Cultura

Iván Monalisa Ojeda: ¿Quién dijo que era una telenovela marica?

Por: Anabel Watson y Alejandra Ricciulli desde Nueva York / Publicado: 07.10.2019
Foto: Nicole Costa
A días del estreno de la película El Viaje de Monalisa de Nicole Costa en el Festival Internacional de Cine de Valdivia este jueves 10 de octubre, hablamos con Iván Monalisa Ojeda, el escritor y performer chileno (La misma nota forever, Las Biuty Queens) radicado en Nueva York desde hace más de veinte años, y sobre quien trata la ópera prima de la realizadora chilena.

Antes de ser Monalisa, ya se tejían mitos alrededor de Iván Ojeda. Era un artista de la contracultura que pululaba en el Festival de Nueva Tendencias Teatrales, en el Jaque Mate y el Museo de Arte Contemporáneo. Presentó un par de obras de teatro escritas por él. Después sus amigos le perdieron la pista hasta que reapareció en Nueva York, transformado. Había descubierto un nuevo personaje que encarnar y que además le permitió ganarse le vida. Y no solo eso, es Monalisa quien lo ha llevado a reencontrarse con la escritura y comenzar a ser conocido más allá del mundo marginal de la prostitución y drogas que describe en sus textos. 

-¿Qué puedes contarnos del proceso de trabajo filmando El Viaje de Monalisa?

–Cuando llegó la Nicole a Nueva York, nosotros volvimos a ser los mismos amigos de siempre, igual que cuando estábamos en la universidad. Empezamos a juntarnos a chismosear, a carretear, tú sabes; y por supuesto, a pensar en cosas artísticas. Lo mismo que hacíamos cuando nos conocimos en Santiago hace más de veinte años. Los dos teníamos hartas ideas de teatro, de performances, etc. Pero como que cada uno empezó a tirar más para lo suyo: Ella estaba más en la onda de grabar, y yo estaba más en la onda de seguir trabajando a la Monalisa. Así que se dio natural que ella empezara a grabarme, documentando el proceso en que yo me encontraba en ese momento. Y como los dos somos de movernos por intuición, simplemente seguimos adelante sin tener un propósito muy definido, hasta que de repente la cosa empezó a tomar forma, empezó a participar otra gente, todo se empezó a hacer más grande y al final, la cosa acabó convirtiéndose en una película.

–¿Qué descubrirán de ti quienes vean esta película?

–No tengo idea porque yo no he querido verlo entero. He visto solo partes. Es que igual es fuerte, ¿cachai?, porque habla de uno mismo. Habla demasiado de uno mismo y verse de afuera no es fácil. Ahora que lo va a ver más gente de la que yo creía, la verdad es que sí me da pudor, por los temas que trata y porque… o sea yo ahora estoy trabajando en un H&M, ¿cachai?, y ya no es como antes que me valía verga todo. Ahora hay cosas que tengo que empezar a cuidar porque soy parte de una sociedad. Pero bueno, también como dice el título de la película, es un viaje. Un viaje externo, es decir geográfico pero también interno. Y eso implica que todo está en constante movimiento, en constante cambio. Entonces sí, creo que lo que verá la gente es eso: mi viaje, el viaje de Monalisa.

Fotograma de El Viaje de Monalisa

–En Chile tú trabajaste dirigiendo obras de teatro, pero cuando llegaste a Nueva York te dedicaste a la prostitución. ¿En qué te han aportado estas experiencias tan distintas para tu creación literaria?

Esa pregunta está mal formulada porque no es solo “la prostitución”. Cuando yo llegué a NY aprendí toda una forma de vida diferente que tiene que ver con cómo ganarse la vida en general, y eso no es sólo la prostitución. Es el hustle, es cómo aprender a transar. Es mucho más complejo. La prostitución es sólo una de las formas de transacción, pero hay muchísimas más porque es un estilo de vida. Es un mundo entero que funciona desde otra perspectiva, con otras prioridades y otros sueños, y es esa la complejidad que yo transcribo a mis historias. No son solamente anécdotas del puterío. 

Y en cuanto al teatro y a los estudios de lo académico, bueno, pues eso, me han aportado un conocimiento más teórico, aunque igual de importante que se ha venido a completar con todo lo que llegué a aprender acá en lo práctico.

Te defines como trans, pero puedes vestir de mujer u hombre indistintamente, ¿cuál es la definición de tu identidad de género? 

Yo no me defino como trans, me defino como transgénero. Porque trans podría ser también transexual, así que yo prefiero decir el término completo para que quede más claro. Existe algo que se llama transgender umbrella, que se refiere al paraguas que se abre en el universo transgénero, aquí entran todas las tendencias que se diferencian de las identidades de género binarias, entonces es todo un espectro que involucra a las personas transexuales, los crossdresser, los cambios, los non-conforming, los two spirit, y un largo etcétera plus. Yo personalmente me identifico two spirit porque comprendo en mi expresión de género, tanto lo masculino como lo femenino. En palabras básicas, me gusta comprar ropa de hombre tanto como ropa de mujer. Pero también es cierto que cuando se trata de instancias artísticas prefiero recurrir a la Monalisa. Una, porque es desde la Monalisa que yo completo mi perspectiva sobre el arte, y otra porque para mí también la transformación es un ritual. Esto debe venir de mi vinculación con lo teatral, tal vez. Me acuerdo cuando yo salía hacer dinero y me transformaba en la Monalisa, era como una especie de rito. Las otras locas se reían porque yo como que me posesionaba por el espejo. Lo hacía todo en un silencio religioso, como si fuera una ceremonia.

Fotograma de El Viaje de Monalisa

–Has dicho que tu método de escritura era escribir a la rápida. Y hay quienes califican tu obra de “telenovela marica lejos del glamour neoyorquino”. ¿Cómo has ido construyendo tu trabajo literario?

–¿Quién dijo que era una “telenovela marica”? Y tampoco es que yo escriba a la rápida, lo que pasa es que por la forma de vida que tengo, que soy una gitana, no me puedo permitir andar almacenando cosas. Yo tengo que estar preparado siempre para moverme en cualquier momento y necesito moverme ligero, no puedo andar acarreando material. Entonces por eso mi manera creativa responde más bien a algo práctico y es un proceso que se va generando en mi cabeza. Es ahí donde yo le voy dando forma a mis historias. Les doy mente, les doy mente; y ya cuando están ready, pum!, las escribo. Yo no tengo tiempo de sentarme a buscar la inspiración para ponerme a escribir, a mí no me da para musa; lo que yo trabajo es sobre un registro de eventos que ya está en mi memoria, y en ese sentido, los cuentos salen cuando se dan las condiciones de tiempo y de lucidez para salir. 

–¿Cuál es la importancia de mostrar ese mundo tan poco visible en el que te has movido todos estos años?

Yo no sé cuál es la importancia. No escribo pensando en que sea algo importante, escribo porque es el mundo que conozco y porque me nace mostrar a quienes han sido mi familia en Nueva York. Los personajes de mis cuentos son la “familia urbana” que he elegido durante todos estos años. Y supongo que al final, escribir de ellos es una forma de escribir de mí también.

–¿Es muy complicado que la obra sea la propia vida?

O sea, es lo que es. No conozco otra manera, entonces no sé si es más complicada que otra. Yo no tengo un turno de artista en el que voy a marcar tarjeta y después me voy a descansar, no tengo horarios. Mi vida es mi forma de arte, y no la puedo separar. La Monalisa soy yo, pero también es mi construcción, mi lienzo, y la obra que está siempre conmigo.

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