Opinión

A la Superficie: 18 de octubre de 2019

Por: Rodrigo Karmy Bolton / Publicado: 19.10.2019
plaza italia / Foto: Agencia Uno
La distribución escénica de “plaza Italia” es intensiva: la protesta del viernes 18 de Octubre del año 2019 la expuso como una verdadera arquitectura del poder. Una protesta que venía forjándose silenciosa en los subterráneos del Metro y que encontró en el alza del pasaje su encendido inicial: el alza del pasaje, que en los últimos diez años ha subido exponencialmente, no es un asunto simplemente “económico”, sino un problema territorial de carácter “político”: se trata de conquistar o no el subterráneo, de dejar que el poder empresarial-militar ingrese o no a los calabozos en los que el pueblo (ese que está ausente de la Constitución actualmente vigente) sigue prisionero. El alza de pasaje es una medida que conquista territorio subterráneo y a la que el pueblo, en lo poco y nada que tiene, no está dispuesta a ceder.

La transformación de Chile en el paraíso de la razón neoliberal se expresa en una imagen: plaza Italia. Ella condensa la arquitectura del poder en Chile: en la cima los grandes empresarios con el edificio de Telefónica como su monumento monstruoso; en el medio, los militares con la estatua del General Baquedano en el centro de la circunvalación y abajo, en los calabozos de la invisibilidad: la ciudadanía que transita silenciosa en los sudorosos subterráneos del Metro. Empresarios, militares y ciudadanos, he aquí la distribución del poder que plaza Italia escenifica monumental y arquitectónicamente. Pero plaza Italia lleva consigo un secreto: la “plaza” a la que el pueblo se refiere como “Italia” no coincide con el nombre oficial.

Formalmente, esa plaza, apostada con Baquedano en su centro se llama “plaza Baquedano”. “Plaza Italia” es, en rigor, una pequeña plaza situada al costado norte del monumento al general, a menos de una cuadra donde comienza el Parque Forestal. Hay una incoincidencia entre nombre y lugar, diferencia que no resulta casual, sino el testimonio de una guerra civil silenciosa que la potencia popular ha desatado por años contra el poder empresarial-militar. Semejante situación se replica con la enorme vía conocida como la  “Alameda”: si la dictadura le impuso el nombre de “avda. Libertador Bernardo O´Higgins” la potencia popular conservó el nombre republicano que el propio Allende defendió mientras moría con La Moneda incendiada por el poder empresarial-militar que se exhibe pornográficamente en la monumentalidad de una plaza que, sin embargo, no le pertenece.

La distribución escénica de “plaza Italia” es intensiva: la protesta del viernes 18 de Octubre del año 2019 la expuso como una verdadera arquitectura del poder. Una protesta que venía forjándose silenciosa en los subterráneos del Metro y que encontró en el alza del pasaje su encendido inicial: el alza del pasaje, que en los últimos diez años ha subido exponencialmente, no es un asunto simplemente “económico”, sino un problema territorial de carácter “político”: se trata de conquistar o no el subterráneo, de dejar que el poder empresarial-militar ingrese o no a los calabozos en los que el pueblo (ese que está ausente de la Constitución actualmente vigente) sigue prisionero. El alza de pasaje es una medida que conquista territorio subterráneo y a la que el pueblo, en lo poco y nada que tiene, no está dispuesta a ceder.

No sólo el poder es dueño del cielo (edificio empresarial de Telefónica) y de todo su universo inmaterial (discurso, comunicación, etc.), no sólo es dueño de la tierra (monumento al general Baquedano) con todo su armatoste material (armas, casas, cuerpos), también ahora pretende penetrar más allá y apropiarse del oscuro mundo subterráneo. El capitalismo “intensivo” consiste en que no se expande hacia un “exterior” por conquistar, sino hacia los niveles capilares e “interiores” para gobernar. El alza del pasaje es una medida “intensiva” porque penetra en la dimensión “capilar” condicionando la superficie de los cuerpos e invadiendo el propio calabozo al que el pueblo fue condenado desde la dictadura: el Metro.

Podemos leer el conjunto de revueltas que han sobrevenido como una rebelión de los presos que, de estar condenados en los subterráneos de la ciudad, han podido salir a la superficie. Desde los calabozos a la vida civil, de circular al interior de la cárcel del Metro cotidiana y mecánicamente, a un regreso a las calles en que la luz pública ilumina rostros –como los indios durante la Colonia- a los que el poder no siente mas que terror: son los hijos de un Chile que ha vivido en la invisibilidad, en la oscuridad, en un silencio impuesto por la bota militar y la violencia policial. Quien vive en el calabozo no tiene derecho a hablar, no tiene posibilidad de votar, no es un ciudadano, sino lisa y llanamente, un prisionero: el 18 de Octubre, día en que la protesta pasó del subterráneo a la superficie, el día de la liberación de los presos en que estalló la imaginación popular y las calles, nuevamente, encontraron un nuevo nombre para la justicia: grandes alamedas.

Rodrigo Karmy Bolton
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