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Soldado conscripto que terminó con crisis de pánico tras negarse a patrullar: “Yo no soy un asesino”

Por: Gonzalo Espinoza / Publicado: 29.10.2019
A_UNO_1122435 / Foto: Agencia Uno
Luego de pasar frente a la estación Freire durante el Estado de Emergencia, Yeimy Riffo (19) le dijo a sus superiores que no quería estar en la calle. El Desconcierto conversó con el soldado que fue enviado de urgencia al Hospital Militar. "La mayoría de los conscriptos tiene miedo y no piensa igual. Además, sabemos lo que está pidiendo el pueblo y está bien", explica.

En marzo de este año, Yeimy Riffo (19) se presentó ante una asistente social para presentar sus papeles para no hacer el servicio militar. Sus planes eran otros: quería terminar cuarto medio, dar la PSU y entrar a estudiar pedagogía para ser profesor de filosofía. A pesar de mostrar sus documentos de estudios y exámenes que demostraban que tenía escoliosis grado 7, le dijeron que tenía que ingresar de todos modos a la institución castrense debido a que había falta de personal.

Entró obligado a hacer el servicio en la Escuela de Infantería de San Bernardo en abril. Al poco tiempo, se dio cuenta de que todas las cosas que se mostraban en la publicidad eran mentira. Según su visión, es como entrar a una “guerra falsa. Acá nunca te dicen soldado. Te dicen ‘pelao culiao’, ‘cagá’, ‘basura’. Eso te hace mal porque daña tu autoestima”, afirma.

A mí me sacaron del colegio donde escribía y estudiaba. Me llevaron a un lugar donde me pasaron un fusil. Es un cambio radical. Eso le afecta a muchos acá, no solo a mí“, agrega.

Luego de estar dos meses en campaña y de ser golpeado con baquetillas, pensó en desertar. Cuando llegó a su casa conversó con su madre. Ella habló con abogados y todos le recomendaron no abandonar el Ejército debido a que iba a quedar con antecedentes penales. Le dio miedo y decidió quedarse hasta marzo del 2020. Sin embargo, nunca se imaginó lo que iba a pasar meses después.

Cuando se declaró el Estado de Emergencia el pasado viernes 18 de octubre, tuvo que acuartelarse y se le asignó una patrulla para ir a defender el orden en las calles. Le tocó ir a la estación de Metrotren Freire, que queda cerca de la Escuela de Infantería.

Sus superiores, a los cuales ubica dentro del espectro de la extrema derecha, le dijeron que los iban a reconocer por esta labor por que era un hecho “histórico”. No obstante, nunca pasó nada. Nunca pillaron a nadie. Estuvo dos días durmiendo en el suelo. Comió lo que le dio la gente que pasaba por el lugar. Mientras cumplía su tarea comenzó a escuchar cosas que dañaron su salud mental. “Asesino”, “te vamos a matar”, fueron algunas de las frases que lo llevaron a amenazar con escaparse del Metro. Le dijo a sus superiores que no apoyaba lo que estaban haciendo.

Yo les dije que no me sentía bien conmigo estando afuera. Les expliqué que mis ideales decían que yo tenía que apoyar a mi gente y no quedar en la historia como alguien que tuvo un arma en contra de ellos“, señala.

Tuvo una entrevista personal con su comandante y éste, de cierta forma, lo entendió. Le contó que adentro había de todo. Sin embargo, le aclaró que antes esas cosas no pasaban, que nadie cuestionaba las órdenes de los superiores, pero que habían muchos casos como él. Al igual que los abogados que consultó su madre, le dijo que no abandonara el Ejército. Riffo, nuevamente, optó por quedarse.

Lo dejaron haciendo labores de servicio como barrer la cuadra, cortar el pasto y servir la comida, entre otras cosas, porque no estaba habilitado para portar un fusil. Luego de esto, su salud mental empeoró. Le dio una crisis de pánico que lo dejó tenso: no podía mover sus manos. Estaba aterrado. Se puso agresivo. No se acuerda mucho de lo que pasó. Le dieron remedios para estabilizarlo y lo mandaron al Hospital Militar de urgencia.

Ya estando en la enfermería del recinto recuperó la calma y pidió hablar con un psicólogo. “Ahora creo que me van a tomar en cuenta porque ayer me dio una crisis de pánico. Acá hay psicólogo, pero no me han dejado hablar con él”, cuenta.

“Esto cambia mucho la mente de los cabros. No los vuelve tan agresivos, quizás, pero sí los vuelve más sensibles. Hay mucha gente que está en la misma que yo, que ya no quiere nada, que ya no aguanta. Si fuera por nosotros saldríamos caminando por la puerta ahora, pero no podemos porque vamos a quedar con antecedentes penales”, añade.

Riffo asegura que “la mayoría de los conscriptos tienen miedo y no piensa igual. Además, sabemos lo que está pidiendo el pueblo y está bien. Chile es un país super injusto y uno se da cuenta de eso cuando obligan a cabros de 18 años a salir a patrullar“.

A la espera de volver a la Escuela de Infantería, Riffo comenta que quiere limpiar su imagen ante el pueblo. “Yo no soy un asesino. Lo que me dijo la gente quedó muy marcado en mí. Quiero que todos los conscriptos que puedan ver esta noticia se den cuenta de que no hay que tener miedo. Es mejor vivir con la consciencia tranquila que vivir atormentado, condenado por algo”.

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