Opinión

¿Aquí no ha pasado nada?

Por: Loreto López G. / Publicado: 22.10.2019
foto fabian / Foto: Fabian Vargas
Como el gobierno insistirá en sus balances cargados a la violencia que les interesa (la de la guerra ficticia), minimizando la acción policial y militar sobre civiles. Se van a requerir informes paralelos liderados por organizaciones que cuentan con la legitimidad para hacerlos, como se hacía en dictadura. Y de todas y todos depende que el recuerdo de este octubre persiga a quienes quieren forzar la normalidad bajo las reglas del Estado de emergencia y el toque de queda, y al retorno de la tensa calma del modelo de abuso y desigualdad. ¿Aquí no ha pasado nada?, está pasando de todo!

Mientras las redes sociales nos inundan con imágenes y videos de festivos y masivos caceroleos, junto a la violencia policial y militar que ya deja muertos y heridos, y que contrastan con las que vemos en la televisión enfocadas en saqueos e incendios, el gobierno mantiene un discurso propio de quien padece doble personalidad. Por una parte, los ministros del Interior y Defensa profieren arengas centradas en el vandalismo y la delincuencia ante la oleada de manifestaciones y protestas desatadas desde el lunes pasado ante el alza del metro, donde la guinda de la torta fue el comunicado del presidente el domingo por la noche acusando un plan de violencia organizada, que nos enfrenta a una guerra, muy al estilo Bush 2001. Por otra, la Ministra de Educación junto a otras autoridades tratan de forzarnos a la normalidad.

Que todo transcurra con la mayor normalidad posible. Es como un deja vú retórico de los tiempos de la dictadura, donde muertes, desapariciones, detenciones, apaleos y hambre, transcurrían bajo un halo de normalidad. Entonces derechamente se decía que nada de eso ocurría, sólo habían “violentistas”, “subversión” enemiga. Como antes, hoy el propio gobierno reconoce la presencia de esos mismos enemigos, pero las redes se encargan del contrapunto, y aun así insisten en la normalidad.

¿Quieren salir pronto de esta emergencia en cuyo escalamiento ellos mismos han participado? Pareciera que sí. Pero quieren hacerlo sin costos, como si nada hubiera pasado (algunos pensarán que el congelamiento del alza del pasaje anunciado por el presidente es una cesión, a estas alturas eso ya es anecdótico). Los duros del gobierno, los extremistas, los terroristas se han tomado palacio, y seguramente arrinconan a quienes promovieron medidas distintas a las tomadas. Estas últimas personas tienen una responsabilidad y deben disentir públicamente con la conducción asumida por este gobierno kamikaze. Esas personas no pueden hacer como si nada ocurriera. Es ahora cuando se necesita que den un paso al frente, porque la obsecuencia y el silencio es también una forma de apoyar, ya no sólo los discursos, sino las acciones violentistas del presidente y de quienes lo llevan a la pira funeraria.

Los y las trabajadores del Metro han llamado a no prestarse para el juego del gobierno que ahora clama normalidad a costa de la seguridad de esas personas. El gobierno debe sacar cuentas alegres, en cualquier caso: si hay nuevas acciones de vandalismo con consecuencias para la integridad física de trabajadores, bien, porque alimentan su imaginario de guerra; si no las hay, bien, porque quedan como héroes que lograron en dos días pasar del anunciado “cierre indefinido de estaciones” a la recuperación de la Línea 1. Todo suma.

La Intendenta de la región Metropolitana insiste en la normalidad y anuncia cómo varios Municipios han puesto a disposición buses para el traslado de personas, los taxistas cobrarán sólo el gasto del petróleo (¿?), supongo que esos son los “chilenos de buena voluntad” en los que tanto insiste el o la escritora de discursos del presidente, para señalar implícitamente que los de mala voluntad son todos los que se conforman con las migajas de “tiempos mejores” que ofrece su patrón (es como el asesor o asesora que le recomendó a Cubillos y Rubilar hablar de “nuestros niños” para disminuir discursivamente la brecha entre ellas y la ciudadanía de a pie).

Si esto amaina, luego vendrá la retórica de “dar vuelta la página”, la conocemos de sobra, casi 30 años con la misma canción. Pero ahora no será tan fácil seguir insistiendo con el “aquí no ha pasado nada”. Observadores de DDHH, los propios registros en las redes y la justicia que gracias al recambio generacional cada vez está menos cooptada por el Ejecutivo, no contribuirán a mover la página. La expresión “violencia institucional” ya es parte del vocabulario del Ministerio Público, esperen y verán.

Como el gobierno insistirá en sus balances cargados a la violencia que les interesa (la de la guerra ficticia), minimizando la acción policial y militar sobre civiles. Se van a requerir informes paralelos liderados por organizaciones que cuentan con la legitimidad para hacerlos, como se hacía en dictadura. Y de todas y todos depende que el recuerdo de este octubre persiga a quienes quieren forzar la normalidad bajo las reglas del Estado de emergencia y el toque de queda, y al retorno de la tensa calma del modelo de abuso y desigualdad. ¿Aquí no ha pasado nada?, está pasando de todo!

Loreto López G.
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