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Doctora en educación: “No porque eliminemos la calificación numérica vamos a dejar de evaluar”

Por: Nico Romero / Publicado: 16.10.2019
clase - aula - colegio / Imagen referencial / Pixnio
La directora responsable del Centro de Estudios en Evaluación Educativa de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Teresa Florez, explicó cómo se ha abordado este cambio en los establecimientos que pertenecen a la red de esa casa de estudios.

La Comisión de Educación del Senado aprobó en general el proyecto que busca eliminar las notas del 1 al 7 hasta cuarto básico, para reemplazarlas por otras formas de medición, a principios del mes de septiembre.

Según los impulsores del proyecto, la idea es evitar el agobio escolar de las niñas y niños y también la competencia entre ellos.

El proyecto cuenta con el respaldo de todos los sectores y partidos políticos. Al igual que sus patrocinadores, que son de oposición y oficialistas: Jaime Quintana (PPD), Yasna Provoste (DC), Francisco Chahuán (RN) y Manuel José Ossandón (RN).

Hoy, en el día del profesor en Chile, la doctora en Educación de la Universidad de Oxford e Investigadora Asociada del Oxford University Centre for Educational Assessment, Teresa Florez, participó en la comisión dónde se debatió el proyecto.

En entrevista con El Desconcierto, la también directora responsable del Centro de Estudios en Evaluación Educativa de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, explicó cómo se ha abordado este cambio en los establecimientos que pertenecen a la red de esa casa de estudios. Se trata del Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado de Chillán, el Colegio Inglés de Talca, el Colegio Humberstone de Iquique, el Colegio Artístico Santa Teresa de Machalí, el Colegio Alessandri de Curicó y el Colegio Divino Maestro de Pichilemu, además del Liceo Experimental Artístico Manuel de Salas.

-¿Por qué es importante que se eliminen las notas numéricas hasta cuarto básico? 

-La investigación, desde los años 60′ hasta ahora, ha subrayado la forma en que la calificación y la evaluación por norma, que rankea a los estudiantes por puntaje, genera comparaciones entre los estudiantes, una cultura competitiva, donde los estudiantes se frustran y se desmotivan porque solamente reciben un resultado y no reciben información sobre su aprendizaje. Además empiezan a generar una cultura del valor de cambio. Empiezan a actuar por lo que van a obtener y no por el valor del aprendizaje como tal. Entonces, el aprendizaje se distorsiona y algunos autores señalan que este tipo de cultura evaluativa lo que genera es aprendizaje superficial para la prueba, para el hito, para que me vaya bien, en lugar de generar aprendizaje profundo, donde los estudiantes se comprometen por el gusto de aprender. Hay razones emocionales y pedagógicas que fundamentan el cambio.

-¿Cómo surgió el proyecto?

-Un punto de partida ha sido profesores de primero y segundo básico yendo a observar la experiencia de educación parvularia, dándose cuenta del tránsito brutal al que sometían a los niños de parvularia a primero básico. Cambiaban completamente la lógica de cómo se manejan los tiempos, el disfrute del aprendizaje, los ritmos. Y uno de los temas que vieron que era distinto era la calificación. Uno de los puntos de partida de varios colegios ha sido esa experiencia con educación parvularia. La otra experiencia que han tenido, es porque son establecimientos que tienen búsquedas alternativas en la didáctica. Varios de ellos tienen modelos de aprendizaje basados en proyectos, o son colegios artísticos o experimentales, pero cuando empiezan a innovar en la didáctica la evaluación se les queda corta. La evaluación más tradicional y con calificación, les resulta incoherente con la mirada más alternativa que están proponiendo en lo didáctico. En términos de experiencia internacional, la referencia que yo más conozco de evaluación sin nota son los países escandinavos donde las notas están prohibidas hasta los 14 años. Eso por un sentido político, trabajando con colegas de Noruega, me explicaban que no quieren generar en los niños la idea de que soy mejor o peor que alguien. Y también en un sentido pedagógico, de favorecer el disfrute por el aprendizaje como tal y al ritmo de cada uno.

-¿Por qué para el Programa Transversal de Educación es importante trabajar hacia estos proyectos?

-La relación entre la academia y las escuelas se tiene que ir reformulando. Llevamos muchos años en esta lógica de la academia es la que sabe y la escuela es la que implementa. Creo que uno de los valores de la forma en que la estamos trabajando desde el Programa Transversal de Educación y desde la Universidad de Chile con las escuelas, tiene que ver precisamente con horizontalizar. Hemos planteado este proyecto no como una capacitación ni formación, sino que como un diálogo de saberes donde nosotros como universidad nos nutrimos de la experimentación en la práctica que hacen las y los profesores y nosotros aportamos con ciertos referentes teóricos que le van dando más sistematicidad a lo que están haciendo. La importancia desde el Programa Transversal de Educación tiene que ver con replantear la relación entre universidad y escuela, en el sentido de coconstrucción de proyectos y conocimiento que promueva la innovación.

-¿Por qué es positivo que se mute hacia lo cualitativo vs lo cuantitativo?

-Evaluar y calificar son dos cosas distintas. No porque dejemos la calificación numérica vamos a dejar de evaluar. Lo que significa evaluar, es ir estableciendo juicios sobre la base de evidencia de trabajo de los estudiantes, en cómo va el aprendizaje de ellos. Hay que describir esos aprendizajes tanto en términos de criterios de evaluación muy claros y que nos pongan un norte. Pero la nota no es la evaluación, la evaluación es una habilidad que los docentes aplican permanentemente para ir mirando qué es lo que están aprendiendo los estudiantes. Desde esta mirada más cualitativa, de hecho, los apoderados van a recibir más información. Lo que hacen en el caso del Manuel de Salas, por ejemplo, ellos reciben reportes periódicos asociados a ciertos criterios de evaluación, por ejemplo en lectura y la descripción de un aprendizaje en lectura y se les informa en qué estado de logro va ese aprendizaje.

-¿Cómo beneficia esto en términos cotidianos la relación entre los alumnos?

-La experiencia de los estudiantes es positiva. Por una parte no sienten la ansiedad ni la presión que se genera en una cultura donde tenemos tal día la prueba. Cada estudiante va aprendiendo por medio de actividades de evaluación permanente pero sin nota. Va aprendiendo a su ritmo, además las conversaciones en la casa se modifican. Los estudiantes ya no se les pregunta qué nota se sacaron, sino que qué es lo que aprendieron. Entonces ellos empiezan a tener una idea más colaborativa, porque entienden que todos sus compañeros y compañeras pueden aprender y van a llegar a aprender. No hay esa sensación de frustración de lo logré o no lo logré, me fue bien, me fue mal. Es una relación más positiva con el aprendizaje que tiene el potencial de incidir en su actitud con el aprendizaje para toda la vida.

-Con respecto al proyecto de ley, ¿qué aspectos deberían considerarse?

-Muchas veces las políticas se limitan a instalar un cambio en una legislación pero no evalúan lo que implica ese cambio. Lo que significa cambiar la cultura evaluativa es cambiar de enfoque. No es llegar y sacar las notas. Porque eso puede generar mucha resistencia en comunidades que están acostumbradas hace mucho rato a la nota. Si no se educa a los papás, si no se hacen procesos de desarrollo profesional docente que ayuden a entender la lógica de este cambio de enfoque, puede que la ley se tense. La propuesta del cambio legal debiera venir acompañada de una política de, por ejemplo, cierta cantidad de años en la que ese proyecto se va a ir implementando, para lograr que de verdad haya un cambio de sentido y no un cambio cosmético en que pasamos de números a conceptos. Esto en realidad significa resignificar la forma en que se entiende el aprendizaje, la evaluación, o sea, algo mucho más profundo. Y eso necesita tiempo.

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