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Marcada por la violencia machista: Las circunstancias que rodean el complejo caso de la muerte de Daniela Reyes

Por: Meritxell Freixas @MeritxellFr / Publicado: 13.10.2019
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Dos años y medio después de la muerte de la joven, el caso empieza a avanzar en la justicia. La familia reivindica la muerte de la estudiante como un caso de femicidio a manos de su ex pareja, David Espinoza, pero las circunstancias de su fallecimiento dificultan una acusación en esos términos, por lo que la opción que se baraja es acusar de lesiones graves, menos graves y amenazas que significarían entre 5 y 10 años de cárcel.

Encima de una mesita del comedor y sujetada por un portafotos con la imagen de su sobrina, Claudia Espejo atesora una estampilla con la figura del padre Pío que levanta su brazo derecho en un gesto de bendición. Es el recuerdo más apreciado que conserva de la hija de su hermana: “Fue lo último que tuvo con ella antes de morir”, dice la tía. Detrás del amuleto religioso, una foto de Daniela, vestida de escolar, joven y sonriente, sobresale de entre todos los objetos.

Daniela Reyes murió el 28 de febrero de 2017 en la Clínica Regional Del Elqui de La Serena, ciudad donde vivía. Tenía 17 años y era estudiante. Las causas de su fallecimiento se están investigando desde entonces, pero en las últimas semanas se han producido avances en el caso que, después de un engorroso camino y una larga y tediosa espera, permitirán esclarecer el grado de responsabilidad que su ex pololo y el contexto de violencia intrafamiliar en el que convivía la pareja tuvieron en su muerte.

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Maltratos y agresión

La tarde del 26 de febrero de 2017 Daniela Reyes mantuvo una fuerte discusión con quien era su pareja entonces, David Espinoza. Ambos habían empezado una relación poco más de un año atrás y vivían juntos desde hacía ocho meses en la casa de él, ubicada justo enfrente de donde ella había vivido toda su vida con su madre, abuela, tía, primo y hermanos, en la población Las Compañías de la ciudad costera.

“Daniela era una adolescente tremendamente sociable, bonita y coqueta; le encantaba coser y modificar su ropa”, cuenta su tía Claudia Espejo. “De repente comenzó a fijarse en un vecino con quien se conocían desde niños, de jugar en la calle”, dice.

La relación fue cuajando entre los dos, pero nunca fue bien vista por las mujeres de la familia, que consideraban que los vecinos “tenían otra clase de valores”. La oposición y el rechazo familiar a ese pololeo llevó a Daniela a trasladarse a la casa del frente. “Ella se aferró a este tipo porque buscaba protección”, asegura la tía. Años atrás Daniela había sido víctima de acoso sexual por parte de un familiar lejano y, pese a que la situación fue denunciada y se tomó declaración al presunto acosador, el episodio no tuvo mayores consecuencias.

La pelea de aquella tarde de febrero empezó cuando Espinoza llegó a la casa “en manifiesto estado de ebriedad”, según señala la querella interpuesta el 15 de marzo de 2017 por María Rosa Espejo, madre de la chica. El texto relata que, después de discutir, el joven, dos años mayor que ella, “la agredió con golpes de puño”. El barullo de la pareja se escuchó desde la casa de la familia de ella, por lo que su madre intentó, sin éxito, ir a rescatar a su hija. “Vi que al interior del domicilio, efectivamente, el sujeto la tenía del pelo y con la otra mano le pegaba combos en la cabeza”, declaró la progenitora ante la policía.

No era la primera vez que Daniela era agredida por su pareja. Según el testimonio de la madre, las agresiones e insultos comenzaron dos meses antes, sin embargo, esa había sido la primera vez que lo vio “golpeándola” y cuando le había preguntado a su hija por episodios de violencia “ella no contestaba y se colocaba a llorar”. Además, meses antes la abuela ya había denunciado a Carabineros un ataque del cual fue testigo ella misma. De hecho, Claudia Espejo contabiliza al menos seis llamadas a los agentes para denunciar maltratos, aunque asegura que la institución no conservó lo registros.

Fue en la tentativa de sacar a Daniela de la casa del frente que la madre –dice– también recibió “golpes de puño y después con un palo con el cual [David] pretendió propinarme golpes en la espalda, interviniendo mi hija que lo impidió”, sostuvo en la querella. En ese momento se sumó a la riña Nicolás Reyes, hermano de Daniela, y el enfrentamiento se centró, entonces, entre los dos hombres. Según la querella, David Espinoza amenazó al hermano con una arma de fuego. “Fue el motivo por el cual lo induje a que nos retiráramos a nuestra casa quedándome yo en la puerta para evitar que mi hijo volviera a salir”, declaró la madre en la denuncia.

Desde ese momento, los familiares perdieron de vista a Daniela, que permaneció en la casa con su pareja entre 15 y 20 minutos, según recuerda la madre. Cuando la volvieron a ver, fue ya tumbada en el suelo de la calle, luego de que un vecino les avisara que se había desmayado saliendo de la casa. “Acudí presurosa y mi hija estaba con el rostro golpeado, echaba espuma por la boca y tenía las manos morada. Llamamos a Carabineros y ellos llamaron a Urgencias para llevarla al hospital, cosa que ocurrió a los 45 minutos”, expuso la madre.

Pese a los intentos de los médicos que la atendieron y tras pasar dos días en coma, Daniela falleció en la clínica. Según la autopsia, murió por un “edema agudo de pulmón (en estudio)”, cuyas causas tenían que ser determinadas por los exámenes histológico y toxicológico.

Daniela Reyes

La “duda razonable”

El tiempo que Daniela Reyes pasó en la casa de su pololo tras la agresión fue clave para su trágico desenlace. Además de los insultos, el maltrato físico y las golpizas que presuntamente le propinó su pareja, existe otro elemento clave que ha condicionado toda la investigación. Los médicos del Hospital San Juan de Dios, quienes atendieron a la chica en un primer momento, alertaron a la familia que Daniela podría haber tomado algún tipo de sustancia previo a su muerte.

Según recoge la querella, una prima de Espinoza informó que la estudiante habría ingerido un insecticida en polvo denominado Balazo, utilizado como veneno para ratas. El informe pericial químico de la PDI aseveró que se trata de Metomil, un compuesto químico “altamente tóxico” cuya dosis letal media es de 19,5 mg/Kg. Esa hipótesis fue confirmada por los primeros exámenes toxicológicos y así lo mantiene la Fiscalía hasta hoy al sostener que se trataría de una sustancia tóxica “aún no determinada” que la chica ingirió “al interior de la pieza que habitaba junto a su connivente”.

La familia, sin embargo, no avaló del todo esa tesis y decidió solicitar otro examen toxicológico. Los resultados revelaron que en el cuerpo de la joven sólo se encontraron dos sustancias: Midazolam y Atropina, un ansiolítico y un alcaloide, respectivamente, que fueron suministrados en el hospital para estabilizar a la joven y que, por lo tanto, no hubo una intoxicación por envenenamiento con Balazo.

La toma o no de esta sustancia se ha convertido en un factor clave del caso de Daniela Reyes. Según el abogado querellante del caso, Ramiro Moya, “las causales del edema pulmonar pueden ser los golpes que rompieron la parrilla costal y perforaron el pulmón, lo que habría producido la hemorragia que inundó los pulmones y causó la muerte; o también el efecto de los venenos puede causar una licuación de la sangre que produce el edema pulmonar”.

El abogado cree que “en el juicio oral, le preguntarán al perito si la muerte podría haber sido causada por el envenenamiento y el perito dirá que sí”. Y es precisamente este peritaje –junto con los dos informes con resultados contradictorios– que, según el abogado, instalan una “duda razonable”, que podría invalidar una condena por femicidio. “No se puede descartar totalmente que [Daniela] no ingiriera Balazo aunque el segundo informe no lo haya detectado”, afirma Moya. Si bien los resultados del informe histológico (de los tejidos del cuerpo) podrían haber ayudado a esclarecer ese punto, “las muestras que se mandaron para analizar a Valparaíso se perdieron en el camino”, lamenta Claudia Espejo. Por su parte, el abogado responde que el informe histológico “aún no llega”.

La intención inicial de la familia y su abogado siempre fue llevar adelante una acusación por delito de femicidio, que se castiga con las penas más altas del Código Penal chileno. Por eso, la querella interpuesta en marzo de 2017 se presentó por ese delito. Sin embargo, la estrategia fue mutando a medida que avanzó la investigación. Hoy el abogado Ramiro Moya apuesta por asegurar el caso y acusar a David Espinoza, que ya registra condenas anteriores como adolescente y por un caso de receptación, de lesiones graves en contra Daniela Reyes, lesiones menos graves en contra de su madre y amenazas en contra del hermano, todas ellas en un contexto de violencia intrafamiliar.

El abogado sigue, así, la línea planteada por el Ministerio Público. La decisión no convence del todo a la familia, que no duda de que Daniela Reyes fue otra mujer víctima de femicidio. Si bien los cercanos de la fallecida esperan poder reformalizar al acusado en el transcurso del proceso, por ahora, el abogado no se muestra partidario de ello.

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La respuesta judicial

Tuvieron que pasar dos años y medio para que a finales de mayo la Fiscalía decidiera solicitar una orden de detención contra el acusado por un delito de lesiones graves, menos graves y amenazas, tal y como el persecutor había planteado. Una orden que finalmente no fue acogida por el tribunal, pero que sí dio pie a citar a David Espinoza a una audiencia de formalización en junio de este año. Desde entonces, se abrió un nuevo capítulo del caso, en el que los acontecimientos parece que han empezado a tomar un ritmo más acelerado.

El ex pololo no se presentó a la cita de junio, tampoco lo hizo a la segunda convocatoria de agosto ni en la tercera que se agendó para el 23 de septiembre. Ese día el juez Pedro Rojas decidió decretar una orden de detención en su contra, que se concretó al día siguiente, pero fue puesto en libertad tras la audiencia de control de detención. Los familiares lo consideraron una“insólita” decisión que luego fue apelada por la Fiscalía.

El 8 de octubre, la Corte de Apelaciones de La Serena resolvió revocar esa decisión y decretó prisión preventiva para Espinoza “por estimar que su libertad constituye un peligro para la seguridad de la sociedad”. El juez emitió una nueva orden de detención que llevó al ex pololo de Daniela a ingresar a la prisión de Huachalalume de La Serena el pasado 11 de octubre. Según el abogado Moya, por los delitos que se le imputan y sus antecedentes, de ser declarado culpable podría ser condenado a entre 5 a 10 años de cárcel.

Sea cual sea el desenlace final del caso, la muerte de Daniela Reyes estuvo cruzada por una historia de violencia de género en la que su ex pareja la sometió a maltratos y agresiones de distinto tipo. Incluso hasta el punto, quizás, de llevarla a intoxicarse con veneno como forma de manifestar la desesperación y el sufrimiento. Sea por los golpes o por intoxicación, el fallecimiento de la joven serenense no deja de ser producto de otra vida desgarrada por la violencia machista que exige justicia. 

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