Cartas

Carta de Rebolledo y respuesta de El Desconcierto

Por: El Desconcierto / Publicado: 12.10.2019
Los medios de comunicación y periodistas seleccionamos y organizamos la información con el objetivo de entregar datos y hechos relevantes a la ciudadanía para que tome sus mejores decisiones. En el caso de la entrevista a Rebolledo, hemos hecho lo mismo, nada distinto.

Lamentamos profundamente la reacción de Javier Rebolledo, llena de imprecisiones y juicios personales, a la entrevista que este medio publicó sobre su libro el pasado jueves 10 de octubre.

Los medios de comunicación y periodistas seleccionamos y organizamos la información con el objetivo de entregar datos y hechos relevantes a la ciudadanía para que tome sus mejores decisiones. En el caso de la entrevista a Rebolledo, hemos hecho lo mismo, nada distinto.

Sin embargo, el 11 de octubre, Rebolledo nos hizo presente su malestar. Pese a que no consideramos positiva la forma de manifestar su molestia, lo atendimos y cambiamos parte de la redacción de la entrevista para que estuviera tranquilo, como un gesto de buena voluntad único hacia él, pues no es una práctica periodística que utilicemos con nadie más. Rebolledo había quedado conforme, pero este 12 de octubre volvió a manifestar su molestia, aunque esta vez a través de redes sociales, de forma errónea y omitiendo información.

Como dirección editorial de El Desconcierto lamentamos que no quedara conforme con la entrevista. Pero no aceptaremos que nos trate de mentirosos. Lo que ahí aparece, es lo que él dijo, tal como lo reconoce en la carta que publicamos abajo. Y el proceso de edición y jerarquización de la información, corresponde a nosotros; no a él. Rebolledo, como periodista que es, debería saberlo. Y también debería tener claro que las entrevistas, y sus titulares, no se le ofrecen al entrevistado para que las revise y apruebe previamente.

Es más, creemos que ha hecho una análisis erróneo de lo que responde en las entrevistas que da, y lo que al parecer cree que dijo. Por lo anterior, ponemos a disposición de él y de quien quiera escuchar, el audio desde donde sale el titular de su entrevista, y que él acusa como fake news.

Escucha acá la respuesta de Rebolledo sobre los detectives que infiltró el PC a la PDI:

Publicaremos su carta en forma íntegra

Si el señor Rebolledo tuvo problemas producto de la entrevista que dio, y la carta que nos envía cree que es la solución, aceptamos publicársela. Este medio apela a la libertad de expresión y a tener una mirada crítica frente a hechos que se nos plantean, y esta no fue la excepción. El titular no tiene ni emite juicios de valor y responde a criterios informativos. Lo mismo se observa en las preguntas que se le hicieron a Rebolledo. Es más, Rebolledo ofende profundamente el trabajo periodístico y profesional de una de nuestras colegas. Aquello no lo aceptamos, pues no corresponde a la verdad y produce daño gratuito al medio y a la colega.

De todas maneras, así como le cedemos el espacio para publicar su carta, él debe saber que esa es la causa (libertad de expresión) y no un supuesto error o difamación que él nos atribuye.

Como sea, una vez más lamentamos profundamente su reacción a la entrevista. Tenemos los respaldos de la misma. Lo invitamos a escucharlos íntegramente cuando quiera. Ojalá lo haga, y bajo una mirada periodística; no de juicios personales, sino, esto seguirá siendo un discusión improcedente.

A continuación, la carta que nos envió Rebolledo (que hemos decidido publicar íntegramente, incluidos sus errores y opiniones erradas sobre este medio, dadas las razones planteadas anteriormente):

“MENTIROSO TITULAR DE EL DESCONCIERTO”

Me dirijo al diario El Desconcierto, o a su directora, debido a que me siento injuriado por dicho medio de comunicación digital. El día viernes 10 de octubre de 2019, El Desconcierto publicó una entrevista realizada por la periodista Natalia Figueroa, titulada “Entregaron detenidos a la DINA”. En su epígrafe se lee “Javier Rebolledo revela detalles de su nuevo libro sobre los comunistas infiltrados en la PDI durante la dictadura.”  Respecto de la nota y los daños colaterales de vuestro titular, me permito señalar lo siguiente:

El día miércoles 8 de octubre fui hasta las oficinas de El Desconcierto para llevar a cabo una entrevista, a propósito de la reciente publicación de mi último libro, “El costo del silencio”. Tuve una conversación y entrevista con la periodista Natalia Figueroa, que se extendió por, aproximadamente, una hora. Había leído buena parte del libro, así que logramos profundizar en varios temas asociados a esta publicación, como también a la complejidad de la realidad que debieron experimentar sus personajes. Quedó meriadianamente claro que se trataba de jóvenes militantes de las Juventudes Comunistas y estudiantes universitarios que -entre 1971 y 1972-, dejaron sus carreras para entrar a la Policía de Investigaciones. Fueron parte de una misión que el partido les había encomendado con el objetivo de sumar gente suya dentro de la policía. En ese momento, nadie pensó que se vendría un golpe militar y que ellos quedarían “atrapados” dentro de la dictadura y en esa institución.

Luego de terminar, me quedé con la sensación de que había sido una buena entrevista. Pero el día viernes 10 de octubre leí la mencionada entrevista, cuyo titular fue: “Entregaron detenidos a la DINA”. Al leerlo pensé: “Este titular es una mentira encubierta con la intención de perjudicar a los personajes del libro.” De inmediato imaginé la cantidad de personas que ya habrían leído este titular y esperé que otros hubieran leído el resto de la nota, para comprobar la falacia. Luego pensé, otra vez, en los personajes del libro, quienes esperaron casi 50 años para tener en la confianza de contar una historia como la que narra el libro. Debían sentirse traicionados por mí, pensé.

El diálogo directo desde donde El desconcierto extrajo el titular que, estimo mentiroso -y atendiendo a la verdadera puntuación de la entrevista-, es el siguiente:

–(PERIODISTA) ¿Crees que se ha investigado lo suficiente a la Policía de Investigaciones y su rol en la dictadura?

–(REBOLLEDO) Creo que no está lo suficientemente dilucidado el rol que cumplió esta institución. Por ejemplo, ellos vieron cómo se creó una comisión especial dentro de la policía, que colaboraba con los servicios de inteligencia en tortura porque los detectives, y no los militares, eran los especialistas en la tortura. En este país se venía torturando desde tiempos inmemoriales, en el gobierno de Alessandri, Frei, Ibáñez, también Allende. Pero no era un tema que estuviera en la palestra. Se asumía que al lumpen, a la delincuencia, se le torturaba con la máquina de electricidad. Los especialistas en la tortura eran los detectives. Esta situación se hizo notoria solamente cuando se torturó a la clase política. Estos detectives estuvieron presentes en torturas, entregaron a detenidos a la DINA, fueron a la Villa Grimaldi, vieron cómo los detectives se arreglaban con los delincuentes, vieron tráfico de menores. Fueron testigos de una época.

Ustedes tomaron solo una parte de una larga frase. Una parte pequeña, por cierto. En la frase completa queda meridianamente claro que el trabajo de los detectives no fue “Entregar detenidos a la DINA”, sino que lo llevaron a cabo en algunas ocasiones debido a que, cuando se detenía gente en la calle -con antecedentes políticos o lo que fuera-, no existía la opción de decir “No, yo no lo detengo” y menos, imponer luego a la jefatura “No, yo no lo voy a entregar a la DINA”. Investigaciones detenía y si la persona debía ser entregada a la DINA, así se hacía. Esta no era una práctica exclusiva de los militantes de las Juventudes Comunistas de Chile, sino de la Policía de Investigaciones de Chile.

Es más, Alexis -personaje del libro y quien relata sus vivencias dentro de la policía-, me contó que, en una ocasión, literalmente, se tuvo que “tragar” un carnet de identidad luego de que militares llevaran a cabo una redada en una población. Todos los hombres fueron levantados en medio de la noche y ubicados sobre una cancha de tierra aledaña. Alexis debía tomar los carnés de los controlados y preguntar sus antecedentes por la radio patrulla hasta la central. Si aparecía algo, la persona podía ser, hasta, asesinada. Uno de los carnés señalaba el nombre “Vladimir Lenin González”. Básicamente, se lo tragó porque era un nombre sospechoso para la dictadura y, seguramente, habría llevado a la detención de esa persona.

Los detectives presenciaron torturas, porque el mundo del hampa se relacionaba así con la Policía de Investigaciones y viceversa. Algo que había permanecido inmutable durante buena parte de la historia de Chile.

Estos jóvenes detectives también ocuparon sus nombres y cuerpos para ayudar a que chilenos escaparan del país, movilizarlos de un lugar a otro, y conseguirles documentos de identidad para que salvaran de las garras de la DINA.

Adolfo Arrieta, por ejemplo, como parte de la Brigada de Homicidios, luego del golpe fue enviado a la sede de la Comisión de Organización del Partido Comunista. Junto a sus colegas debía tomar papelería y quemarla en el Cementerio General. Cuando llegó ahí, se encontró con una caja que contenía los nombres y apellidos de los militantes del partido. “Oro puro” para la represión. Sin embargo, poniéndose absolutamente en riesgo, tomó esas fichas y las quemó también en el Cementerio General.

Alexis, junto a su compañera, en 1975 sacaron del país arriba de un automóvil a José “Checho” Weibel, ex secretario general de las Juventudes Comunistas y, en ese momento, uno de los hombres más perseguidos del país. Otro compañero los ayudó desde el paso Los Libetadores timbrándoles los documentos de salida falsos. Además, ese compañero fue con ellos hasta Policía Internacional argentina para estar presente si es que Weibel era descubierto.

¿Les parece que un titular como “Entregaron detenidos a la DINA”, rescata esto? No, me permito responder. Tampoco, el hecho de que Teobaldo Tello, detective ingresado a la policía e integrante del MIR, fue hecho desaparecersin que la represión tuviera en consideración su pertenencia a Investigaciones.

Los personajes de este libro corrieron un riesgo brutal y fueron extremdamente valientes. Cada uno  de los lectores juzgará personalmente si lo llevado a cabo fue algo “bueno” o “malo”, según su propio código de ética. Pero lo que no se debe hacer con ellos es reducirlos a un titular como “Entregaron detenidos a la DINA”.

Un titular no puede desvirtuar el contenido de una frase, ni del pensamiento vertido en una entrevista. En este caso, me parece que, conscientemente -aunque esto es un juicio personal-, ustedes mintieron. Solo al final de una extensa bajada pusieron “Con el golpe, la misión cambia abruptamente, varios ayudan a militantes a salir del país, mientras otros deben lidiar con la doble identidad y sus complejidades.” Creo que no es necesario profundizar acá en los alcances que tiene un titular en comparación con una bajada. Tampoco que, al poner esta bajada, El Desconcierto dejó evidencia de que sabía que el titular publicado no refleja lo medular de la vida ni de la labor de los detectives que componen El costo del silencio.

Solo terminar por mencionar que en tiempos de “Fake news”, me parece un imperativo que medios de comunicación que funcionan con un editor responsable, un director y, también periodistas, atiendan a los preceptos de lealtad con la verdad, la justicia y la ética. No sólo al momento de tener que eliminar un titular, -cuestión que hicieron luego de mi protesta directa-, sino antes de publicarlo. Justo, cuando tienen en frente aquella tentación que puede llegar a decirles: “Publica este titular porque es más polémico”, “Porque llama más al lector” o “Porque es más vendedor”. Todo aquello se respeta hasta el momento de tergiversar la verdad.  Los lectores deben cumplir con su parte y leer la nota completa. Pero para que lleguen a eso, nosotros debemos imponernos no ocupar las herramientas del periodismo para inducir a error.

Atentamente,

Javier Ignacio Rebolledo Escobar.

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