Hay intervenciones que surgen de acuerdo a un plan. Otras simplemente responden a una contingencia que te exige estar a la altura.

La Hora Segura de Fundación Todo Mejora tiene su origen hace 6 años, cuando a nuestro chat de Facebook comienzan a llegar mensajes angustiosos de adolescentes pidiendo ayuda. En ese momento, en Todo Mejora nuestra misión era emitir mensajes de esperanza para niños y adolescentes que se identificaban como LGBT y maltratados en sus entornos cercanos, y nos sentimos con la responsabilidad de dar respuestas a todas esas historias y relatos de dolor.

Fue así como comenzó con una persona contestando los mensajes, una hora a la semana. Esta iniciativa se llamó la Hora Segura, un incipiente ofrecimiento de un lugar seguro para chicos y chicas que señalaban no tener a nadie con quien conversar. Seis años después se ha transformado en un Programa que da atención 40 horas a la semana, con un equipo de casi 70 profesionales de las ciencias sociales, la salud y la educación, que donan voluntariamente una hora a la semana, para chatear con los adolescentes que nos contactan.

Sobre la marcha, hemos ido construyendo un modelo de intervención transdisciplinario de límites precisos, con el objetivo de contener, orientar y -cuando se requiere y están las condiciones- derivar a alguno de nuestros 20 Centros Aliados.

La demanda y el público también han crecido, pues ahora es un espacio que recibe tanto a jóvenes LGBT+, como a heterosexuales. Seguimos dando atención a través del mismo chat de Facebook, sin embargo ahora también tenemos un chat en nuestra web y una App gratuita que se descarga en el celular y que nos ha donado nuestro socio Let’s Talk, convirtiéndonos en la única ONG que cuenta con un servicio de esta naturaleza en Chile.

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, son muchos los aprendizajes que podemos compartir. El principal: los y las adolescentes necesitan ser escuchados y reconocidos. Estamos recibiendo a quienes los adultos a veces están muy cansados para escuchar. A jóvenes que, desde una mirada adultocentrista, suelen ser tildados de exagerados, superficiales, enfermos, desviados o con malestares que a veces se etiquetan como producto trivial de procesos hormonales o efecto de modas. A quienes ven cómo su sufrimiento es ignorado o minimizado. A quienes se enfrentan a un contexto impasible, que subestima lo difícil que se torna crecer en un mundo como el nuestro.

Y lo que comienza a ocurrir es que su dolor es escondido para no alterar a un entorno en el que parecieran estorbar. Cuando ese dolor se acumula y existen factores de vulnerabilidad como la acumulación de experiencias de violencia, muchos llegan a considerar el suicidio como la única salida posible. En ese escenario, deambulan al borde de eventos gatillantes que los pueden llevar a terminar con sus vidas. En algunos casos, en lugar de eventos precipitantes, los chicos y chicas llegan a la Hora Segura.

Nosotros, como otras organizaciones de la sociedad civil y la academia, procuramos día a día estar a la altura. Pero el suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes entre 15 y 19 años en Chile hoy y pareciera que aún no se han encendido las alarmas. La exigencia que como sociedad enfrentamos es alta y las respuestas que se requieren son complejas. Los planes para avanzar en prevención ya existen a nivel central; la pregunta es, ¿cómo avanzamos en su implementación, con qué presupuestos y con qué sentido de urgencia?