Opinión

La dicotomía Ahorro-Reparto

Por: Andrés Argandoña Besoain / Publicado: 18.10.2019
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Existe una falsa dicotomía capitalización-solidaridad, y perfectamente puede existir un sistema donde exista capitalización, pero ésta sea colectiva. La crítica de la insustentabilidad se elimina si se sugiere que exista exactamente el mismo ahorro y exactamente la misma repartición de recursos, pero incluyendo un elemento solidario que permita disminuir la brecha de las pensiones más altas con las más bajas (fiel reflejo de la estructura salarial del país); la importancia en el sistema de reparto es su factor solidario y no la distribución inmediata de las cotizaciones.

El debate actual sobre la reforma al sistema de pensiones chileno se refiere principalmente a la disputa entre dos modelos contrapuestos: La “capitalización individual”, defendida por el pensamiento económico liberal, en el cual (en su caso ideal) cada individuo ahorra a lo largo de su vida cierta cantidad determinada de recursos y finalmente, al momento de la jubilación, recibe una cuota mensual proporcional al monto que logró conseguir por su cuenta; y por otro lado, el sistema de “reparto”, respaldado por el sector más progresista, el cual (también en su forma ideal) supone un reparto entre todos los jubilados de pensiones provenientes de las cotizaciones realizadas por los trabajadores activos en ese momento, incluyendo un factor solidario que favorezca a quienes cotizaron menos durante su vida, debido a sus menores sueldos y/o precariedad en su situación laboral.

El principal argumento de quienes defienden la superioridad del modelo de capitalización individual no ataca el factor de la solidaridad, sino que refiere principalmente a la insustentabilidad del modelo de reparto, derivado de un envejecimiento continuo y creciente de la población y la baja tasa de natalidad actual del país, lo que deriva en que el sector activo de la población, en constante disminución, debe sostener al sector ya jubilado, el cual va en constante aumento, eventualmente llevando el sistema a un colapso.

Lo anterior tiene sentido; sin embargo, existe un supuesto que se ha mantenido silenciado en este debate, el que ha permitido al sector conservador mantener esta crítica con una feble resistencia de parte de sus adversarios en el marco del debate público. Este supuesto considera que  un sistema solidario tiene como única opción el reparto inmediato, en contraposición de lo que ocurre con la capitalización individual; es decir, en un modelo se ahorra y en el otro no, lo que hace que uno sea sustentable y el otro no lo sea.

Pero ¿tiene esto que ser así? No necesariamente. La palabra “reparto”, si bien hace referencia a un sistema en el que la gran mayoría de los recursos no se capitalizan, principalmente tiene su atractivo en que sugiere un sistema solidario, que disminuya la enorme brecha económica existente en nuestra sociedad.

Existe una falsa dicotomía capitalización-solidaridad, y perfectamente puede existir un sistema donde exista capitalización, pero ésta sea colectiva. La crítica de la insustentabilidad se elimina si se sugiere que exista exactamente el mismo ahorro y exactamente la misma repartición de recursos, pero incluyendo un elemento solidario que permita disminuir la brecha de las pensiones más altas con las más bajas (fiel reflejo de la estructura salarial del país); la importancia en el sistema de reparto es su factor solidario y no la distribución inmediata de las cotizaciones. Esta suposición parece sencilla, pero ha permanecido oculta en el debate sobre la factibilidad de un modelo de pensiones solidario y no ha permitido llevar el debate a su componente más importante, el cual es moral y debiese abordar si queremos o no ser solidarios al momento de jubilarnos.

Si quienes cotizan siguen haciéndolo de la misma manera y el dinero repartido por las administradoras (sean estas AFP o cualquier otro tipo de organismo) es también el mismo (solamente con el cambio de una repartición solidaria), no aparece el problema de sustentabilidad. A este sistema se le llama en la literatura “sistema de ahorro colectivo”; un grupo pequeño ya no debe sustentar a un grupo mayor, sino que cada generación se sustenta a sí misma, eliminando el problema de “la pirámide invertida” o la desproporción, pero abordando el elemento de la solidaridad. Es decir, existe una alternativa “colectiva” que no lleva a una crisis de recursos.

Andrés Argandoña Besoain
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