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Los sumarios que marcan el historial de Osvaldo Carrasco Ruiz, el polémico director (s) de la ex Posta Central en tiempos de protestas

Por: Diego Alonso Bravo C. / Publicado: 24.10.2019
El doctor Luis Osvaldo Carrasco Ruiz. / Fuente: Servicio de Salud Metropolitano. / El doctor Luis Osvaldo Carrasco Ruiz. / Fuente: Servicio de Salud Metropolitano.
Puesto en ese cargo por el Servicio de Salud Metropolitano Central, su misión era la de mejorar la eficacia del Hospital de Urgencias Asistencia Pública (HUAP). Pero las cosas en el país se salieron de control y lo que hizo fue impedir las visitas a las víctimas de las revueltas, además del Instituto Nacional de Derechos Humanos el lunes pasado. El Desconcierto conoció dos sumarios que cuestionan severamente las competencias para que esté allí. Y más aún en momentos álgidos como los actuales.

La indignación del doctor Patricio Barría se notaba en su voz. Fue el lunes 21 de octubre, cerca de las seis de la tarde, que salió del Hospital de Urgencias Asistencia Pública (HUAP, ex Postaa Central) para decirle a un grupo de personas que molestaran con él, que exigieran que los dejaran entrar, que eso que estaba pasando era injusto, incluso que iba más allá de sus derechos como familiares de los pacientes. Dijo: “Hay al menos cinco heridos con perdigones allá adentro, algunos con heridas en los ojos, y no los están dejando entrar”. 

La orden de prohibición vino directamente del director subrogante del hospital, el doctor Luis Osvaldo Carrasco Ruiz. Fue quien les avisó a los guardias que no dejaran pasar a nadie más. Más tarde, la orden se volvió más drástica: las rejas de la ex Posta Central se cerraron. El toque de queda en el tercer día de protestas masivas en todo el país había comenzado y las órdenes de Carrasco restringían aún más a las personas: con el acceso limitado, solo podían entrar las ambulancias; o sea que los que llegaban de forma particular, ya fuera en auto o caminando, no tenían cómo ingresar.

Los funcionarios sabían que las decisiones del director eran al menos cuestionables. Lo conocían del anterior periodo del Presidente Sebastián Piñera, más particularmente de los años 2012 y 2013, cuando hizo de subdirector médico del centro de atención de urgencias más grande de la Región Metropolitana. El mismo doctor Patricio Barría lo recuerda así: “En ese entonces se desarmó una gran cantidad de equipos clínicos, hubo renuncias masivas de equipos médicos de la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), de intermedio, expulsión de médicos de medicina interna, de médicos de cirugía, remoción de médicos funcionarios de turno. También hubo una gran cantidad de acoso laboral que lamentablemente no fue denunciado posteriormente. Si un hospital pierde un equipo médico, puede demorar años en reformarse. Y los que más pierden son las personas”.

Cuando Barría supo de la restricción de ingreso de familiares y pacientes, alertó a las abogadas del HUAP. Los mismos familiares de las víctimas de los perdigones comenzaron a aglutinarse en las afueras del hospital al anochecer. Fue ahí cuando llamaron a Sergio Micco, director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH).

Al rato, Micco llegó con su equipo y la situación fue la misma. E incluso más: había orden explícita de no dejar entrar al INDH. La traba se resolvió cuando llegó el juez Daniel Urrutia, del Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago.

Entonces fue que las cadenas de la entrada se cortaron.

Micco preguntó por Carrasco y ninguno de los que le contestó sabía nada. El juez Urrutia también hizo la pregunta, y la respuesta fue la misma. Algunas funcionarias dijeron que no estaba, que se había ido; pero otros varios —consultados por El Desconcierto— aseguran que estaba adentro, escondido.

El caos en Santiago era el mismo que el de los días anteriores y posteriores. Heridas por perdigones eran las atenciones más habituales; después estaban los que llegaban golpeados por las Fuerzas de Orden. Una fuente del hospital dice: “Es absolutamente ilegal, y menos en un contexto de estado de catástrofe o emergencia cerrar un hospital de urgencia”.

El estado actual dentro del HUAP es que es igual de riesgoso atenderse allí que no hacerlo, al menos desde un punto de vista administrativo. Y la historia de Luis Osvaldo Carrasco Ruiz, el director subrogante, refuerza esa idea.

* * *

Médico cirujano de la Universidad de Concepción, especialista en cirugía digestiva y más de 40 años en el servicio público, Luis Osvaldo Carrasco Ruiz ejerció como jefe de servicio de cirugía y subdirector médico en la ex Posta Central. Antes, durante la dictadura militar, fue subdirector médico y jefe de cirugía del Hospital de Carabineros. Algo de lo que aún sus subalternos no saben con mayor detalle.

De lo que sí saben es precisamente de su paso en la jefatura del establecimiento que hoy encabeza. No tanto por lo que dice u omite en su hoja de vida, sino por los recuerdos de los que llevan más tiempo trabajando allí.

Una antigua jefa de cirugía, por ejemplo, contaba que hace ya varios años, cuando el doctor Carrasco estaba a cargo de los de turno en el hospital, llegaba herido algún “delincuente común” y él no lo operaba. Entonces, la misma jefa intervenía a escondidas y él ni siquiera se interesaba en averiguar. Era una suerte de clasismo, o al menos así lo identifican ellos, los funcionarios.

En 2018, Carrasco Ruiz asumió como subdirector de gestión asistencial subrogante del Servicio de Salud Metropolitano Central. Ascendió pronto a subdirector médico del mismo Servicio, lo que lo dejaba como jefatura directa de Pedro Belaunde, su predecesor en la ex Posta. 

“El doctor Belaunde fue elegido por mecanismo institucional, (que es la) Alta Dirección Pública. La persona que llega a ser intervendor del Hospital fue la jefatura directa del doctor Belaunde en el periodo anterior. Entonces, como jefatura directa, ¿no tiene responsabilidad en los malos resultados que aduce?”, señala el doctor Barría. 

A fines de septiembre se produjo el cambio. Los argumentos fueron que “las recaudaciones 2019 de ingresos propios llegaron solo a un 21,8%, siendo estas menores a las de 2018 y estando muy por debajo del 70% o más, que exige el Ministerio de Salud”, según precisó en su momento La Tercera. Además, en la misma nota se señala que los pacientes esperaron más de 12 horas en la Unidad de Emergencia Hospitalaria. El objetivo de la intervención de Carrasco Ruiz, en concreto, es “el levantamiento de las causas que mantienen el centro asistencial con bajos indicadores y la elaboración de un plan inmediato de optimización”. 

Los factores con los que se mide la eficiencia de un centro hospitalario son, entre otros, la cantidad de camas disponibles y el tiempo que las personas usan esas camas, sea cual sea el nivel médico que requiera. Bajo esa lógica de productividad para con las personas (números, no dolientes) fue que en el anterior gobierno de Piñera se redujeron las listas de espera.

En cuanto Carrasco llegó, les dijo a los funcionarios de cargos medios que lo suyo iban a ser tres meses de acompañamiento. “Pero su mejora es que ha empezado a remover jefes de servicio, y precisamente de aquellos servicios que no tienen problemas de gestión”, precisa Barría. 

En la semana anterior al proceso de desobediencia civil, Carrasco Ruiz desvinculó al doctor Ernesto Chachón, anestesista y creador del Centro de Simulación Público, una instancia de capacitación en el área médica para trabajadores del sector. A él se sumó también la remoción de Ana María Pacheco, jefa de cirugía especialista en politraumatizados. “Me cuesta creer que van a recibir la atención que requieran. El jefe que viene ahora no es especialista en politraumatizados”, agrega el doctor Patricio Barría.

Pese a todo, lo inexplicable está en los altos puestos que alcanzó el doctor Luis Osvaldo Carrasco con dos graves sumarios a cuestas y una puntuación baja en su evaluación. 

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El primero de los sumarios a los que accedió El Desconcierto (hecho por el equipo interno del Hospital) aborda una situación ocurrida en 7 de febrero de 2007.

Dos pacientes ingresaron al Hospital de Urgencia Asistencia Pública; uno a las 23:19 y otro a las 01:02, ambos con intensos dolores de apendicitis aguda. Fueron hospitalizados a las 02:51 y 03:44, respectivamente. Es decir, hubo una demora de cerca de 3 horas para la atención. La doctora Estrella Rodríguez, internista del segundo turno, le informó al primer ayudante de cirugía de entonces, el doctor Carrasco Ruiz, quien era el encargado de hacer la evaluación de los pacientes para su hospitalización.

La doctora Rodríguez en el sumario indicó que no habían camas disponibles en el recinto, además de no haber visto al doctor Carrasco evaluando a los pacientes y, por ende, cumpliendo con su responsabilidad. 

La enfermera de turno, Norma Rodríguez, recibió la orden de la doctora Estrella Rodríguez de informar a Carrasco. Cuando pudo contactarlo, el actual director subrogante derivó la evaluación al doctor Paulo Portalier, quien en la declaración del sumario señaló que “un paciente con un abdomen agudo hospitalizado en el servicio de urgencia, por falta de camas en el servicio, debe ser evaluado, definir conducta y su urgencia, por el primer ayudante de arriba”. Pero ni Portalier hizo la evaluación del primer ayudante de cirugía, ni Carrasco, que debía cumplir ese rol, se comunicó con Portalier (según los testimonios de ambos).

“Se agotaron los medios para procurar camas”, señaló en su declaración el doctor Carrasco. Además se lee en el sumario: “El Dr. Carrasco no recuerda haber contactado al Dr. Portalier para que evaluara las pacientes hospitalizadas, no recuerda la hora que se retiró a descansar ni recuerda si dio aviso a su jefe de turno de las dos pacientes hospitalizadas”.

Si bien la situación no determinó un desenlace fatal, el sumario fue categórico: el actuar de Carrasco tuvo cierto grado de “irresponsabilidad y desidia” al no intervenir “oportunamente a pacientes ingresadas con cuadros de urgencia”. Se le responsabilizó entonces de “no concurrir a evaluar a pacientes ingresados al Hospital”; “no cumplir con la función del HUAP, cual es, intervenir oportunamente a los pacientes ingresados con cuadros de urgencia” y “no cumplir con la labor encomendad de 1ere. Ayudante del Turno, al no definir conductas respecto de pacientes quirúrgicos de urgencia”.

Un refuerzo al argumento contra Carrasco fue la revisión de su hoja de vida, la que considera: “Nota de demérito solicitada por el jefe de emergencia; medida disciplinaria de multa de 20% remuneración mensual” (consecuencia de sumario administrativo por abandono de pabellón antes de concluir una intervención quirúrgica en la que actuaba como primer cirujano); (poseer) “habilidades técnicas limitadas, no destacar por su responsabilidad frente al enfermo”; y una calificación de 90 puntos en año 2004, 85 en 2005 y 100 en 2006 (en una escala de 105, donde, según Barría, 101 es el mínimo para participar de un puesto administrativo al ser considerado “idoneo”). 

Por todo, se determinó una “multa de 20% de su remuneración mensual”.

El segundo sumario (hecho por la Superintendencia de Salud, órgano fiscalizador del ministerio homónimo) es más reciente: una resolución de febrero de 2018 sobre hechos ocurridos en 28 septiembre de 2013.

El hijo de Nancy Arias llegó hasta la ex Posta Central luego de haber sido atropellado en la vía pública. El diagnóstico era TEC complicado, además de sangrados en el cerebro (todas lesiones graves, según el sumario), lo que derivó en una hospitalización.

Al día siguiente, cuando el joven recuperó el conocimiento, llamó a su madre. Ese mismo día el neurocirujano Enrique Hess indicó la hospitalización del paciente por al menos dos días. Lo extraño fue que la misma tarde de ese fatídico domingo la llamaron del hospital para comunicarle el alta.

Cuando llegó al HUAP, funcionarios le dijeron que el alta había sido otorgada por el subdirector médico del hospital, doctor Osvaldo Carrasco Ruiz: “Su hijo no tiene nada, puede irse a su casa”, le dijo el profesional. 

El 30 de septiembre, el hijo de Nancy tuvo fuertes dolores de cabeza, vómitos y poca estabilidad física. Fueron, entonces, al Hospital San José, quienes tras los exámenes lo derivaron al Instituto de Neurocirugía. Solamente allí constataron un “foco hemorrágico contuso frontal derecho expansivo”. Es decir, tenía sangre en el cerebro. 

El sumario señala que “el prestador omitió información oportuna y comprensible, al no darse por escrito las indicaciones médicas (…) Entregando solo un carnet de alta, el cual es poco legible la letra, además de no contar con timbre y datos del médico responsable del alta”. Agrega, además, que Carrasco “no proporcionó atención de calidad”. Por último, sin ser neurocirujano, y habiendo sido el hijo de Nancy evaluado por especialistas, el director subrogante “desconoció por completo la opinión de tres neurocirujanos”.

Por cierto, “no fue posible establecer (señala el sumario) el momento en que se le indicó el alta al paciente, ya que no existe registro de ello en la ficha clínica, situación que forma parte del sumario administrativo en curso”.

La resolución de la superintendencia fue que se le realizara un sumario administrativo a Carrasco. Pero fue imposible: al momento de resolver, el doctor trabajaba en el Hospital San Borja Arriaran.

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El Servicio de Salud Metropolitano Central fue contactado para este reportaje. Desde la institución precisaron que lo que actualmente hace Osvaldo Carrasco Ruiz es un acompañamiento en la subrogancia de la dirección, al menos hasta la normalización del servicio en cuanto a uso de camas, eficiencia e insumos (esto último fue la razón por la que le solicitaron la renuncia al doctor Pedro Belaunde). No obstante, y pese a haber cumplido a través de los canales formales de solicitud de información, no se refirieron ni a su hoja de vida, ni a los sumarios, ni tampoco a las razones tras la decisión de dejarlo a cargo del hospital.

El Desconcierto intentó tomar contacto con el mismo doctor Carrasco, pero este no contestó nuestros llamados.

El doctor Patricio Barría fue contactado para este reportaje antes de que el doctor Osvaldo Carrasco Ruiz le negara el ingreso al HUAP a los familiares de los heridos y a los de INDH. Sobre los alcances de las decisiones de alta prematura, señaló que es difícil saberlo por lo burocrático de las quejas y “porque si te atienden mal en un hospital, no vuelves a ir a ese”. 

Consultado sobre los riesgos que corren los pacientes con una persona con estos antecedentes a la cabeza de la ex Posta, Barría dijo entonces: “Empeora la salud de ellos (las personas), comprometiendo la salud de urgencia de la Posta Central; quienes pierden son las personas”. 

Puedes revisar aquí los sumarios

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