Mientras Haydee Oberreuter (65) sube el ascensor para llegar hasta su departamento, en el centro de Santiago, cuenta que este miércoles estará sentada en la comisión de Derechos Humanos, en el Congreso, con el ministro de Justicia, Hernán Larraín. Una vez más, dice, un 11 de septiembre, insistirá en las reparaciones pendientes a las víctimas de la dictadura.

En estos días, también ha estado concentrada en varios foros sobre memoria y en el estreno del documental que muestra su historia después del Golpe: “Haydee y el Pez Volador: la mujer que llevó a la justicia a la Armada chilena”. Un testimonio sobre un aborto forzado; una maternidad arrancada por las torturas tras ser detenida en el campo de concentración de Tres Álamos.

El documental se estrenó hace algunas semanas en el festival Sanfic y estará en salas nacionales desde el próximo 7 de noviembre.

Haydee habla de lo que significó la película en su vida: más que un conjunto de escenas, fue un acto simbólico. “Aquí libero a ese hijo, dejo que se termine de morir, lo hago nacer nuevamente y, al final, lo libero”. Ha sido un proceso intenso que compartió con la directora Pachi Bustos durante cinco años y que cuentan a El Desconcierto.

¿Qué representa este “pez volador”?

Haydee Oberreter (HO): Los niños; los que nadie sabe dónde están y que Chile tampoco ha buscado. Yo lo elegí porque, aunque parece mitológico y no lo es; es un ser real. Existe en todos los mares del planeta y, al mismo tiempo, vuela. Tiene, además, otra característica que para mí es fundamental: es que nunca anda solo, anda en patota. Por lo tanto, yo me imagino que el mío anda con los otros que le pasaron cosas semejantes. Son veloces y cuando los quieren atrapar en el cielo nadan y cuando lo quieren atrapar en el mar vuelan. Yo me imagino a los hijos de las compañeras desaparecidas, a los que perdieron las presas políticas en los cuarteles de torturas. Creo que el mío anda con ellos (se emociona). Pero eso también representa a los niños que están en el Sename, los que se olvidan.

/Imagen del documental, Pachi Bustos.

Me comentaron que se conocen hace más de diez años y que vienen trabajando en esto hace cinco. ¿Cómo se fue construyendo el guión, la historia?

Pachi Bustos (PB): La idea de hacer específicamente esta película surge cuando el caso judicial ya había avanzado y el ministro Leopoldo Llanos había condenado a los responsables. La coyuntura de este caso judicial en desarrollo que nos permitía, de alguna manera, ser testigos privilegiados de algo que se iba a resolver ahí. Fue como acompañar ese desenlace de un caso judicial tan particular, tan único en su gestación, porque es ahí donde termino de enlazar todas las aristas que dieron origen a esa causa. Se muestra la historia del reportaje que hace la periodista Alejandra Matus sobre la historia de Haydee y cómo impacta al abogado Vicente Barzán, que, de manera anónima y solidaria, presenta esta querella sin siquiera conocer a Haydee. También de cómo el juez Alejandro Solís, de alguna manera, a pesar de que no estaba tipificada la tortura, investiga bajo esa perspectiva. Así, entramos en la historia de Haydee donde están las maternidades violentadas, que había sido el sello de Alejandra para distinguir su reportaje de otros casos de victimas de sobrevivientes que aparecían en el informe Valech. Pero a Haydee no le interesaba hacer una biografía, sino que a través de su historia representar también a otras mujeres que vivieron experiencias semejantes.

Haydee, ¿cómo tomaste inicialmente esta idea de Pachi de llevar tu historia a la pantalla grande? 

HO: Me motivaba por casi todas las cosas que he hecho en la dictadura y la posdictadura y porque era el relevar una acción única excepcional de generosidad y fraternidad de parte de este abogado que no conocía nadie, pero que se interesó en el caso. El proyecto originalmente no se trataba en absoluto de mí, sino que de un señor que había hecho algo que ningún otro ciudadano hacía: conmoverse con la historia de un bebé de vientre al que habían asesinado en tortura porque se había producido un aborto forzado. Él reaccionó en defensa de la vida; actuó por iniciativa propia. Con eso, se reconocían los silencios de la sociedad, de la historia, que tiene que ver con personas que hacen cosas que nadie valora, pero que son excepcionales.

Además, me venía a la medida. Algo que históricamente he hecho es hablar de los demás y no de mí misma, que, estrictamente hablando, es muy femenino. Bueno, esa es una parte de la historia. El tema es que en el camino el “pececito volador” se fue apropiando de la historia. Y claro, no fue el mismo espacio que le ha prestado la justicia, que se ha negado a tomarlo como debiese, en la historia de los magros esfuerzos reparatorios que el Estado de Chile ha hecho respecto de la prisión política y tortura y sobre los delitos de lesa humanidad en general. De pronto, ahí, este pececito volador comenzó a meterse en el corazón de la historia. Fue en el camino que se fue armando. De hecho, fui yo misma que un momento pedí que su nombre, Sebastián, estuviera ahí.

¿Cómo fue el proceso de producción?

PB: Bueno, como cualquier película, sea documental o de ficción, es un proceso súper largo desde que, en el fondo, lo acordamos hasta que se desarrolla la historia, el guion y se obtiene los recursos. En ese sentido, es importante destacar que no es un trabajo de una dirección, sino que es un conjunto de personas que materializan este proyecto: la productora Paola Castillo, el director de fotografía Pablo Valdés, la sonidista Romina Núñez, la montajista Titi Viera-Gallo, por nombras solamente a las personas del equipo central, pero hay una serie de voluntades de compañeros que estuvimos encabezando este proyecto. En ese sentido, también fue relevante conseguir la coproducción con Brasil, a través de un canal de televisión que se llama Curta! y una productora que se llama Giros. Entonces, conjuntamente postulamos a los fondos audiovisuales y obtuvimos los recursos para hacer la película.

HO: Lo que tengo ahora es la añoranza de ese equipo. Incluso, por un tiempo me pasó que empecé a extrañar la maquinita afirmada en el pantalón y el micrófono escondido en el pañuelo y que me metieran la cámara hasta por las orejas (se ríe). Creo que el reconocimiento fundamental tiene que ver con la habilidad y la personalidad de la directora, porque en más de una oportunidad tuvo que manejar reacciones mías de rechazo de ciertas situaciones. Yo le decía: “no, porque me preguntas sobre esto”, y ella me empezó a llevar también en ese proceso. Pero una sobreviviente de prisión política y tortura y, particularmente, una mujer sobreviviente y dirigenta, es un bicho muy difícil de llevar, sumado a que hay ciertas fortalezas de carácter que te dotan de algunas barreras. Y una cuota de maña. Pero, en general, ha sido un proceso muy llevadero.

/Imagen del documental, Pachi Bustos.

Aquí hay una línea narrativa que se centra en el avance en la justicia del caso…

PB: Sí, es una línea sobre lo que pasa en el presente, que tiene que ver con su avance en la Corte Suprema. Pero hay otras líneas relacionadas con la historia de cómo se gesta el caso, la historia personal de Haydee, de lo que le sucedió en su juventud y otras cosas que pasan en el desarrollo de la película que nos permiten hablar, por ejemplo, de la memoria del dolor y cómo esto la acompaña hasta el presente.

Hace algunas unas semanas se estrenó en el festival de cine Sanfic. ¿Cómo fue la acogida?

PB: Estamos súper contentas. Ya lo veníamos sintiendo desde las primeras muestras con grupos más cercanos. En el fondo, veíamos que la película se entendía y emocionaba. Esto lo confirmamos cuando tuvimos la premiere mundial en un festival internacional en Canadá (Hot Docs Film), a fines de abril pasado. Quedamos seleccionados en un festival prestigioso y fue una muestra de cómo la historia interpela. Estábamos en una sección de películas dirigidas solo por mujeres y sobre mujeres (Persister Film). Estuvimos, además, entre las películas más vistas por el público, donde se eligen 20 de 250 en total. Más allá de eso, en las mismas funciones, en la primera función el público se puso de pie a aplaudir. Terminaron muy emocionados.

¿Qué se viene para adelante?

PB: Estamos participando en distintos festivales internacionales. Este miércoles se estrena en el Festival Internacional de Viña del Mar. Nos seleccionaron en un festival de derechos humanos en Escocia y vamos a estar en México. Estamos esperando también las respuestas de otros festivales.

HO: Todo esto nos lleva a reflexionar sobre el rol de las artes, donde los documentales no solo son arte, sino que también una acción de justicia. Termina siendo un elemento que nos permite discutir con la sociedad, interpelar, tocar corazones mucho más allá del debate legislativo o jurídico. Nos lleva a instalar el tema de las maternidades arrancadas.

Planteas esto último como una invitación a reflexionar, a sensibilizar sobre el tema. ¿Cómo lo llevas a los debates que se están dando actualmente sobre las violencias que sufren las mujeres?

HO: Justamente, vengo llegando de una invitación que me hizo el movimiento feminista de Tarapacá que busca convertir septiembre en un mes de conmemoración, de diálogo, de discusión en torno al tema de las maternidades interrumpidas. Incluye, también, a aquellas personas que se le quitaron los hijos y que también ahora están organizándose. Es muy interesante ver cuando comienza a surgir desde el presente algo que tiene que ver con las luchas de siempre, porque sientes que se está avanzando y que, además, desde la posición en la que yo estoy, se cuenta una historia que la pueden ver todos a través de un documental. Eso puede contribuir a que tomemos conciencia y a tomar medidas.