo mismo, porque eso no va a cambiar la realidad racializada de las comunidades que representan. George Bush puso a un afroamericano como rostro de la invasión a Irak, Colin Powell; a Condoleezza Rice como Secretaria de Estado, o a un latino, Alberto R. Gonzales, de Ministro de Justicia para aprobar las torturas en Abu Ghraib. El otro proyecto es la supremacía blanca asimilacionista, el Let’s make America great again, de Trump, que le habla a los 12 millones de estadounidenses que perdieron sus casas en la crisis financiera de 2008 (debemos multiplicar esa cifra por tres o por cuatro porque fueron familias completas las que perdieron sus viviendas). La respuesta política a esa crisis es echarle la culpa a los migrantes que te están quitando el trabajo; un clásico de las estrategias del capitalismo en crisis donde los chivos expiatorios son los migrantes, en este caso, los latinos, que son la obsesión de Trump. Así, enfoca y canaliza el odio para desviar la atención y no responsabilizar a las clases dominantes, al saqueo del capital financiero, a Wall Street que ha robado tu casa. 

¿Qué hay detrás del Let’s make America great again de Trump? 

Significa que volvemos a los años 50, a los años en que los blancos dominaban a las minorías y hacían lo que les daba la gana. Trump le habla a esa gente y dice: ahora mandamos nosotros de nuevo; a la mierda con el multiculturalismo y que las minorías vuelvan a limpiar el piso. Son dos proyectos diferentes, dos élites imperiales que se disputan el poder. El multiculturalismo liberal cree que Trump pone en riesgo al imperio, que lo va a destruir provocando el caos, mientras que Trump piensa que los otros son débiles y le hacen concesiones a las minorías. El fenómeno Trump fue acelerado por la crisis financiera y porque los blancos americanos se dieron cuenta que están perdiendo demográficamente en el país. Los censos anuncian que en 20 años más, los blancos americanos serán minoría demográfica y que la población de mayor crecimiento son los latinos. Por eso Trump les dice: hay que colocar muros, expulsarlos a todos y colocar a niños en campos de concentración para mantener la mayoría y detener las tendencias demográficas, pero eso es ya imposible. La frontera con México es de miles de kilómetros y los migrantes la van a cruzar igual, además que los empresarios agrícolas de California viven de los migrantes, los necesitan, son claves en la economía. Ya es inevitable que las minorías se conviertan en mayorías en EEUU y Trump quiere que cuando eso ocurra estén desempoderadas, que no puedan disputar el poder, es decir, un nuevo Apartheid, un neo-Apartheid.

-Pienso en las llamadas “zonas de sacrificio”, en Quintero-Puchuncaví, conocido como el Chernobyl chileno, a una hora y media de Santiago

-Estuve ahí. Visité Puchuncaví y hablé con las personas, con la comunidad. Ellos están condenados a una muerte prematura. Todos ellos. Las zonas de sacrificio, como las llaman aquí, son de un cinismo impresionante. Es una forma de racismo ambiental y a nadie le importan esas vidas que serán sacrificadas. El capital financiero voraz y su cultura de la muerte está destruyendo la vida de una forma acelerada con tal de obtener ganancias a corto plazo en sus negocios y sabemos las consecuencias que eso va a tener. En paralelo, dicen que el calentamiento global no existe, pero por otro lado Trump quiere comprar Groenlandia porque sabe que se viene una escasez de agua global. Muchos lugares en el mundo que hoy son habitables van a ser inhabitables. Nos están llevando hacia el fin. 

-Y en Chile, hasta el agua está privatizada

-Privatizaron el agua, la educación. Neoliberalizaron todo. Es impresionante y perverso. Chile fue el laboratorio del neoliberalismo, el ensayo de un proyecto global. Chile es hoy la meca del neoliberalismo. Esto es el resultado de tres big bang de los cuales el país no ha salido: el colonialismo en 1492; el neocolonialismo en 1810, con las nuevas élites criollas reemplazando a las españolas; y el neoliberalismo, impuesto mediante la dictadura militar, en 1973. El neoliberalismo se impuso por la fuerza: privatizaron todo a la mala, saquearon el país y devolvieron la riqueza de las minas de cobre a las transnacionales, crearon mano de obra barata, bajaron los impuestos a los más ricos, intensificaron la violencia. Para eso había que aniquilar la resistencia. Una vez aniquilada, el neoliberalismo pudo entrar por la puerta ancha y pudieron imponerlo con impunidad. Hay que desneoliberalizar Chile, volver a lo público y lo comunitario. Lo privatizado no solo debe volver a ser público sino común. En Chile, la izquierda debe actualizarse con nuevas realidades como el medioambiente, el feminismo o los derechos LGTB y disputar la democracia chilena frente a las elites que lo controlan todo. También hay que hacer un trabajo dentro de las Fuerzas Armadas reeducándolas. No vas a poder hacer cambios si aún tienes pinochetistas dentro de las Fuerzas Armadas.

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