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Opinión

Shingeki no Kyojin: Los oscuros caminos de la desesperanza

Por: Alex Dixon Fajardo Cisternas / Publicado: 09.09.2019
columna anime /
Los soldados de la Legión de Reconocimiento poseen una voluntad que tambalea entre la convicción y la desesperanza. Creen en el futuro, pero no en el presente. Si los soldados anidaran expectativas en el corto plazo, prontamente sus ilusiones serían derribadas por la realidad y con ellas caería su voluntad para vivir. Para permanecer de pie y no desmoralizarse, deben destruir cualquier ilusión con respecto al presente: aceptar la desesperanza.

Shingeki no Kyojin, el manga creado por Hajime Isayama, cumple este 9 de septiembre 10 años desde su debut en 2009. La serie ha tenido tanto éxito que ha inspirado diversos juegos y motivó a que productores japoneses realizaran el año 2015 un live action de dos partes; el que a decir verdad, fue un fracaso de taquilla muy mal calificado en Imdb. Pero ya es oficial que Warner Bros se hizo con los derechos de la serie para realizar un nuevo live action, esta vez, con Andy Muschietti a la cabeza, quien fue director de It y con David Heyman, productor de películas como Harry Potter y Fantastic Beasts.

La tercera temporada de esta popular serie recibió calificaciones excepcionales en Imdb, obteniendo uno de sus capítulos, una puntuación perfecta de 10.0, mientras otros alcanzaron 9.9. La ansiada cuarta y última temporada, se estrenará en otoño del año 2020. El éxito de esta serie es innegable, y las iniciativas comerciales que han surgido a partir de ella lo demuestran. Por lo que es necesario preguntarse, qué la hace tan especial. Su argumento es bastante común y sencillo: La humanidad está amenazada por el ataque de brutales monstruos y un grupo de chicos arriesgarán sus vidas para detenerlos. Pero la historia posee varios elementos que la hacen especialmente interesante y atractiva.

El enemigo que enfrenta la humanidad son los titanes. Poderosos gigantes que alcanzan una altura de tres hasta 15 metros y que carecen de inteligencia. Su rostro mantiene permanentemente una expresión hueca, una mirada vacía y una sonrisa infantil que mantienen incluso cuando devoran a sus víctimas. Esto hace que no sólo provoquen miedo y odio, sino también desesperación. Pero es paradójico pensar, a medida que avanza la trama y se descubre el misterio detrás de los titanes, que estos monstruos en realidad son – o fueron – humanos manipulados por otras personas para devorar y acabar con la humanidad. El verdadero enemigo no resultan ser los gigantescos monstruos, sino, personas comunes y corrientes que mueven los hilos de estas criaturas.

Los protagonistas son los soldados que arriesgan sus vidas para proteger a la humanidad. Aunque muchos de ellos se muestran fuertes y sin temor, es genial o al menos interesante que Hajime Isayama haya dejado espacio para el prototipo del héroe débil. En repetidas ocasiones, los soldados no tienen las capacidades para derrotar a los titanes, y un terror los embarga aun cuando se deciden a entrar en combate.  Incluso varios de los heroicos soldados, al momento de morir, reaccionan de forma patética, llorando y pidiendo piedad. Este es un fenómeno del que no escapan ni los soldados de la gloriosa Legión de Reconocimiento: el cuerpo militar de defensa más capacitado que posee la humanidad.

Aunque los elementos antes mencionados hacen valiosa la serie, lo que la hace más especial, son las realistas problemáticas filosóficas y morales que se desarrollan a lo largo de la historia. Los soldados de la Legión de Reconocimiento poseen una voluntad que tambalea entre la convicción y la desesperanza. Creen en el futuro, pero no en el presente. Si los soldados anidaran expectativas en el corto plazo, prontamente sus ilusiones serían derribadas por la realidad y con ellas caería su voluntad para vivir. Para permanecer de pie y no desmoralizarse, deben destruir cualquier ilusión con respecto al presente: aceptar la desesperanza.

La Legión busca, con sus estrategias y tácticas militares, descubrir el origen de los titanes, para ayudar a liberar a la humanidad de su yugo mortal; pero en varias ocasiones estos planes fracasan dejando sólo un gran saldo de muertos. Por esto, los líderes de la legión asumen desde un inicio que posiblemente harán grandes sacrificios en vano, si no aceptaran esos riesgos, perderían oportunidades únicas que podrían acercarlos a la victoria. Entonces se sumergen en la incertidumbre. Afirman que “nadie puede predecir los resultados”. Juegan a los dados y apuestan sus vidas.

A lo largo de la serie, los soldados mueren de las formas más horribles: aplastados o devorados por los titanes; y deben seguir avanzando sin paralizarse por el terror. El dar más importancia a sus vidas que a su objetivo, sería su fin. La única forma de continuar, es ver sus vidas como un pago inevitable para acceder a la mínima posibilidad de victoria. Una visión útil, lógica y práctica que les permite aceptar la muerte. Pero una ligera línea separa esta aceptación de la muerte con la banalización de la misma. El ver la muerte de personas como algo inevitable puede llevar a verla como algo común, y lo común no tiene valor: las vidas humanas dejan de ser sagradas o valiosas.

Esta estructura moral desarrollada, cuando se aplica ya no a un grupo reducido y hermético – como la Legión de Reconocimiento –, sino a toda una sociedad, se vuelve peligrosa. Las vidas humanas, en tanto que individuos, serían menos importantes que las vidas humanas en su conjunto; es decir, si ciertos grupos o individuos deben morir por el bien de la mayoría, que así sea. Genocidios, asesinatos en masa, persecución política; todo se logra justificar si confrontas el bien común con el bien individual. Esta lógica de pensamiento ha sido uno de los pilares del totalitarismo. Es el acceso al poder lo único que impide que las heroicas acciones de estos pequeños grupos se transformen en acciones déspotas en desmedro de la mayoría.

Los heroicos soldados han sacrificado poco a poco su humanidad, y con ella, arriesgan perder su brújula moral, si es que ya no la han perdido. En el desarrollo de la tercera temporada, podemos ver que ya no sólo aceptan perder sus propias vidas, o la de sus compañeros; ahora también aceptan matar a otras personas con tal de alcanzar sus objetivos. Un soldado afirmó en un momento que “sólo un demonio puede enfrentar a los titanes” y aunque se refería al comandante de la Legión, esto se puede aplicar a la Legión en su totalidad ¿Acaso estos héroes podrían convertirse en demonios dispuestos a asesinar o a dejar morir civiles si la circunstancia lo exige? Quizás. Esta serie nos puede permitir reflexionar sobre los oscuros caminos en los que podemos llegar a transitar, si somos guiados por la desesperanza.

“El que lucha con monstruos debe tener cuidado para no resultar él un monstruo.

Si miras mucho a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti”.

Friederich Nietzche

Alex Dixon Fajardo Cisternas
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