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Opinión

La trascendente amistad entre Pedro Lemebel y Gladys Marín

Por: Juan Andrés Lagos / Publicado: 10.10.2019
La trascendente amistad entre Pedro Lemebel y Gladys Marín lemebel y gladys /
Creo, esencialmente, que ambos compartían profundamente una crítica de forma y fondo al carácter de la transición pactada; a su pacatería; a la permanente simulación y a la negación del sujeto popular. A la desigualdad; a la impunidad en relación a las violaciones a los Derechos Humanos. Ambos sentían mucha distancia de la élite, que emerge en la década de los noventa. Y realizaron múltiples acciones de protesta en contra del dictador Pinochet, comandante en jefe...y después senador vitalicio.

Pedro Lemebel fue integrante del Comando Presidencial de Gladys Marín, cuando en 1999 ella postuló a la presidencia de Chile.

Compartió múltiples e intensas actividades con ella, como el “tren de la victoria”, que partió de Santiago y llegó a Temuco, emulando lo que antes Salvador Allende había protagonizado en la campaña que lo llevó a La Moneda. En ese viaje, parábamos en las estaciones, y se formaban mítines, y en algunos hablaba Gladys, y en otros Pedro.  El tren ebullía de pasión y mística.

Pedro fue uno de los protagonistas de la redacción del programa político que levantó esa campaña, convocando (ya en esos años) a la formación de un Frente Antineoliberal, para superar ese nefasto modelo político-económico, y la política de los consensos entre la derecha y la entonces Concertación.

Uno de los aportes más relevantes y significativos, en esa batalla político-electoral, fue su acción escritural, ética y estética en defensa y promoción de la diversidad sexual e identidades de géneros. Sus expresiones fueron protagonistas de la campaña presidencial. Con Gladys, pensaron y elaboraron múltiples acciones que irrumpieron en el Chile conservador; pos moderno y consensuado de esos años. Acciones creativas, trasgresoras, irónicas.

En rigor, mucho de la impronta de esa campaña presidencial, está en ambos.

Creo, esencialmente, que ambos compartían profundamente una crítica de forma y fondo al carácter de la transición pactada; a su pacatería; a la permanente simulación y a la negación del sujeto popular. A la desigualdad; a la impunidad en relación a las violaciones a los Derechos Humanos. Ambos sentían mucha distancia de la élite, que emerge en la década de los noventa. Y realizaron múltiples acciones de protesta en contra del dictador Pinochet, comandante en jefe…y después senador vitalicio.

Fueron protagonistas por varios años de la fonda La Chingana de los Abrazos, y quienes la vivimos, recordamos sus locas alegrías en medio de la música y el griterío. Se sentían felices.

El encuentro entre Gladys y Pedro venía de antes. De muchos años. Había una admiración mutua. Se tejió en múltiples momentos y conversaciones; en actividades callejeras; en marchas; en protestas; en gestos solidarios.

Pedro fue un activista; agitador y muy valiente resistente a la dictadura de Pinochet. Sus acciones de arte hablan por sí mismas. Ciertamente, fue un directo y abierto crítico al machismo; a la violencia y la exclusión de géneros. Desde su trinchera, Gladys también lo fue. Y tempranamente, adoptó posiciones en esa misma línea, en todos los espacios en que le tocó actuar. Entonces, sus caminos se encontraron.

Una clave, que permite ubicar realmente el contexto de esta intensa amistad, es que lo hicieron reivindicando a la Izquierda y al Pueblo; a la clase trabajadora.

Es importante tener presente que, a partir de la  década de los noventa, se produce en Chile una fuerte negación de la Izquierda; de la Revolución; tras la caída de los socialismos reales, y de la imposición a nivel planetario del capitalismo salvaje: el neoliberalismo.

Y Pedro y Gladys tomaron posición clara y diáfana en este sentido.

Esto es indesmentible.

Cultivaron una amistad bien profunda. Creo que sus afectos mutuos eran muy grandes.

Se ayudaban. Reían mucho; discutían mucho; eran cómplices en la melancolía de vidas golpeadas por el dolor propio, de otros, del Pueblo y de los Pueblos.

A Pedro lo vi estremecido muchas veces, pero hay dos momentos en que las pérdidas lo hicieron estallar: Cuando muere su madre, y cuando muere Gladys.

Tuve el privilegio de ser testigo de esa amistad, y por eso, en más de una ocasión, les dije que eran “almas gemelas”. Y esa afirmación la hice también públicamente.

Pedro y Gladys dejaron grandes legados.

El problema no son las múltiples miradas o interpretaciones. El tema de fondo es que se requiere hacer esfuerzos e intentos por la recreación efectiva de vidas, como la de Pedro, que tuvieron los acentos, las definiciones, las acciones y relatos posibles de rescatar de verdad, y efectivamente. No considerar eso, es simplemente reducir la mirada.

La tarea, el desafío, está planteado.

Juan Andrés Lagos
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