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Familiares de las víctimas en Kayser: “Si es necesario vamos a pedir exhumar los cuerpos para llegar a la verdad”

Por: Natalia Figueroa y José Luis Guerrero / Publicado: 01.11.2019
_DSC2596 / /Daniel Barahona
La Fiscalía Metropolitana Centro Norte asegura que las cinco personas que se encontraron calcinadas en la bodega de Renca, murieron asfixiadas, que estaban saqueando y no pudieron escapar. Una versión que para los familiares ha abierto profundas dudas. Dicen que al reconocerlos en el SML hay información que no coincide, que no les hicieron pericia balística porque no había rastro de disparos, aunque tampoco les mostraron los cuerpos completamente. Este miércoles, en medio de una velatón que se hizo en memoria de las víctimas, algunos de los familiares confirmaron que pedirán la exhumación de los cuerpos. El Desconcierto recogió sus relatos.

Solange Arias les pide a todos que se tomen de las manos. Da un respiro profundo y alza la voz para que puedan escucharla los vecinos que se concentraron afuera de la bodega de Kayser. En el segundo piso de ese galpón se encontraron  cinco personas calcinadas, entre ellas su hijo, Yoshua Patricio Osorio Arias (17).

–Esto recién parte. Vamos a seguir luchando y pidiendo justicia. Porque, así como me pasó a mí como madre, le puede pasar a cualquier otra persona. Eso tiene que parar. El crimen tiene que parar (…) Eduquemos a nuestros hijos, démosle valores porque mi hijo no era un delincuente, siempre lo he dicho, en todas las redes sociales: mi hijo no era delincuente; la gente que estaba aquí no era delincuente–, expresa. Detrás de ella se alcanzan a distinguir los latones quemados del galpón.

El rostro de Joshua se ve en la polera que Solange lleva puesta. Es una selfie donde aparecen juntos, sonrientes, sentados en algún lugar de su casa en Renca. También está en los afiches que repartieron los familiares y que lo muestran en uno de sus cumpleaños sosteniendo una torta. Los ojos achinados y las arrugas son parte de sus expresiones profundas. Se ve feliz. Y sobre la foto, se lee: “Por ti y por los que ya no pueden luchar”.

Fue el domingo 20 de octubre cuando la bodega de ropa interior ardió. El fuego consumió las instalaciones que prendió fácilmente por los textiles. En las calles cercanas, los vecinos cuentan que había protestas espontáneas con presencia de militares y carabineros rondando el sector.

Antes de la velatón, Solange tuvo unos minutos para revivir ese día y relatarlo a El Desconcierto.

–La gente estaba sacando las cosas de ahí y mi hijo justo fue cuando había comenzado el incendio. Mi yerno me dijo que él entró y que no lo pudo sacar, porque él (Yoshua) subió. Mi hijo subió con Julián Pérez (otra de las víctimas). En ese trayecto, mi yerno llamó diciendo que no lo encontraba. Entonces, fue mi hija primero, que en 10 minutos llegaron allá, pero no lo encontraron. Yo estaba con los bebés y mis vecinas estaban todas acá. Así que me conseguí una bicicleta, porque no podía correr. Cuando llegué allá, me tiré con llama y todo porque quería sacar a mi hijo–, cuenta.

Como no pudo entrar por delante de la bodega, Solange se fue por la orilla. Ahí, escuchó gritos que venían desde el interior. Dice que Bomberos había llegado, pero que todavía no actuaba. Ella no se explica cómo su hijo, que jugaba a la pelota, era ágil, no le pegó una patada a las puertas de las oficinas, que después se veían intactas. Los vidrios estaban quebrados porque su yerno y amigos llegaron cuando se enteraron que Yoshua estaba allá.

Cuando llegó Carabineros, les dijo que necesitaba saber quiénes eran las personas que estaban adentro. Pero le contestaron que no era posible, que tenía que ir al Servicio Médico Legal (SML) a hacerse el examen de ADN para ver si coincidía con las víctimas. A las horas, fue al SML e identificó a Yoshua. Las pericias que, hasta ahora conoce, establecen que la muerte fue provocada por asfixia. Pero la información cree que ha sido incompleta y confusa. La han llamado confundiéndola de familia, cambiándole los días para los exámenes, volviendo a pedir los mismos datos.

/Fotografía Daniel Barahona

Lo que me llamó la atención es que cuando uno se quema, se quema, pero él tenía como un hoyo aquí (tórax – abdomen) (…) Está así, tieso, o sea, acostado (recto). O sea, para mí también tuvo impacto de bala y no me digan cómo lo sé, pero sé que le dispararon, porque fue un incendio muy rápido. (…) Este lado (lado izquierdo del rostro) estaba quemado y me llamó la atención porque le faltaba un diente y él tenía perfecta su dentadura. Yo estuve ahí y vi cómo se consumió muy rápido. Cuando uno muere quemado, muere así (posición fetal), pero no en la posición de mi hijo–, sostiene Solange.

¿Te dieron una explicación en el SML?
–No. Lo único que hice fue encarar a la persona que me atendió. Le dije: “yo sabía que usted tenía la carpeta de mi hijo, yo sabía que mi hijo estaba acá y usted no fue capaz de decirme nada. Usted me habría evitado mucha angustia, porque sabía lo que estaba pasando, tenía el informe y hubiese podido hacer más cosas”. Me dijo que fue por el protocolo.

La ropa de tu hijo, ¿tenía rastros de bala?
–No. Ese día uno de los niños en el velorio me dijo: “maldito milico que le disparo en el pecho, el maldito milico”. Otro me dice que iba saliendo Yoshua porque le habían disparado en el pie, que iba cojeando y el milico lo tiró para dentro y le dijo: “cagaste”. Son muchas las versiones, en el momento dan miles de versiones y yo sé que mi hijo subió y algo pasó arriba, porque, por último, por muchas oficinas que habían arriba, por muchas escaleras, yo sí estoy… por la desesperación es imposible que se haya quedado ahí.

Ahora, rodeada de gente, Solange les pide a sus vecinos, amigos y familiares que oren, que recen.

–Hasta que lleguemos al final de esto…–. Levanta la cabeza y cierra los ojos.

Su única certeza, por el momento, es que pedirá la exhumación del cuerpo de su hijo, y si es necesario hacer de manera particular las pericias que le darán claridad sobre la causa de su muerte, también lo hará.

Una vez que termina el Padre Nuestro, todos se quedan en silencio.

/Foto Daniel Barahona

                                                                              ***
La familia de Yoshua y de Julián Marcelo Pérez Sánchez (51) eran conocidas. Ahora Solange y la esposa de Julián, Elena, están juntas en la velatón, después de haber compartido tantas veces vendiendo en una de las ferias libres de Renca.

Él trabajaba en la construcción, pero por malestares en la columna dejó el rubro. Eso coincidió con un emprendimiento familiar de comida donde ayudaba de chef. Pero no les fue bien y se puso a vender en la feria cada semana.

–Mamita, voy a ir a ayudar a Sole–, fue lo último que escuchó Elena de Julián. Estaban en la feria de Miraflores, con los productos peruanos que llevaban para vender. Soledad también estaba, y ya pasadas un par de horas, necesitaba llevar su carro a la casa. Sabían de las protestas unas cuadras más allá. Elena le dijo a Julián que fuera, que no se preocupara y que después se juntaban en la casa. Eran pasadas las dos y media de la tarde de ese domingo 20. Ese mismo día del incendio, lo salieron a buscar en las comisarías de Renca, en la Fiscalía. Pero nada. Hasta que se hicieron el examen de ADN en el SML y pudieron corroborar la identidad de Julián. Reconocieron su cuerpo, aunque todavía no lo pueden velar.

–No me he podido despedir. Andamos como pelota de allá para acá (…) Nos quieren hacer callar porque en la reunión que tuvimos hoy (miércoles) con la Fiscalía nos han dicho que mejor no contemos nada–, relata Elena.
Como familia la decisión ya está tomada: van a repatriar el cuerpo de Julián a Perú. Su hija Wendy Pérez dice que él quería “descansar en su país”.

–No asimilo que mi papá se haya ido. Pienso que algún día va a regresar, todavía sigo pensando que está hospitalizado o detenido. Como no he visto el cuerpo, no lo creo, va una semana y no he podido ver a mi papá–, expresa.

En la última reunión que tuvieron este miércoles con el fiscal les corroboraron la información oficial de que “murió asfixiado trágicamente” producto del incendio.

/Fotografía Daniel Barahona

                                                                              ***

Ya de noche, lanzan fuegos artificiales, en medio de la velatón. Los vecinos y familiares aplauden. ¡Justicia!, ¡Justicia!, gritan.

Guillermo Coronado es el primo de Andrés Ponce Ponce (38), conocido como “el Cholito”. Cuenta que en el SML lo han llamaron dos, o tres veces, diciendo “identificamos el cuerpo de su familiar”.

–Pero, compadre, le dije, si a mi primo lo sepultamos el domingo–, frunce el ceño y mueve la cabeza de un lado a otro.

Recuerda que su primo salió de la casa cerca de las dos de la tarde. Habitualmente, los domingos iba a cachurear a la feria con los amigos. Le gustaban mucho los comics; lo describe también como una persona de carácter liviano, más bien era él el que siempre lo “retaba”. Andrés trabajaba como operario en una empresa de congelamiento, que quedaba casi a la vuelta de Kayser. A una media hora caminando de la casa de Andrés, según estima Guillermo.

–No le gustaban los problemas. Si le gustaba andar como… en todas estas cosas, si había una barricada él iba, se sacaba una foto y decía que estaba apoyando. Después, se iba para la casa. Era conocido por todos. Yo sí creo que efectivamente vino para acá porque le gustaba mucho copuchar. El tema de cómo llegó al segundo piso, ahí no lo sé. Todas las familias tenemos esa incertidumbre. Quizás vio que gente estaba entrando y que Carabineros estaba golpeando a gente y él fue a ayudar, o lo metieron a la fuerza. Queremos saber qué pasó acá realmente–, agrega, parado a un costado de la reja de la bodega.

Las dudas de Guillermo coinciden con las otras familias: ¿por qué no funcionó el sistema de emergencia antiincendios de la fábrica? Si es tan alto el calor, debió activarse, cuestionan. ¿Quién es el Carabinero que grabó el video que está circulando y que muestra los cuerpos? Aparte, les informaron que no hay registro de video porque las cámaras se calcinaron.

–Lo único que queremos es que el cabo segundo que mencionó que los cinco cuerpos eran saqueadores, y que no pertenecían a Kayser, que responda cómo él sabe eso, si yo hago una acusación así tengo que individualizar a las personas como andaban, los rasgos–, dice Guillermo.

La familia de Andrés, al igual que la de Yoshua, pedirá la exhumación de su cuerpo.

–Es la única manera de tener certezas, de llegar a la verdad–, enfatiza.

/Fotografía Daniel Barahona

***
La familia de Manuel Muga (59) no asistió a la velatón del miércoles. El Desconcierto los contactó por teléfono y su hijo entregó su testimonio. Manuel era jardinero y trabajaba en un colegio de Renca. Era insulinodependiente.

–Mi papi era trabajador, esforzado. No tomaba, sí fumaba cigarros. No tenía cuentas, ni antecedentes penales. Tenía cinco nietos. Iba para todos lados con mi mami; llevaban 30 años de casados–, lo describe su hijo.

Cuenta que ese domingo 20 su papá salió a comprar una torta porque estaba de cumpleaños su yerno y en la tarde iban a hacer una once. Le comentaron que el supermercado Montserrat, de avenida Miraflores, estaban atendiendo por una ventanilla. Eso está cerca de Kayser.

–Dijo “voy y vuelvo”, creo que se debe haber ido en micro. Yo fui a comprar y cuando volví a la casa me dijeron que ya había salido, así que salí a encontrarlo porque nos dijeron que estaban saqueando. Claro, ahí vi el saqueo y el incendio. Los militares y carabineros llegaron como a las cuatro de la tarde (…) Yo me pongo en el caso de que mi papi fue a mirar. Pero de entrar lo dudo, si tenía artrosis y artritis, o sea, de cargar cosas pesadas, imposible. Como era diabético podía bajarle la azúcar y en cualquier momento se desmayaba. Nosotros no perdíamos la fe en que podría estar en algún hospital o detenido–, relata.

Ese mismo día lo salieron a buscar por todos lados y como escucharon que habría personas muertas, fueron al SML. Pero los hicieron volver a la mañana siguiente. Se tomaron exámenes junto a sus hermanos y lograron identificar a su padre como una de las víctimas.

Dentro de las pericias que le hicieron a Manuel, su hijo explica que falta la balística porque, según le informaron, su papá no tenía registro de disparos. Cuando entró a reconocerlo al SML, vio que no tenía ninguna de sus dos manos. Pero en la autopsia aparece que sí tenía una y con el anillo de compromiso, pero, advierte, que no lo han recuperado.

A mí me lo mostraron del pecho hacia arriba y no la parte de abajo. Exigí ver la parte de abajo, pero lo tenían tapado, envuelto–, precisa.

La familia, además, reconoce diferencias en la información que ha recibido: según Carabineros, a las cuatro de la tarde del domingo ya sabían de los cinco fallecidos en Kayser, y Bomberos dice que recién una hora más tarde tomaron conocimiento de las víctimas en el lugar. En la última reunión que tuvieron con la Fiscalía, el relato coincide con el de las otras familias de las víctimas. Los citaron a la fiscalía Centro Norte para hablar al final regional, Xavier Armendáriz; el que está a cargo del caso, José Morales y con la Unidad de Víctimas. Ahí les confirmaron la muerte por asfixia, descartaron la posibilidad de participación de terceros y, también, les sugirieron no hablar con los medios de comunicación sobre el caso.

–Para mí es injusto que digan que mi papi falleció robando, porque no hay certezas de eso. Tenía fracturas en los brazos y en las piernas. Pero una persona que se asfixia no se quiebra un brazo, cae recogido y no estirado con las manos arriba–, asevera su hijo.

El funeral de Manuel fue el domingo pasado. Pero la familia aclara que de ser necesario, pedirán la exhumación del cuerpo.

/Imagen cedida por la familia

                                                                                                 ***
Una quinta persona, hasta ahora, no ha podido ser identificada y permanece como N.N. Solamente se identifica en su espalda un tatuaje que tiene una dedicatoria a la madre, detalla Guillermo, primo de Andrés Ponce Ponce, según le informaron en la reunión que sostuvieron con los fiscales.

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